Opinión Nacional

La pelea es peleando

 

Este es el principio que habita, que vive, que mora en las consciencias de todo ciudadano de bien y que de manera inteligente se desplaza por el mundo.

Los tiempos en la Venezuela de este siglo XXI indican que los ciudadanos sienten y analizan la gravedad que implica perder este bien supremo que es la vida democrática. Ya no es la falta de alimentos y medicinas. Ahora se suma a esto la gradual pérdida de libertades democráticas.

Y no son sectores de los estratos altos, como el A, B y C. Desde hace varios años los más bajos, y por tanto, vulnerables estratos D y E, padecen en carne propia la agresión de un régimen brutal y sanguinario, que para nada garantiza los servicios sociosanitarios ni la seguridad a la integridad física. Peor aún, las persecuciones a los dirigentes vecinales, obreros y miembros de comunas y dirigentes sindicales, se acentúa bajo la mirada complaciente de la cúpula y cogollo del Psuv.

Los tiempos actuales están volviendo a dibujar los escenarios previos a los años ‘80s signados por la presencia policial y militar en las calles para impedir la presencia de los ciudadanos exigiendo sus derechos esenciales: protección a la vida, seguridad alimentaria, seguridad médica y derecho a la educación con excelencia académica.

Mientras en las zonas populares venezolanas, donde vive el 85% de la población, la diaria y dolorosa experiencia de la violencia no descansa, el régimen expande su poder sobre los medios de comunicación, las empresas productoras de alimentos y ejerce un férreo control a las divisas que otorga apenas a un 2% para los viajeros y remesas fuera del país. El 98% restante, pareciera perderse entre “empresas de maletín” y los “vivos” agentes del régimen.

Ante esta y otras calamidades la ciudadanía ahora tiene también que vérselas con una dirigencia “opositora oficialista” que necesita ser aceptada y reconocida por el régimen para actuar.

La ciudadanía venezolana jamás ha necesitado autorización de ningún gobierno y menos de un régimen pro fascista, autoritario y militarista, para salir a la calle a exigir cambios drásticos ante una realidad que nos muestra la muerte y el caos a la vuelta de la esquina.

Siempre he afirmado que el actual régimen no es en absoluto un socialismo ni menos comunismo. Es, y así debemos denunciarlo, un “régimen de marginales”. Individuos que han estructurado una muy audaz manera de hacerse con los dineros del Estado y todo su poder, para imponer una “paz malandra”. Un régimen de resentidos sociales y políticos, quienes, amparados y usando las fuerzas represoras tradicionales, policiales y militares, han estado usufructuando del erario público mientras los más desposeídos continúan en la miseria y el abandono.

La salida, que sí existe, es acentuar la presencia ciudadana en la calle. Organizarse con las estructuras tradicionales, como grupos y partidos políticos, y si es posible, sobrepasar a sus dirigentes con maneras novedosas de organización, como las Ongs., grupos ambientalistas y aquellos que luchan desde hace años, contra el maltrato infantil, de la mujer, entre otros. Acentuar las denuncias a través de las redes sociales, que en estas circunstancias se convierten en medios efectivos y eficientes para decantar la participación ciudadana.

Esta es una lucha desigual, una pelea de desgaste donde no se debe creer en soluciones mágicas ni a la vuelta de la esquina. Es una lucha larga, difícil, pero las sociedades crecen en su cotidianidad, en la diaria lucha por sobrevivir. Ahí los venezolanos inteligentes tenemos la ventaja.

Vendrán días más duros, trágicos, dolorosos al saber de traiciones, delaciones y enquistamientos en los encuentros ciudadanos. Quizá flaquezas de líderes nacionales que no perciben que la población está harta de tanta vejación de un régimen inepto e inescrupuloso. Pero la participación ciudadana, el trabajo en equipo están dando sorpresas. Una de ellas son los verdaderos líderes comunitarios psuvistas quienes se están deslindando del régimen para ampliar la base social que reclama sus derechos vulnerados.

Nada ha cambiado en estos 25 años. Ahora se le agrega a este drama la presencia de una clase media maltratada y vejada que al hermanarse en un solo corazón, con los siempre excluidos venezolanos de los barrios, caseríos y pueblos indígenas, construye su propia estrategia de lucha en la calle. En el fragor de esa lucha se verán los rostros de los verdaderos líderes.

(*)  / @camilodeasis

 

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