Opinión Nacional

La plaza Altamira y sus señales

Hay enormes señales contradictorias para la lucha
opositora, que han surgido del pronunciamiento de los
oficiales que participaron en el 11A, donde éstos
convocan a sus compañeros de armas para que
desobedezcan la autoridad del Presidente Chávez y la
legitimidad de su régimen fundamentando su llamado en
el artículo 350 constitucional.

Podemos estar de acuerdo en rechazar y solidarizarnos,
con vehemencia incluso, contra la persecución
canallesca del que han sido víctimas estos oficiales y
sus familias, pero lo que es inaceptable a toda luces
es que la delicada situación a que ellos injustamente
fueron sometidos, pueda comprometer el esfuerzo que
por largo tiempo libra un sector de la sociedad hoy
con toda probabilidad mayoritario contra oprobioso
régimen «bolivariano»; lucha esta por cierto, bastante
anterior a sus posturas, valientes sin duda,
desplegadas el 11 de abril cuando se resistieron a
cumplir órdenes manifiestamente contrarias a los
derechos humanos.

Sin embargo, sus merecimientos recientes no les
otorgaba per- sé el hacerlos acreedores de derechos
absolutos como para imponerle al resto de la sociedad
una agenda no consultada, y que pese a que la
«Coordinadora» y demás sectores de la oposición
democrática han recibido su acción con gestos de
activa solidaridad, es evidente la ruptura de la línea
que después de tantas dificultades puso de acuerdo a
tan disímiles factores, a fin de transitar un camino
específico, democráticamente correcto y éticamente
inobjetable, como lo es el del referéndum consultivo.

Al contrario de lo que algunos piensan , lo de la
plaza Altamira lejos de debilitar y deslegitimar aún
más al régimen lo fortalece, dándole sostén a los que
han sido sus impertinentes pero constantes argumentos,
de que la oposición en Venezuela es golpista y no
abandona la salida cuartelaria. Se ha operado de nuevo
una reversión que se expresa de manera perniciosa en
la supremaciá de la desobediencia militar apuntalada
por estos oficiales,que le resta significativamente
protagonismo, energía y aliento de cara al propio país
y sobretodo a nivel hemisférico al humanismo cívico
que por tantos meses y en infinitas y hermosas
jornadas demostró un sector abrumador de la sociedad
civil venezolana.

La desobediencia de las leyes, y así es percibido a
nivel internacional, espacio medular para la
compresión y ulterior solución del complejo laberinto
de nuestra crisis, no es concebido como un derecho
sino como un delito, y mucho más cuando se trata que
esa desobediencia es consumada y auspiciada por
militares.

El 350 tiene que ser un recurso de último uso, el
agotar su invocación anticipadamente sin haber
finalizado las gestiones de organismos como la OEA y
el intento de organizar el referéndum, es una
contradicción y una estúpida manera de precipitarse,
lo que sólo ayudará a Chávez a seguir aferrándose al
poder.

«La Coordinadora» tiene como misión urgente, seguir en
su tarea de domesticar las tendencias disolventes sin
deslindes torpes, pero con la firmeza de darle
dirección y concentración a la lucha.

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