Opinión Nacional

La metástasis política

Cuando pensamos y reflexionamos sobre la grave situación general de inseguridad que padece Venezuela desde hace décadas y su aumento exponencial en estos últimos años. Nos llama poderosamente la atención, cómo el sistema político, jurídico, económico y cultural, atraviesan por una suerte de desmoronamiento total del organismo, que como un cáncer cuando éste hace metástasis destruye en su totalidad el sistema. Un sistema, (en este caso sociopolítico) bajo claros signos de corrosión y descomposición total.

Ahora bien, existen las vías y los reparos necesarios para tratar de paliar el desgaste del sistema. Es decir, políticas coherentes con los tiempos actuales, aún hay posibilidades de lograr mejorar la gobernanza. En sí, descentralizar los problemas macro buscando soluciones pactadas entre los distintos sectores y actores políticos para dar cabida a un Estado que solucione los conflictos y genere, en la medida de lo posible bienestar general y confianza tanto en los niveles nacionales como locales.

Pero dada la complacida ineptitud de la actual “clase política gobernante” (que sólo conoce la adulación a su “jefe”) de aplicar políticas de saneamiento dentro de la administración pública, se presenta, como el desgaste social avanza, y ése avance de la ineficacia y la desestructuración del sistema promueve el personalismo político, limitando el pacto político, económico, jurídico y cultural dentro del Estado de Derecho. Simple y llanamente, las instituciones se personalizan, por lo tanto los problemas también, lo que lleva a desvirtuar el sentido del Estado como promotor y garante de la seguridad general, incluso luego de la debacle del Estado de Bienestar.

Así, si seguimos la máxima de Max Weber en su clásico concepto de Estado; como el garante del uso legitimo de la fuerza para el dominio y el control social, bajo el uso del poder para garantizar la seguridad de los gobernados en un Estado constitucional. Vemos como el Estado Venezolano hace uso y abuso del poder sin fuerza legitima lo que lleva a claras violaciones de los Derechos Humanos. A fin de cuentas para Fernando Savater defender los Derechos Humanos Universales: “Supone admitir que los hombres nos reconocemos derechos iguales a pesar de las diferencias entre los grupos a los que pertenecemos: supone admitir, por tanto, que es más importante ser individuo humano que pertenecer a tal o cual raza, nación o cultura”.
Ahora bien, sí los detentadores del poder no reconocen las diferencias y mucho menos promueven la paz social, ¿cómo lograr superar el estado de letargo político, económico y cultural el cual estamos padeciendo? Es cierto que en la sociedad existen conflictos de muchas índoles, y eso es parte de vivir en sociedad, pero también es cierto que precisamente el ciudadano se da unos gobernantes para tratar en la medida de lo posible subsanar dichas pasiones en pro de mejorar tanto sus intereses individuales, como sus intereses colectivos.

De modo que, una sociedad sin política cae en las más bajas pasiones, y se pierden las virtudes de la justicia social, una sociedad de abusadores del poder destruye el sistema, una sociedad sin instituciones democráticas no garantizan el Estado de Derecho, una sociedad en donde la delincuencia hace y deshace con la mirada cómplice e ineficaz de su sistema policial, una sociedad de intolerantes en el poder desvirtúa el sentido de la autoridad política y pervierte los sistemas de control del uso legitimo de la fuerza del Estado, en un uso ilegitimo de la fuerza para beneficio de uno, o unos pocos en el poder y ello claramente resquebraja las bases de la democracia competitiva y pluralista en pro de mejorar la gobernabilidad del sistema. Y ello repercute en una total inseguridad personal, material, moral, jurídica y política.

Si bien es cierto que se necesitan de personas que medien en el conflicto e instituciones a las que todos obedezcamos para que no aplasten a los débiles y no se destruyan los unos a los otros. También es perentorio un Estado Liberal de Derecho abierto al entendimiento y al respeto a la ley. En fin, un Estado permanente en el tiempo y en el espacio que impida que regímenes de corte neopopulista militarista personalistas destruyan las bases de la democracia competitiva para evitar la total metástasis del sistema político y su corrupción en todos los niveles, porque la brecha de la credibilidad en las instituciones creadas bajo la constitución de LA Quinta República venezolana de 1999, no tienen asidero y mucho menos goza de confianza y respeto a la ley por parte, tanto de los detentadores del poder, como de la sociedad civil abandonada a su suerte.

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