Opinión Nacional

La jaula institucional

Carlos Alberto Montaner, un prestigioso escritor de origen cubano y una de las promesas más lúcidas para la era post-castrista, recién explicaba a sus lectores la razón principal por la que Fidel Castro lleva la inconcebible suma de 47 años sojuzgando a su patria.

«Castro ha durado casi cinco décadas en el poder, pese a ser un desastroso gobernante, porque ha creado una hermética jaula institucional de la que no hay escape posible», sostuvo Montaner en un difundido artículo de opinión.

«Jaula institucional» en el sentido del control total del parlamento, sistema judicial, fuerzas armadas, medios de comunicación y cualquier otra instancia importante de poder público o social.

Su aventajado discípulo, Hugo Chávez, está haciendo lo mismo en Venezuela a través de ese proyecto de dominación nacional que lleva el pomposo nombre de «revolución bolivariana».

Desde luego que hay una diferencia tectónica entre ambos casos, y es que la sociedad venezolana, a pesar de los pesares, tiene una fuerte tradición de cultura democrática, mientras que la cubana fue mucho más fácil de enjaular porque no contaba con esos valores tan arraigados.

Sin embargo, el propósito de Chávez y su entorno va en la misma orientación: encerrar al país en una jaula con silueta de derecho que garantice de manera férrea su permanencia en Miraflores. Para ilustrar el concepto basta echarle una miradita al parapeto de instituciones que la llamada «revolución» ha conseguido montar.

El magistrado que controla la constitucionalidad desde el Tribunal Supremo de Justicia, Luis Velásquez Alvaray, es el mismo individuo que siendo diputado del MVR propuso la enmienda constitucional para establecer la reelección perpetua.

El presidente del poder legislativo, Nicolás Maduro, es el diputado que más se ufana de no perderse ningún discurso presidencial para así estar al día con la línea política del jefe único. El del poder electoral, Jorge Rodríguez, tiene más astucia para el disimulo pero igual celo en cumplir las órdenes de arriba. Los titulares del poder contralor son como marionetas de pan y circo. Los gobernadores también y los integrantes de la Asamblea Nacional exhiben tanta autonomía como los ministros del gabinete.

Uno de los cuales, por cierto, acaba de repetir que la Constitución de 1999 debe ser «reformada» a fin de adaptarla al supuesto «socialismo de siglo XXI», que en verdad no es otra cosa que el ánimo de «mandar hasta que el cuerpo aguante» con vestimenta de doctrina y antifaz de ideología.

El señor Chávez quiere enjaular al conjunto del país y enrejarlo dentro de la armazón de las «instituciones» bolivarianas, revolucionarias o socialistas. No hay duda que ha avanzado bastante en ese siniestro camino, pero tampoco la hay que la realidad venezolana es muy distinta de la cubana.

La jaula de Fidel ha durado toda una vida y al parecer sólo se romperá con su muerte. La de acá se pretende consolidar sobre un país acostumbrado a vivir en libertad y con una paciencia que si bien dura, también se colma.

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