Opinión Nacional

La lección cubana: el terrorismo de estado

Con el cinismo del intelectual domesticado, el Presidente de la Asamblea cubana Alarcón ha declarado a CNN que “por expresarse no hay presos en Cuba; por trabajar para los servicios norteamericanos hay algunos”. Cual la homérica Circe alimentando de pienso porcino a los compañeros de Ulises por haberlos previamente convertido en cerdos, así actúa Fidel: todo cubano disidente es previamente calificado de agente de la CIA, desestabilizador y traidor a la patria para así propinarle mazmorra y tortura.

Mofándose del anticastrismo masivo del venezolano (86%), Chávez viene completando una cubanización del país que va de la copia servil de símbolos y slogans hasta más sustantivas entregas de riqueza nacional, importación de terrorismo de estado y cesión de soberanía a extranjeros. De las Telecom ya se habló; en Salud, un escándalo colosal se perfila, en espera de adecuadas reacciones gremiales. Desde hoteles requisados y vedados a nacionales, agentes cubanos bombean dólares a Cuba, y no es dinero de bolsillo. Los encabeza nada menos que su viceministro de Sanidad Aldo Muñoz, manejando desde el Crillon un ministerio paralelo que en opinión del Presidente de la F.M.V. recibe de Chávez… los 2/3 del presupuesto sanitario venezolano (cerca de $ 2.000m.; de ahí el nombramiento de un militar obsecuente al frente de ese ministerio). Unos cincuenta mil son los cubanos en el país: médicos y obreros, militares y lavacerebros (secundados por 5000 criollos adoctrinados en Cojimar), gente de telecom, banca, petróleo, espionaje y policía política (un torturador cubano fue reconocido hace poco en Caracas).

La intransigencia política (cero treguas, diálogos y amnistías), la intoxicación ideológica de la población (a cargo de seis ministerios) y la criminalización apriorística y automática de la oposición, son tres antivalores históricamente ajenos al espíritu nacional que los hermanos Chávez han importado de Cuba e injertado en su visión cuartelera del poder.

Sobre criminalización: los Art. 286, 297-A y 444 del Código Penal modificado en 2004 por Carreño, Flores, Maduro, Tascón y Varela, prevén años de cárcel a quienes “inciten al odio entre venezolanos”, divulguen sobre ellos “informaciones falsas” o los expongan “al desprecio u odio público”. ¿A cuántos años condenaría un juez probo al teniente-ministro Carreño por acusar a los estudiantes, difamándolos, de “atentar a la seguridad del estado”, a la ex -PTJ presidenta de la Asamblea Flores por declarar que eran “parte de un plan macabro”, al teniente coronel-presidente Chávez por endilgarles el gentil apodo de “defensores de la carroña”? ¿No debería ese juez probo aplicarles su propio remedio y pedir cárcel e empeachment para esos servidores públicos propaladores de falsas acusaciones e incitadores al desprecio, con invitación incluida a sus huestes a “bajar de los cerros” armas en la mano?
Los tres citados ingredientes de importación: Intransigencia, Intoxicación y Criminalización, son eficaces; de ellos sobrevive la dictadura cubana, deshonra de la izquierda latina. Están a la base del denominado “terrorismo de estado”, en Latinoamérica un mixto de ideología monolítica y represiva, militarización de la vida civil, hegemonía mediática y regimentación de conductas, con o sin muertos. Según una autoridad en la materia “Terrorismo de Estado… son las fuerzas policiales, paramilitares y un sector reconocible del estamento militar, convertidas en simples pero terribles guardias pretorianos, sostenedores de un régimen ilegítimo y desviado…”. La definición es de Hugo Chávez, desde Yare, julio de 1992
(%=Link(«http://analitica.com/Bitblio/hchavez/terrorismo_de_estado.asp «,»Analítica»)%)

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