Opinión Nacional

La justicia del doctor Pepper

El 17 de octubre el presidente Chávez anunció desde la ciudad de Oxford que
había designando al doctor William Pepper, director del seminario de
Derechos Humanos de esa universidad como jefe de su comisión para el
estudio de los sucesos del mes de abril. A esos efectos, el abogado
estadounidense fue invitado a iniciar sus labores con una visita el país a
partir del próximo 5 de noviembre. Abundan las razones para pensar que el
doctor Pepper no es la persona más indicada para llevar a cabo una
investigación independiente e imparcial de aquellos crímenes, cuyo
esclarecimiento la sociedad venezolana ha venido reclamando. Ellas no
tienen nada que ver con sus concepciones ideológicas o sus credenciales
académicos. La objeción tiene que ver con la objetividad que ha mostrado el
doctor Pepper en aquellos asuntos relativos al análisis de las acciones del
Gobierno de Hugo Chávez Frías y la imprudencia de nombrar para tan delicada
posición a alguien sin la consulta y anuencia de otros más interesados en
conocer la verdad.

La semana pasada, muchos, entre ellos quien escribe estas líneas, vimos
escamoteados nuestros esfuerzos de levantar una voz de protesta ante la
comunidad académica de Oxford, por la designación de Hugo Chávez Frías como
conferencista sobre el tema de los derechos humanos en Venezuela. Los
moderadores del foro, liderados por el doctor Pepper, desecharon nuestros
mensajes electrónicos de protesta y en un gesto que desdice mucho de su tan
proclamado apego a la libertad de expresión, hicieron todo lo posible para
bloquear el acceso del público a su foro electrónico, filtrando sólo
aquellos que manifestaban apoyo a la iniciativa oficialista.

Esto se reseña como un vivo ejemplo de la imparcialidad que, con toda
seguridad, regirá la conducta del doctor Pepper. Empero, si esa pequeña
historia no fuera suficiente, invito a los lectores a leer el resto del
mencionado escrito, justificativo de la invitación al presidente Chávez
para hablar en Oxford, el cual es una apología a la ley del embudo y una
oda a las épicas estadísticas de los iluminados del comando de la
revolución. Disculpa a Chávez por su alzamiento del 4 de febrero de 1992
sobre la base del legítimo derecho que le asistía para rebelarse
militarmente, apenas se sintió convencido de que las instituciones públicas
se encontraban carcomidas por la corrupción. Hoy, cuando buena parte de la
población abriga igual sentimiento, no sólo acerca de la presidencia y su
entorno, sino de los nuevos poderes públicos y mil cosas más, el doctor
Pepper condena como golpistas las protestas cívicas de la oposición y las
califica de insignificantes, al compararlas con una magnitud en la
asistencia de los actos de masa convocados por el oficialismo, asunto que
parece ser él, el único que así los ve. Al igual que nuestro Presidente, en
su Aló virtual, el doctor Pepper termina por culpar a los medios de
comunicación social locales por pregonar un desbarajuste social, económico
y político que no debe existir ya que, según él, el empleo, los niveles de
endeudamiento y el costo de la vida nunca habían estado mejores.

Siendo todo esto así, es obvio que el doctor Pepper, habiendo ya tomado
partido, no podrá jamás emitir un juicio imparcial y justo sobre las
acciones y conducta del jefe del Estado. Y eso, en mi opinión, lo
inhabilita para dictaminar quiénes fueron los responsables de cada una de
las matanzas intestinas del mes de abril.

Finalmente, con esa designación el jefe del Estado termina por reconocer
que ni los legisladores ni la justicia le sirven. Como venezolano, tengo
interés en conocer las razones que podrían asistir a los miembros del
Tribunal Supremo de Justicia para permitir que el doctor Pepper accione
como sustituto de ellos.

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