Opinión Nacional

La lógica de la embestida

Mucha gente se pregunta por qué el señor Chávez está abriendo tantos frentes a la vez con las amenazas y ejecutorias de su «revolución bolivariana» en estos inicios del 2007, año del Cerdo según los chinos.

Porque no es poca cosa purgar sus filas, botar a medio gabinete, imponer el partido único, cerrar Rctv, caerle encima a otros canales y radioemisoras, estatizar a la Cantv, Elecar y quién sabe qué más, reformar la Constitución para echar hacia atrás la descentralización y hacia adelante la reelección perpetua, habilitarse para gobernar por decreto y chantajear a medio país con quitarle lo suyo si no se pliegan a sus antojos.

¿Será que se volvió más frenético o que ya Fidel no tiene fuerzas para temperar su frenesí? ¿Será que tanto culto y cultores a su personalidad lo han disociado de la realidad? ¿Será que ha terminado por creerse sus propios cuentos ideológicos? ¿O habrá, quizás, una razón más práctica que ayude a explicar la embestida?

Para mí que el señor Chávez ha resuelto acabar con sus «enemigos» reales o potenciales antes de una eventual crisis de los precios del petróleo. O dicho de manera más formal: está acelerando el proceso de concentración absoluta del poder mediante la eliminación o subordinación de los factores autónomos o independientes, ante la probabilidad de un escenario petrolero menos favorable que en años recientes, e incluso francamente desfavorable.

La lógica es sencilla: ahora que estoy fuerte y todavía lleno de petrodólares es que debo aprovechar el momento para descabezar a todo aquel que pudiera tornarse en contra si la situación petrolera se debilitara. Impedir que se repita la historia, pues los precios del oro negro se deprimieron mucho a finales del 2001, y a la vuelta del 2002 Chávez se cayó con todo y su gobierno.

El mandamás pensará que buena parte de sus «enemigos» están mansitos porque saben que no pueden enfrentarle, pero que si de las vacas gordas se pasa a las flacas, como ya por cierto se está viendo, entonces le van a caer encima para verle el hueso. Mejor, por tanto, adelantarse y volverlos papilla ahora que se puede.

Al fin y al cabo, el señor Chávez carga su propia «lista de tascón» en la que están los que apoyaron el paro y los que no. Los segundos no es que estén a salvo, pero al menos no pasarán de primeros ante el pelotón de la vendetta.

Y hay que apurarse, se sostendrá en Miraflores, porque de 56 dólares el barril en el 2006 ya vamos por 44, y los Sauditas mandan alzados en la Opep, y una pila de países productores de petróleo están aumentando su capacidad, y el crecimiento económico mundial se morigera, y Pdvsa está vuelta ñoña y, en fin, la cosa se podría enredar.

Pensando en eso, y también en que Fidel no durará mucho más para ayudar con la «estrategia», es que el señor Chávez aprieta el acelerador o el gatillo, como se prefiera, para derruir a los demás y centralizar el máximo posible del poder en sus manos. Ahorita, no vaya a ser que mañana sea tarde.

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