Opinión Nacional

La primera derrota de Chávez en la guerra contra Uribe

Parece increíble, pero sin haber comenzado, Chávez se aplicó la primera derrota en su guerra contra Álvaro Uribe y ésta no fue otra que desmentir el martes el llamado “a las armas” que tan abierta, campanuda y estentóreamente lanzó el domingo en “Aló presidente”.

Porque ¿con qué credibilidad en su comandante en jefe, con qué confianza en sus órdenes y fe en sus arengas y proclamas irían a ofrendar vidas, salud o libertad unos soldados que, ya saben por lo aprendido el martes, que su gran capitán es un habla p’alante y p’atrás, un casquivano y blandengue que puede dejarlos en la estacada, ya sea que cambie de humor, o acepte presiones del primer presidente amigo que lo llame por el satelital y se plegue a sorprenderlos con un “vuelvan caras”, o un “stop”, o un “no se tomen en serio la cosa muchachos porque no estoy haciendo la guerra, sino preparándome para la paz”?

Y aquí vamos a tomarle la palabra al pintoresco jefe de estado venezolano, y más pintoresco aun teniente coronel, vamos aceptar que, en efecto, el domingo no estaba haciendo un llamado a la guerra sino a la paz, ya que, como buen estratega, estaba pensando en el “Vis pacem para bellum” de los romanos (“Si quieres la paz, prepárate para la guerra”) y no en una ruptura de hostilidades que en cuestión semanas, o días, tuviera a los ejércitos venezolano y colombiano en pie de guerra y frente a frente.

Pero, igualmente ¿no está registrado desde las cuevas de Altamira, hasta los tratados y cartas de Sun Tzu, César, Maquiavelo, Napoleón, Clausewitz y Bolívar, pasando por los códices y la estatuaria azteca, maya e inca, que la guerra es el arte del engaño, la ciencia de los que saben simular y transparentar y envian señales contrarias a sus auténticos propósitos o despropósitos?

Y ¿cómo es posible que el heredero del mariscal Stalin, del chairman Mao y del comandante en jefe, Fidel Castro, piense que se pueden ganar guerras y batallas voceando a los cuatro vientos y por los cadenas de radio y televisión el inicio y desarrollo de los planes, los lugares y fechas del ataque, y el número y calidad de tropas y equipos empeñados en las operaciones?

Incógnitas que empiezan despejarse cuando nos damos cuenta que, en el caso de Chávez, más que en presencia de un guerrero, nos encontramos frente a showman, de un ancla de las cámaras y los micrófonos que aprendió en el ya lejano 4 febrero de 1992, que un buen discurso, 5 minutos bien dichos en el aire, pueden transformar una derrota en victoria, a una mediocridad en genio y a un teniente coronel en general.

O sea, que en muchos sentidos, o en todos, Chávez fue un pionero de la guerra mediática, de aquella que, como ya se venía experimentando en las guerras del África subsahariana de mediados de los 80, o de la exYugoeslavia y del Cáucaso post soviéticos de los 90, se gana primero en los medios y después en la realidad… si hace falta.

Únicamente que, dado el vértigo de la vida y la historia contemporáneas, 20 años de guerras mediáticas, postmodernas o asimétricas (que se pueden llamar de muchas formas) pesan mucho, y ahora, finalizando la primera década del siglo XXI, al par de viejas, pueden considerarse inútiles… por avisadas.

Tal ocurrió, por ejemplo, con la última guerra “mediática, postmoderna o asimétrica” de Chávez, la que le hizo a los líderes políticos y militares hondureños que destituyeron al infeliz títere, Mel Zelaya, y a los cuales, pretendió intimidar anunciándoles por televisión que les enviaba en plan de conquista un avión de carga o pasajeros con el destituido, la prematuramente envejecida presidenta de Argentina, Doña Cristina Fernández de Kirchner, al presidente de Paraguay, el blasfemo y asaltacunas cura Lugo, y a otro loco de carretera, el presidente de Ecuador, Correa, abordo; e invasión que los militares de Honduras despacharon también muy “mediáticamente”, no despejando la pista en la que aterrizaría el camastrón que traía tan aterrador contingente.

O sea, que solo faltaron dos chicos de la pandilla, el abúlico y disléxico presidente de Nicaragua, Ortega, con juicios en la justicia ordinaria de su país y en la CIDH de la OEA, y Don Evo Morales, seguro que ocupado en compromisos con sus socios, los cocaleros del Chapare.

Pero también -si lo creen útil-, recuerden que Chávez intentó invadir a Honduras por televisión desde la frontera nicaraguense, dándole órdenes a Zelaya, quien llevaba de segundo al mando al canciller venezolano, Nicolás Maduro, de que no se apartara un solo momento de las cámaras de CNN, ni de los “avances” de Kruspkaia Alis en Tegucigalpa y de Glenda Umaña en Atlanta.

Pero, cómo para demostrar que los ridículos extremos no terminan sino en atrocidades, siguió la toma hace dos meses de la embajada de Brasil en Tegucigalpa por Zelaya, siempre en la idea de que los noticieros de radio y televisión y los titulares de los medios impresos lograrían lo que Chávez y Mel no habían podido, pero demostrativo de que, si no se cuenta con el apoyo real de la gente, del pueblo y las clases medias de un país, no hay cámaras, ni micrófonos, ni titulares de medio impresos que valgan.

Chávez, sin embargo, aprende poco o nada, y sin esperar que Zelaya lo llame para que le gestione “una salida honorable” de la embajada de Brasil, se ha apresurado a zumbarle la misma “formulita” a un veterano de las guerras chavistas, al presidente de Colombia, Álvaro Uribe, y a otro que está aprendiendo muy rápidamente, el de Estados Unidos, Barack Obama.

Para empezar, no hay un solo medio importante en el mundo, ni en América ni en Europa, que lo haya tomado en serio y que no opine que se trata de un recurso para recuperarse en las encuestas que lo traen más y más a la baja, o distraer la atención de los venezolanos ante el colosal fracaso, ya inocultable, del modelo y las políticas del teniente coronel.

A este respecto, resultó memorable un artículo del periodista argentino, Andrés Oppenheimer, quien comparó a Chávez en “El Nuevo Herald” con el caza cocodrilos australiano, Stephen Irving, el cual tenía una serie de televisión y vivía de extremar los riesgos con animales feroces que día a día exhibía en sus programas. “Cada vez que veía a Steve en la pantalla acercándose a un león salvaje o atando las fauces de un cocodrilo” escribe Oppenheimer “me preguntaba si su necesidad de superar sus más recientes audacias no acabaría en una tragedia. Irving murió en el 2006 cuando se acercó demasiado a una raya venenosa…y el enorme animal le perforó el pecho con su cola de púas?

Y dado el fracaso y poco ratting de su guerra en Honduras ¿quién duda que nuestro caza cocodrilos quiere ahora un show más sonado y fuera de los esmirriados espacios centroamericanos para pelear con uno de los países mas importantes del subcontinente, y, por si les queda duda, con el mismísimo imperio.

Y debe ser por eso, creo yo, por no subirle los puntos en el ratting, que Uribe no se ha inmutado con la nueva guerra de Chávez, que se refirió a ella de una manera muy tangencial, no ha desplazado un soldado a la frontera y dio órdenes al canciller Bermúdez que hablara del asunto, pero como por no dejar.

En cuanto al otro amenazado, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, creo que no se ha enterado de que un ejército de soldados sedientos y con la electricidad racionada, se dirige a cruzar el Río Grande, que lo encabeza un showman que nunca abandona sus cuarteles del Canal 8 y Telesur, y por tanto, hasta ahora no se le conoce reacción alguna.

Y es que, de gira por Asia, donde asiste al foro de Cooperación Asia Pacifico, APEC, en Singapur, Obama, solo tiene tiempo de ocuparse de las guerras reales, de la que Japón no abandona para desplazar a occidente como centro económico del mundo y que ahora es retomada por China e India.

En otras palabras: que solo un anciano moribundo, postrado y agónico, el expresidente de Cuba, Fidel Castro, celebra y aplaude al “mariscal” venezolano, pero no porque lo tome en serio, sino por que le gusta oírse a si mismo, por sentir que aun con un pie en el estribo, hay latinoamericanos tontos que creen y repiten sus antiguayas y anacronismos.

Lo cual no debe ser el caso de la oposición democrática venezolana, que debe estar consciente, de que rechazado, abominado y menospreciado en el mundo, Chávez tiene un solo recurso para recompensarse y decirse que no es verdad, que sirve para algo, que es un revolucionario y militar émulo de Stalin, Mao y Fidel: tratando de oprimirla, de arrollarla y desaparecerla.

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