Opinión Nacional

La pregunta de Vicente Emparan

-Beatriz, quienquiera que hable de solución institucional es chavista o, mejor dicho, populista y, por tanto, no desea que salgamos de la crisis de ingobernabilidad.

-¿Podría usted explicarse mejor, profesor? -le preguntó Beatriz Morrison a Tomás Ibarra-.

Se habían dado cita este lunes, 20 de mayo de 2002, en la casona que ocupa la Sociedad Bolivariana, para evitar transitar por enfrente del Palacio de las Academias. La oficina de Ibarra era bastante amplia, ocupando lo que en otra época ha debido ser una de las habitaciones.

La crisis de gobernabilidad

-Te cité aquí y no al Palacio de las Academias, como otras veces, para evitarte el bochorno de atravesar ese cordón de gentuza que se agolpa ahora frente al Congreso. De eso es que estoy hablando. Cualquier salida institucional pasa por convocar elecciones y las elecciones, ya lo sabemos, conducen inexorablemente al populismo.

Hizo una breve pausa, mientras su interlocutora permanecía en silencio.

-En un artículo del domingo, mi obsecuente amigo Manuel Caballero apunta que la paz que hemos vivido en Venezuela durante los últimos noventa años, se asienta sobre la creación del Ejército Nacional y la Academia Militar en 1908. Tal apreciación yo la considero equivocada. Colombia, Perú, Guatemala, la misma Argentina, tienen ejércitos profesionales mucho más antiguos que el nuestro y, sin embargo, han conocido de guerras civiles, de guerrillas y terrorismo, que es un fenómeno parecido o similar, en la última mitad del siglo pasado. No, lo que permitió que Venezuela se mantuviera en paz fue el petróleo. Cuando la riqueza petrolera comienza a ser tragada por el pago de la deuda externa y por el incremento poblacional, el fenómeno de la ingobernabilidad reaparece. Es cierto que la Fuerza Armada contribuyó al mantenimiento de la paz durante los años de los sesenta, cuando la guerrilla izquierdista, pero ésta se avino a la pacificación, convencida de que la frase de Betancourt era cierta: “la guerrilla sin campesinos es como el arroz con pollo, sin pollo”. Y los campesinos continuaban siendo adecos o copeyanos, porque el petróleo permitía las considerables dádivas de un gobierno populachero.

-Pero al comenzar la década de los ochenta, eso deja de ser así. -repuso Morrison-. Por una parte, se detiene la transferencia neta de recursos de los países ricos a los subdesarrollados, mejor dicho, la cuantiosa deuda externa invierte esa transferencia. Por otra, en los propios países ricos se inicia una revolución en la productividad que conducirá a la revolución de la informática. Todo ello conduce a una crisis de gobernabilidad en la América latina.

Sus causas y sus efectos

-Una venezolana residente en Quito, Nancy Ochoa Antich de Dávalos, doctora en Filosofía y profesora de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, ha estudiado cuidadosa y minuciosamente el fenómeno de la gobernabilidad en la América latina. Por aquí, tengo ese estudio. –dijo Ibarra, mientras movía el ratón de su computadora-. Entre sus conclusiones destacan (te leo): “Cuando no se da a los excluidos canales de práctica política, se establecen las condiciones para la guerra civil, como ocurrió en Europa en siglos anteriores. Si la exclusión tiene caracteres étnicos, es decir, prejuicios raciales impiden la modernización pacífica de la sociedad, no se puede descartar la lucha violenta. En ambos casos la violencia ha sido históricamente un medio para superar la obstinación de los grupos de poder excluyente.” Ese ha sido el caso de casi toda la América latina, no hay duda. Lo grave, sin embargo, es que aquí en Venezuela, los llamados excluidos han tenido esos canales de práctica política, pero en lugar de conducirnos a la modernización, lo único que hemos obtenido es la demagogia, que nos ha llevado a las puertas del abismo. Porque no ha ocurrido sólo en Venezuela. Allí está Argentina. El peronismo es un caso patente.

-En eso concuerdo, profesor.

-Lo que es verdaderamente cierto es que, como dice la Dra. Ochoa, “Cuando no hay igualdad de oportunidades socio-económicas, más modernizador que el orden político o la gobernabilidad, es el caos o el pretorianismo, en cuyo marco se puede producir la maduración paulatina de la práctica política de los excluidos, así como un proceso socio-económico que permita el aparecimiento de nuevas fuerzas y a largo plazo la modernización.” De ahí que yo no vea otra solución a la crisis actual de Venezuela que una dictadura militar de derechas, desgraciadamente. Y digo desgraciadamente, porque toda la vida he aborrecido a los Franco y a los Pinochet.

-Y, ¿Cree usted, profesor, que aquí surja un líder militar, con la fractura existente?

-Claro que surgirá, Beatriz. Augusto Pinochet le juró lealtad a Salvador Allende tres días antes de la insurrección. Este es un problema muy viejo. ¿Recuerdas la pregunta de Vicente Emparan? ¿Cuál fue la respuesta? “No lo queremos”. Porque responder afirmativamente significaba aceptar la revolución, y romper con el statu quo..

Un paria internacional

-Pero lo que finalmente conducirá a la caída de Chávez es su posición internacional. -expresó Ibarra, luego de una pausa más bien larga en que los ojos de los dos interlocutores dejaban entrever su frustración-. ¿Es que Chávez no se da cuenta de que su única tabla de salvación el 12 de Abril fue la comunidad internacional? Entonces, ¿Por qué esos desplantes en Madrid?

-Porque, profesor, no acepta que tilden a sus amigos de las FARC y el ELN de terroristas. Pero esos cien muertos en el Atrato tienden a desmentirlo.

-Eso puede ser una parte, Beatriz. Sin embargo, yo creo que su problema es más profundo. El teniente coronel es antes que nada un resentido social y, como tal, es extremadamente susceptible. El que no lo hayan invitado a la reunión de la Comunidad Andina en Lima lo molestó sobre manera. Si a ello añadimos que en Monterrey los mexicanos casi corren a Fidel, en atención a la solicitud de Bush, su resentimiento con los “lacayos del imperialismo” ha debido incrementarse.

-Ya veo a donde quiere llegar. Y concuerdo con usted. Esa es quizás la razón primordial de su inasistencia a la reunión de Aznar con la Comunidad Andina. No se da cuenta de que con ello a quien irrita es a los españoles y, por ende, a la Unión Europea.

-Así es. Con lo cual se presta un flaco servicio. Poco a poco va transformándose en un paria internacional. Una situación análoga a la de Allende, en tiempos de la guerra fría.

-O sea, querido profesor, que si ocurriese un próximo golpe de Estado, es poco probable que la comunidad internacional se apresure a declararlo ilegal. Pero no me ha respondido mi pregunta en torno a la fractura militar.

-Aquí, convéncete, la única fractura real es la de un grupillo de políticos profesionales, chavistas o enemigos de Chávez, por un lado, y el resto de la sociedad, por la otra. La inestabilidad política del país se debe a ese enfrentamiento entre esos dos sectores políticos. Uno alimenta al otro. El fracaso de las cúpulas de los partidos puntofijistas le dio vida al monstruo que es hoy Chávez. La bandera maldita del odio social, que es la misma levantada en otras épocas por Boves, primero, luego por Piar y, más tarde por Zamora, es lo que conduce al 11 de Abril. Pero la constante diatriba con Chávez alimenta asimismo a los políticos de la llamada oposición. Por eso es que para los independientes, que son mayoría indiscutible, la solución al problema de gobernabilidad pasa por el caos o el pretorianismo, como dice la Dra. Ochoa y entre esos dos, la escogencia de las élites resulta indiscutiblemente fácil.

Santiago Ochoa Antich es diplomático de carrera y periodista. Fue Embajador de Venezuela en Austria, Canadá, Jamaica, Paraguay, San Vicente y las Granadinas, El Salvador y Barbados.
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