Opinión Nacional

La Patria Preñada, ¿Será?

La politiquería se ha convertido en la “raison d’ etre” de los dirigentes políticos en Venezuela. Muchos de estos dirigentes y sus partidos políticos claman que ellos son los únicos que representan al pueblo. El oficialismo se autodenominó “representante de los pobres, de los desamparados” y hasta se apoderó del término “patriota” para ser usado única y exclusivamente para referirse a ellos y a sus seguidores. La oposición, que además de dividida, se mantiene ocupada intercambiando insultos constantemente con el oficialismo, sigue denunciando a todas voces los fracasos y los casos de corrupción del gobierno, tal vez sin percatarse que, como dijo Albert Einstein, “una fe ciega en la autoridad (en nuestro caso, en el gobierno) es el peor enemigo de la verdad”.

Tal parece que los venezolanos, dependiendo de sus simpatías partidistas, han escogido su propia realidad: los seguidores férreos del gobierno solo aceptan la versión del gobierno, o sea, estamos mejor que antes, sin importarles las estadísticas, reportes, estudios, investigaciones, etc., que puedan pintar una realidad distinta. Mientras para la oposición, nada trabaja, nada sirve, el gobierno ha fracasado en la mayoría de sus iniciativas, etc. Según estos últimos, el país esta en estado caótico, y para muestra señalan dos ejemplos: una corrupción tan galopante que un periodista necesitó de una carretilla para trasladar a la AN cuantiosos documentos (16 tomos que suman 60 señalamientos) que según él, son pruebas de los casos de corrupción en PDVSA; y las declaraciones del propio fiscal general de la republica quien admite en rueda de prensa que entre los años 2000 y 2007 se registraron 6.068 casos de funcionarios implicados en ejecuciones extrajudiciales, un hecho que en cualquier país democrático del mundo hubiera colapsado al gobierno de turno, excepto en el nuestro.

En medio de estos escándalos, insultos y denuncias por ambas partes, se encuentra el pueblo, ese pueblo protagónico que vive en los cerros, en las barriadas, en las zonas rurales, en las zonas marginales, sumido en la desesperación, ignorado y engañado por sus gobernantes demagogos y cuya voz de protesta no se escucha debido al persistente ruido político o es ignorada por los sofistas del gobierno de turno. El pueblo que, agobiado por los mismos problemas que gobiernos anteriores habían prometido resolver, se enfrenta a la historia demagógica de los que prometieron mejorarles sus vidas, los sofistas, exigiendo un pedazo de mejor futuro para sus hijos. El resultado a esas exigencias es una total indiferencia a ese pueblo, a esa voz a la que todos nuestros lideres y gobernantes una vez juraron y prometieron iban a escuchar.

Los problemas de nuestra sociedad no se solucionan con indiferencia, ni tampoco con negar que existen, ni mucho menos con demagogia ni populismo. Lo irónico es que el resultado de las políticas implementadas por nuestros gobiernos para mejorar la calidad de vida del venezolano es contrario a lo deseado. Y aun así, a sabiendas que estas políticas han fracasado, las repiten ad infinitum. (Definición de Demencia / Locura: hacer lo mismo repetidamente, esperando resultados distintos). En otras palabras, nuestros gobernantes han permanecido en un estado de ¡demencia indefinida! por las ultimas décadas.

El resultado de estas políticas ha generado las injusticias a que ha estado sometido el pueblo por décadas por estos gobiernos: hacinamiento de los habitantes de los barrios, altos índices delictivos, una educación paupérrima, altos índices de desempleo, casos de corrupción, etc.¿Porque esa indiferencia por parte de nuestros gobernantes a estos problemas? ¿Acaso nuestros gobernantes son sordos, mudos, ciegos, ignorantes e ineptos?

La peor aptitud que podemos tomar acerca de esa indiferencia por parte de nuestros gobernantes a las injusticias y a los problemas reales del pueblo es ser nosotros mismos indiferentes, o sea, ser como ellos. Eso seria un grave error. Hay que luchar para evitar caer en el juego de “ese no es mi problema”. Recordemos que el futuro de los mas necesitados, de los desfavorecidos esta unido al nuestro. En otras palabras: si ellos no tienen futuro, nosotros tampoco lo tendremos. Recordemos también, como dijo Eli Wisel que “….la indiferencia a las injusticias es el enemigo del bien, ya que la indiferencia es el enemigo de todo aquello que exalta el honor del ser humano.” A lo que podríamos añadir un famoso proverbio: “lo único que necesita el mal para triunfar es que todos permanezcamos callados.”

Tal vez ha llegado la hora que la patria golpeada por las injusticias, las necesidades, y por la indiferencia de nuestros gobernantes pero preñada de esperanza, apresure su parto y de a luz a un nuevo movimiento de venezolanos con verdadera conciencia humanitaria, susceptibles a la historia de esa indiferencia a la que por décadas ha estado sometido el pueblo venezolano por los sofistas gobernantes. Y que ese nuevo movimiento tenga, como uno de sus puntos cardinales, el mensaje contenido en el poema de Emma Lazarus: “¡Denme a mi sus fatigados, sus pobres, sus abigarradas masas anhelantes de respirar libre, los miserables rechazados de sus prolíficas costas. Envíen a esos, a los indigentes, a los desahuciados, arrójenlos hacia mí, que yo levanto mi faro junto a la dorada puerta!”

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