Opinión Nacional

La paz, urgente necesidad social

Mucho se ha hablado y escrito, sobre la ingente necesidad de contar con la Paz como el activo social mas importante, sin el cual, es imposible que la Sociedad vivencie la felicidad que tanto procura. Quizás, no haya en el concierto mundial de naciones, un tema alrededor del cual se haya escrito o hablado tanto, en particular en el extraordinario escenario de Naciones Unidas.Pero la Paz es una condición que solo se logra si tanto el pensamiento como la acción se sintonizan armónicamente con ella.Porque la Paz supone un estado de equilibrio tanto para el individuo como para la Sociedad.

     Sin embargo, algo en la dinámica de la Paz ha fallado y tiene que ver con la manera como se percibe desde el punto de vista público e individual .Si se concibe como un fin en si misma o como un medio.Cuando la Paz es vista como un fin, existe el gran riesgo de pretender utilizar medios bélicos o violentos para obtenerla, y de esa manera, confundir sus valores edificantes con aquellos mas vinculados con intereses terrenales de predominio y poder. Tengo la convicción de que los medios terminan confundiéndose con los fines  hasta llegar a sustituirlos, justamente porque al fin buscado nunca se le dió la oportunidad de ser medio. En consecuencia, lo realmente relevante de la Paz es su activa práctica. De allí la relevancia  y el potencial transformador de la no violencia. Las espadas pueden corroerse porque su materia no es eternamente inmune a la acción de los elementos ambientales.Igualmente ocurre con las victorias provenientes de la guerra y de la destrucción.Hoy en día, cuando vemos en retrospectiva a las guerras del mundo a lo largo de la Historia de la Humanidad, es muy difícil que no atinemos a pensar en la ignorancia de las masas, que constituyó el mayor insumo sobre el cual se sembraron los imperios de odio y terror. Lo contrario ocurre con la sosegada convicción, con la sabia filosofía de los hombres que defendieron los valores de la Paz como medio. Pensemos como Sócrates, Cristo, Buda, Gandhi o Martin Luther King permanecen en el tiempo con su palabra inagotable y en creciente resonancia, justamente porque supieron conectar su acción con la palabra vivida en todo el esplendor de la acción, y no mancharon con la violencia o el improperio su heroica gesta. Sus citas y máximas, son los manantiales sobre los cuales la Humanidad puede acceder a espacios de tolerancia y entendimiento, tan necesarios en el mundo de hoy

Por ello es  necesario para nuestro país que cada lector reflexione sobre lo que acabamos de acotar. De la sincera reflexión que todos hagamos sobre la materia, podrán desprenderse las acciones que requerimos abordar como colectivo para vencer el estado de inseguridad que nos agobia.

     Lo primero que salta a la vista es la profunda necesidad que tiene la Sociedad de comunicarse y expresarse. La Sociedad  debe abrir sus canales de comprensión que permitan el entendimiento fluido entre todos los componentes de su complejo y diverso tejido social. Censurar la expresión y la libre comunicación, es represar las aguas con toda su energía, porque la comunicación, cuando se plantea  con ética y sentido del servicio público, es la única terapia que le sirve a la Sociedad para vencer la exclusión y la alineación. Sin comunicación libre y oportuna, la libertad es represada y la delincuencia entonces enseñorea sus acciones

       La Paz tiene nombre de mujer. Y es tan sublime y delicada como ella. Sus tejidos son sumamente frágiles y son con frecuencia rotos por una Sociedad que se empecina en no entender su sutileza Por ello necesita recuperar el espacio de la concordia y de la fraternidad.Es necesario que la ejercitemos como medio práctico para vivir en Sociedad.

      Esa conversión de la Paz como un medio cotidiano  de alto uso y practicidad, nos permitirá salvarla del enmohecido estado de contemplación final al cual somos orientados por un ritmo de vida trepidante, que marcha a gran velocidad y que requiere urgentemente incorporar a la reflexión y a la meditación  como actividades de diario desarrollo. Por otra parte, nos encontramos con la ya necesaria educación de las emociones, que debería administrarse como un eje transversal a lo largo de todos los niveles educativos, en particular en los más básicos, en los cuales se siembran los valores requeridos por la convivencia.

      Solo de esa manera, con una sociedad  bien sólida en sus valores, es posible ganarle terreno a la delincuencia.

      En particular, considero que el descuido familiar e institucional de la población infantil venezolana, ha generado en gran medida  la prosperidad de la industria delictiva, además del agudo y creciente deterioro de las condiciones socio-económicas de la población. La falta de un espacio comunicativo dotado de una fortaleza afectiva significativa entre padres e hijos, nos ha brindado generaciones de jóvenes que alcanzan la vida social sin internalizar los valores de vida que debieron ser inculcados a temprana edad. Pareciera que lo obvio no es necesario recordarlo, pero ocurre que si los metasistemas de aprendizaje del respeto, la confianza, la responsabilidad y la seguridad no son sembrados a edad temprana, entonces tendremos sociedades altamente volátiles en el futuro.

     Por ello es necesario conferirle a la Paz un espacio mas allá del declarativo.La Paz es tan importante, que no se  puede reducir su acción al recurso teórico Es necesario que la población aprenda desde la edad mas temprana a manejar  y desarrollar sus escenarios de paz, igual como prepara su instrucción para ,en un futuro ,ser profesional. Estamos hablando de una comunidad que estudie  la Paz, la entienda y la converse, haciendo reales ejercicios para asimilar sus mecanismos y dinámica, promoviendo el entendimiento en la evolución bio-psico-social de cada etapa de la vida, haciendo que de verdad los nuevos conocimientos puedan ser accesibles en forma libre, para que la población pueda formarse como desee, en plena libertad.

       Si logramos que la ética de vida prevalezca, aislaremos la pandemia de la delincuencia y particularmente sus manifestaciones más atroces como las que hemos venido observando en muchas comunidades de nuestro país.

      La responsabilidad es de todos.Debemos formularnos  una invitación común a debatir sobre estos temas, entendiendo que desde el punto de vista preventivo hemos hecho muy poco, creyendo a pie juntillas que la solución se encuentra en la dimensión correctiva de la represión al delincuente.

Particularmente encuentro que la solución no está allí. Cuando nuestras prisiones  se convierten en las universidades del delito, cuando el mercado delincuencial  establece allí su zona franca, cuando el 98%  de los casos tratados no reciben sentencia firme a tiempo, entendemos  que tenemos un problema que hemos investigado muy poco de manera puntual y asertiva. Pareciera que nos faltara desarrollar un conocimiento integral que nos permita actuar con mayor eficiencia.

      La Paz es una urgente necesidad social. Todos los centros de saber deben debatirla. Todos los funcionarios deben reflexionar sobre su evolución y  avance. Del pequeño aporte que cada uno de nosotros  pueda brindar  con nuevas ideas y acciones para abordarla, quizás podamos no solo efectuar cesudos diagnósticos  abundantes en cuantificaciones de sus efectos, sino encontrar las soluciones auténticas que se encuentran de seguro en la colaboración común para constituirla.   

 

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