Opinión Nacional

La oposición en su laberinto

La peligrosa deriva dilemática que está tomando la disputa sobre la necesidad de elecciones primarias para definir el candidato de la oposición, lejos de ayudar a resolver el problema, lo complica aún más innecesariamente. En atención al curso de las discusiones, el no estar plenamente de acuerdo con las primarias, como el único modo de selección, es estar contra Súmate… Nada más alejado de la verdad.

El problema de fondo, es conseguir un líder capaz de aglutinar a las distintas y dispersas fuerzas políticas y sociales disconformes con este régimen militar-fascista y, así, crear un vasto y poderoso movimiento contestatario con posibilidades reales de enfrentar las aspiraciones reeleccionistas del “dueño y señor” de Venezuela. Para ello, es condición indispensable la creación de los mecanismos de interlocución, que permitan e incentiven un debate abierto, franco –sin imposiciones de ningún tipo-, entre los actores políticos involucrados. Por eso Súmate, en vez de cuadrarse a priori con algún método en particular, debería terciar jugando el papel de organizadores y catalizadores de ese diálogo, tan necesario en el amplio mundo opositor.

Por lo visto hasta ahora, pareciera como si se tratara de un mandato definitivo de un sector (muy calificado por cierto) sobre los candidatos que han expresado sus aspiraciones de participar en la contienda electoral. Algo así como un bautismo político a la fuerza. Nunca antes la realidad había sido tan compleja en nuestra lánguida democracia. Entonces, hace falta mucho debate democrático, sincero, a fin de buscar soluciones que cuenten con el mayor apoyo posible. Vistas las cosas así, el método de escogencia del representante de la disidencia, no puede convertirse en un fin en si mismo. Todo lo contrario, deberá contribuir a la unificación de criterios, a la cohesión entre grupos aliados. De ello dependerá el éxito, o el fracaso, de lo que sería la última oportunidad cívica para la democracia venezolana.

Todavía las uvas no están maduras. Es mejor tardarse un poco… Hacer las cosas bien. Lo cierto del caso es que dentro de los sectores opositores no hay claridad y definición en cuanto el mecanismo a seguir. Y nada se gana con hacer de esta realidad una confrontación totalmente bizantina. Tampoco Súmate puede hacer “punto de honor” su planteamiento, a riesgo de convertirse en prisioneros del dogma de las primarias. Todo lo contrario, empeñarse en mantener, contra viento y marea, una posición mineralizada, podría significar una gran derrota –como ha ocurrido en el pasado- para el vencedor de unas primarias mal implementadas. O, un efímero resplandor tormentoso, nada más. A veces da la impresión de que estamos en un callejón sin salida.

En política, como en todos los procesos de la vida, la decantación es un hecho natural. Tal como van las cosas, en poco tiempo la gente decidirá quien será el aspirante de su preferencia y, por lo tanto, con mayor opción de hacerle frente a una situación tan complicada y “asimétrica” como la coyuntura electoral del próximo diciembre.

La unidad necesaria e impostergable la construirá el sentido común de los venezolanos demócratas, haciendo a un lado cualquier planteamiento mecanicista, a fin de oponerse masivamente a quien pretende someter al país a trompicones. Las elecciones primarias no pueden servir para dividir más a la oposición. Para salir del laberinto, es necesario romper el mito de que sólo el gobierno actúa coherentemente

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