Opinión Nacional

La pervivencia de los malandros rojos

Su autor los llama sus “desahogos”, pero en verdad son clases de civismo y motivaciones a la democracia. Me refiero a los escritos que emanan de la clara mente de Luis Betancourt Oteyza —un sobresaliente abogado caraqueño que alguna vez ocupó importantes posiciones dentro del socialcristianismo pero que ahora actúa por la libre. Sus “desahogos” aparecen en 64.207.147.4. Recomiendo a mis lectores que entren a ese portal y los revisen. Son tan sensatas sus opiniones que uno tiene que concordar con ellas. Sin embargo, en su más reciente escrito, “FAN sin generales ni almirantes”, afirma algo con lo cual me voy a permitir diferir.

Antes, creo que debo glosar las cosas con las que coincido en ese artículo: él piensa que, luego del triunfo de Capriles “las universidades autónomas podrán bajar la guardia en la defensa de su indispensable autonomía para dedicarse con más ahínco a la investigación y formación del futuro. Los sindicatos sentirán el fin del acoso totalitario para recobrar la libertad de defender los intereses de sus afiliados ante los patronos, públicos y privados. Los empresarios recuperarán el ánimo de asumir riesgos para continuar la construcción de mayor riqueza y empleo para todos. Las iglesias volverán a sentir la seguridad plena de exponer sus doctrinas y consejos morales para guiar a los feligreses por este mundo, sin sufrir el insulto del mandón. Los agricultores recobrarán su derecho al trabajo de sus tierras sin temor a despojos de frutos e implementos. Los estudiantes (…) regresarán a cumplir el sagrado deber con la patria de formarse. Y nuestros militares recobrarán su honor”.

También concuerdo —y lo he sostenido muchas veces en esta columna— con que “Venezuela, por su idiosincrasia e historia, por sus riquezas naturales y posición geoestratégica, no puede prescindir de sus Fuerzas Armadas” y, por tanto, “debe soportar el sacrificio material, presupuestario, de mantener unas fuerzas militares y policiales bien equipadas, entrenadas y nutridas de las mejores voluntades venezolanas”; que nuestras “FAN tienen que volverse a regir por los sagrados presupuestos de la disciplina, obediencia y jerarquía (…) y no por la arbitrariedad caprichosa de turno. Tienen que volver a (…) hacerse respetar como cualquier institución patria”. Pero el doctor Betancourt pone un caveat: para lograr todo esto hay que deslastrar las FAN “de los altos mandos corruptos y cómplices de tanto desafuero que las agobian. De esos generales y almirantes que se han enriquecido al servicio de los mandos cubanos de Fidel Castro (…) que en adulancia, inédita en nuestra historia por sus alcances y descaro, han llegado a disfrazar a oficiales y soldados de rojo para ponerlos a desfilar como ofrenda humillada y humillante al tirano (…) que han apadrinado los suministros, transporte y escondites a los jefes de las FARC en nuestro suelo (…) que han traficado con droga gracias a sus mandos e influencias”…

Casi toda Venezuela pueda hacer propias esas afirmaciones. Porque la inmensa mayoría hemos visto cómo la cúpula militar ha cohonestado su alta misión y la ha desfigurado para que coincida con los antojos del cabecilla y con las ganas de sustraerle unos dinerillos al erario. Los venezolanos también concordamos en que hacer volver a la institución armada a la “normalidad” no será tarea fácil, pero que la inmensa mayoría de los oficiales sabrá sobreponerse a las amenazas de los mandos que quieren convertirlos en coautores de sus sinvergüenzuras. Porque tienen claro que la solidaridad profesional nada tiene que ver con la complicidad.

 

En lo que difiero del doctor Betancourt es en lo que él afirma, casi al comienzo de su “desahogo”, de que con la llegada del nuevo gobierno se disolverá el PUS porque a “diferencia de los cambios electorales en las democracias, donde el partido de gobierno, si pasa a la oposición no desaparece y puede volver a ser partido de gobierno en el futuro, en las tiranías la pérdida del poder significa la descomposición del proyecto que las animó y la deserción de sus esbirros”. Pone el ejemplo de nazis, fascistas, comunistas y falangistas que, a veces “persisten un tiempo como muestra de decadencia antes que de sobrevivencia”. Creo que la diferencia con los rojos criollos es que: 1) ellos seguirán teniendo mayoría por algún tiempo en el parlamento, el judicial, la fiscalía, la contraloría, y la defensoría, y desde allí se dedicarán a tirotear la labor de normalización del país; 2) han robado tanto, que pueden seguir manteniendo a sus “colectivos” y guerrilleros por mucho tiempo. No creo que esta vez vaya a haber los acostumbrados cien días de “luna de miel”. Desde el mismo momento de su salida de Miraflores, se irán a calentar las calles.

Pero, otra coincidencia con el doctor Betancourt, prevalecerá la decencia porque es “la regla de la historia (que el) hombre siempre busque la libertad, (a la que) está destinado por su propia naturaleza”.

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