Opinión Nacional

La manzana podrida

A esta altura del desarrollo de la humanidad los problemas de violaciones de los derechos humanos, del estado de Derecho y en general de las reglas de la Democracia no son solamente situaciones que atañen exclusivamente a los pueblos que lo están sufriendo. La Carta de la Naciones Unidas, la de la Organización de Estados Americanos e infinidad de tratados internacionales lo señalan claramente. No es cuestión de soberanía es mas bien cuestión de respeto a la gente, a su dignidad, al derecho a la vida. No se pueden invocar los principios de soberanía y de no intervención mientras se destroza a un pueblo, se pisotean sus leyes, se violan sus derechos fundamentales, se atropella, encarcela e impide la disidencia. No puede aceptarse que un solo hombre o un grupo, no importan su cuantía, por más legitimidad de origen que tenga ese régimen, incurra en esos crímenes. La vida de la gente y su libertad deben estar por encima de cualquier otra consideración. Son principios sagrados que han sido rescatados a través del tiempo, a medida que la civilización ha ido avanzado.

En América Latina, desde hacía tiempo, en buena medida habíamos superado ese tipo de situaciones. Casi todos nuestros países estaban regidos por gobiernos democráticos, unos mejores que otros, o peores que otros, pero respetuosos de esos sagrados principios. Ciertamente no todos resolvían de la mejor manera los problemas y en algunos casos hasta creaban mas problemas. Pero los pueblos sabían que tenían en su mano las reglas que le otorgaba la democracia. La disidencia, la crítica, la protesta, la libertad de expresión y actuación y, fundamentalmente, la posibilidad de que cada cierto tiempo, mediante el voto, cambiar de gobierno. Salir del que parecía incompetente para sustituirlo por el que se creía podía hacerlo mejor. Nuestro país era quizás el abanderado, tanto cualitativa como cuantitativamente, de este proceso. 4 décadas de gobiernos democráticos; algunos muy malos otros buenos, pero todos respetando las reglas del sistema democrático. Representatividad, participación, protagonismo, autonomía e independencia de poderes, tolerancia, respeto a la disidencia, seriedad en el manejo del Estado, cuentas claras y posibilidad real de la alternabilidad de gobierno. Pero una gran cantidad de factores, que a su momento habrá que analizar objetivamente, se conjugaron para producir un cambio. Cambio que buena parte de la población lo anhelaba. Y llegó el cambio. Desde el mismo momento del triunfo del teniente coronel todo comenzó a cambiar, vertiginosamente. Algunos se entusiasmaron en las primeras de cambio, pero luego, pasado la euforia inicial, se comenzaron a dar cuenta que el cambio, realmente cambio, lo era para mal. Y después de 7 años se ha llegado a una situación que dista mucho de lo que muchos habían supuesto como cambio para el país. La democracia, como tal, como se le conoce, ya dejó de existir. Sólo algunos vestigios, pero que son mas para guardar alguna apariencia, pero nada mas. El último poder con algún signo de pluralidad, de participación e independencia, acaba de fenecer. Es posible que no se pueda llegar a un acuerdo en cual es el signo ideológico de este régimen, pero en lo que sí creo que esta de acuerdo la inmensa mayoría, aquí y afuera, es que no es un régimen democrático.

Pero la cosa va más lejos. Una manzana podrida dentro de la canasta de manzanas, pudre las sanas. Y ese es el efecto que pareciese estar cundiendo en nuestros pueblos hermanos. La multimillardiana campaña desatada por el teniente coronel en el Continente y mucho más allá, ha comenzado a dar sus frutos. El populismo más negativo gana espacios. Y los gobiernos y los propios organismo internacionales o se hacen de la vista gorda o prefieren disfrutar del festín de Baltasar. Vemos lo que esta pasando en Bolivia, y las posibilidades de cosas similares en Ecuador, en Perú, en México y paremos de contar. Petrodólares comprando conciencia de pueblos con la anuencia o indiferencia de muchos. La Historia nos reseña muchos ejemplos similares, pero definitivamente el hombre no escarmienta en cabeza ajena. Hay que sufrir en carne propia para poder aprender y actuar.

Este año que comienza encontrará un país totalmente dominado por una sola persona. Una sola voluntad decidiendo sobre todo. Sin embargo el pasado 4 de diciembre se tuvo una buena experiencia, cuando todos los partidos y demás organizaciones escucharon el clamor de la inmensa mayoría y actuaron en consecuencia. Si se sigue en esa tónica es posible que muchas cosas cambien, pero cambien para bien. La voluntad decidida de un pueblo unido, consciente de sus derechos y de su destino puede lograr torcer la voluntad particular del militar dictador. Pero para ello se necesita de mucha inteligencia, sabiduría, de propuestas claras, dejando a un lado los protagonismos individuales o grupales, poniendo por sobre todas las cosas los sagrados intereses de la patria. Pero por encima de todo lograr la Unidad de todos los hombres y mujeres de buena voluntad para que renazca la paz perdida y se retome el sendero del desarrollo del país. Hay necesidad de poner fuera de la canasta a la manzana podrida. Son los deseos desde este paraninfo para todos sus compatriotas y en especial para sus asiduos y consecuentes lectores.

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