Opinión Nacional

La madre gimiente

El gobierno hace muchas encuestas. Dicen que Chávez tiene tres oráculos sin cuyo dictamen no da un paso: Fidel Castro, la corte de brujos y las encuestas. Vistas sus acciones, es posible afirmar que sigue a pies juntillas las órdenes del sátrapa antillano y acatará una que otra directriz girada desde el averno, pero las encuestas ni las mirará o las verá muy parcialmente, apenas aquellos renglones vinculados directamente con la manipulación política y la destrucción vestida de populismo. Si Chávez atendiera lo que las encuestas vienen repitiendo sin variación o, peor, si desviara el oído de los susurros sarmentosos del verdugo de Cuba y lo pusiera en el clamor del pueblo venezolano, escucharía su llanto y sus súplicas de protección y alivio ante la violencia y la criminalidad.

La madre venezolana es una mujer que llora al hijo asesinado en las calles, que se angustia por la suerte del hijo victimario, que suspira de indignación por la impunidad o que tiembla a toda hora por la seguridad de sus hijas e hijos. Todas las encuestas hechas en Venezuela en 2008 señalan que la inseguridad personal es percibida como el mayor problema de los venezolanos. La ciudadanía se siente insegura, incluso en su propia casa; y, cada que vez que el hijo sale o retrasa su llegada sin haber explicado su tardanza, la madre siente crecer la inquietud. No es por nada. En 1998, cuando el teniente coronel Hugo Chávez era candidato a la Presidencia, se cometieron en el país 4.550 homicidios; pero en nueve años de su mandato, las cifras de violencia triplicaron y la estadística más conservadora indica que para 2007 se contabilizaron en Venezuela 13.157 homicidios, tres veces más que cuando se inició su gobierno.

Entre junio de 2007 y junio de 2008, se perpetró un delito en Venezuela, en uno de cada tres hogares. “Fueron mayormente delitos contra la integridad personal en busca de la propiedad ajena”, documenta el recién aparecido libro “Inseguridad y violencia en Venezuela – Informe 2008” (Editorial Alfa Caracas, 2009), compilado a partir de las investigaciones del Laboratorio de Ciencias Sociales (LACSO). Uno de sus autores, Roberto Briceño-León, dice: “Hace unos años, Venezuela no aparecía en los anales de violencia y hoy en día es, junto con El Salvador, uno de los dos países más violentos de América Latina; más que Colombia y mucho más que Brasil y México. Caracas es, con creces, la capital más violenta de América Latina. El período 2007-2008 estuvo marcado por un notable incremento de los ingresos petroleros y de los homicidios. En este corto tiempo, el país tuvo riqueza y asesinatos como nunca antes. Una paradoja que se resiste a las explicaciones simples. Entre 1998 y el año 2008, los precios del petróleo se multiplicaron por 12 y el número de homicidios, por tres”.

Lo peor es que esas muertes, así como otros delitos que también se han intensificado en Venezuela, -como el llamado secuestro express, la única industria que florecido con Chávez (aparte, por supuesto, de la corrupción administrativa)- encuentran su correlato en el silencio de las autoridades, incapaces de enfrentar el problema y negadas a mostrar al país sus cifras si es que las tienen.

Las madres de Venezuela son seres aterrados por la certeza de habitar un país peligroso donde dos de cada tres delitos no se denuncian, porque los agraviados no confían en las instituciones, porque directamente se le tiene miedo a la policía, por temor a las represalias de los delincuentes o porque se considera que carece de sentido hacerlo, porque aún cuando se da parte a las autoridades, más de la mitad de los homicidios quedan impunes, después de que los dolientes se han sometido a un vía crucis en fallida procura de justicia.

Frente a todo esto, tal como acaba de reportar el periodista Javier Ignacio Mayorca, han pasado tres meses desde que Chávez anunció alguna intención de afrontar la inseguridad ciudadana, expresada en un supuesto Plan Integral de Prevención y Seguridad, y a la fecha no ha hecho nada. Ningún experto quiere meterle el pecho a un problema, uno de los más graves de los muchos que nos flagelan, en el contexto de un gobierno que no tiene ningún interés en resolverlo.

Ése es el regalo a las madres de Venezuela en su día.

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