Opinión Nacional

La Máquina Infernal

Tengo especial admiración por el arquitecto Alfredo Cilento Sarli, profesor titular e investigador del Instituto de Desarrollo Experimental de la Construcción, de la Universidad Central de Venezuela y doctor honoris causa de esa casa de estudios. Una de las consideraciones para otorgarle tan alto honor fue “haber entregado toda una vida al desarrollo de la arquitectura como modelo tecnológico y como forma de dar respuestas a los problemas básicos de la población”. Hace algunos años le oí referirse, en un foro sobre vivienda, a las dimensiones de la tragedia que podría causar un terremoto similar al que sacudió a Caracas en julio de 1967. Cilento era para la época un joven profesional recién graduado que laboraba en el Ministerio de Obras Públicas. El ministro era el ingeniero Leopoldo Sucre Figarella, un verdadero ejecutivo con alguna dosis de arbitrariedad pero de una eficiencia incuestionable. Fue él quien hizo posible que en pocas horas todos los constructores privados y toda la maquinaria oficial se pusieran al servicio de su equipo para remover escombros, rescatar víctimas y hacer luego un estudio a fondo del estado en que habían quedado los edificios en las zonas afectadas. Recuerdo que una semana después del sismo, la junta de condominio del edificio donde vivía llamó al MOP para que revisara los daños; llegó una comisión que nos dio su diagnóstico y con base al mismo procedimos a repararlos. Lo más importante de ese informe y de todos los que se produjeron en ese entonces fue la confianza que les otorgó la población. Eran creíbles.

¿Hay alguien remotamente parecido a Leopoldo Sucre en el gobierno de este tiempo aciago de la vida venezolana? Desde entonces el MOP se ha subdividido en distintos despachos e institutos y le han cambiado varias veces el nombre, unas cuantas de ellas en los once años de involución socialista del siglo XXI. Como si lo persiguiera una sombra maléfica, cada cambio ha significado que funciona peor y que sus titulares son de una mediocridad imposible de medir por falta de instrumentos adecuados. ¿Podría alguien creer en cualquier cosa que dijeran los sucedáneos del MOP u otro organismo oficialista con respecto a un eventual terremoto? Todos esperarían a que la enciclopedia parlante que pontifica desde la presidencia, diera su veredicto. Tener opiniones propias es un delito revolucionario.

La tragedia de Haití no fue ocasionada sólo por la intensidad y duración del terremoto sino por la pobreza y las condiciones de vida preexistentes en ese infortunado país. Las construcciones fueron siempre de una pésima calidad y con sus gobiernos oscilantes entre la tiranía y lo mágico-religioso, es poco factible que alguien se hubiese ocupado de supervisar si cumplían con las más elementales normas antisísmicas. En contraste con esa miseria ancestral, Venezuela es un país -más que rico- enriquecido por el súbito incremento de los precios petroleros, pero lleno de pobres. En diez años dejó de ser una democracia con defectos para transformarse en el feudo de uno que no tiene trono ni reina ni nadie que lo comprenda pero su palabra es la ley. Parte de esa “ley” es el populismo que se hace la vista gorda ante las invasiones de tierras de cualquier tipo y la construcción de viviendas que al primer aguacero se desmoronan. ¿Y si en vez de lluvia lo que viene es un terremoto? Produce escalofríos solo imaginar lo que ocurriría a los centenares de miles de personas que viven hacinadas en los cerros que rodean la capital.

¿Y quién llevaría a cabo las operaciones de rescate? Ni hablar de los gringos imperiales que aprovecharían la ocasión para ejecutar su anhelo de invadir a la patria bonita. ¿Los israelíes con sus hospitales de campaña como los que llevaron a Haití? !! Lejos de aquí el sionismo aliado del Imperio y asesino de palestinos!! ¿Colombianos? !! Zape!! ¿Holandeses? !!Ni hablar, si también nos quieren invadir!! Contaríamos, eso sí, con la ayuda invalorable de Cuba, Irán, Zimbabue, Nicaragua, Bolivia, Bielorrusia y las FARC.

No es mi intención dar consejos al que todo lo sabe y todo lo puede ni mi aspiración que los oiga, pero algunos tenemos derecho a tener miedo. Sobre todo si ya no estamos en edad ni condiciones de colocarnos en posición fetal debajo de una mesa ni lanzarnos al piso al lado de la cama, como aconsejan los expertos. Fue el mismo sismólogo mayor de Venezuela y del mundo -Hugo Chávez Frías- quien reveló que el terremoto de Haití fue provocado por la máquina de hacer terremotos -Earthquake Machine- que inventaron en el Imperio. Venezuela, según dice cada diez minutos el mismo sismólogo, es un bocato di cardinale para Obama y compañía como antes lo fue para Bush y la suya. Entonces ¿no le parece que deberíamos comenzar la planificación para cuando nos apliquen el maquinazo?

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