Opinión Nacional

La propiedad intelectual y el derecho de autor, antes las impertinencias de este regímen

Aquí y ahora, en esta insólita Venezuela, vivimos a la orilla del camino, poco importa el acontecer del mundo, ni donde debíamos estar, lo que se aplica al antojo del tirano , es lo que el piensa que es bueno o válido.

Por la pataleta tomada con los países del pacto andino y ante la resistencia de los gobiernos que por pundonor resolvieron no acatar las malcriadeces, se terminó de un plumazo y por una bravata todo el andamiaje de algo, que si a ver viene, nunca funcionó adecuadamente, pero de alguna manera rindió ciertos frutos en nuestro país.

Nos referimos por supuestos al Pacto Andino y sus consecuencias en varios de los campos en el mismo abarcados. Una de aquellas fue la reforma y adecuación del sistema legal de nuestros países en torno al régimen de la Propiedad intelectual, Derechos de Autor, marcas, etc., y la adopción de reglas que sobre la materia se encuentran previstas en modernos acuerdos internacionales.

Como todos recordaremos con la denuncia del convenio del pacto andino, dicho tratado y la resolución de Venezuela de abandonar sus reglas y principios, contra vientos y mareas, mas la insensata resolución de nuestro malcriado gobernante de adoptar los lineamientos de MERCOSUR, mera quimera a la larga perjudicial y sin sentido, cayó todo el ordenamiento de ello derivado, y por supuesto, y entre otras cosas de todos sabida, pero en especial para el tiranuelo y sus secuaces, de los adelantos impuestos en razón de ella, por haberse adoptado un mejorado y mas moderno régimen para la protección de la propiedad intelectual.

Ese beneficio fue saludado con toda pompa y alegría por quienes velan se mantengan las reglas de la justa y adecuada competencia comercial, las innovaciones en el régimen de protección de las invenciones y productos del ingenio, pues el anterior y anquilosado régimen que regulaba la materia, ya hacia inútil e inconveniente el régimen que del mismo dimanaba.

Al ahora líder de trinchera venezolano, amen de no entender para nada la materia y considerarla un puro logro del acervo capitalismo norteño, nunca le ha gustado la propiedad intelectual, ni los derechos que de ella dimanan y por ello, dejó estancada la reforma de un proyecto de legislación sobre propiedad industrial e intelectual, modernizado y adaptado a los cánones mundiales vigentes y la emprendió contra los clásicos principios que hoy día fijan los cánones que la contemplan y regulan.

Por lo antes anotado, protestó y chilló contra los beneficios que en la materia establece el llamado Convenio de Paris, e inventó que todo ello viola y perjudica los derechos del colectivo y encarece los productos que benefician al pueblo.

Por supuesto que el mejor camino para terminar con todo ello, sin enfrentar la dura cuesta que produce desconocer lo racional, fue negarse a permitir la aplicación de los nuevos conceptos para el manejo de la protección de la propiedad intelectual, demorar el trámite de los reconocimientos y patentes en curso y terminar, con su tozuda y terca posición frente al Pacto Andino, donde colateralmente se lo imponía, terminando con los adelantos que ello suponía en materia de protección de ese género de propiedad. Se trata como principio socialista al fin, de no dar tregua a nada que tenga que ver con el concepto de derechos individuales, propiedad, ni similares.

Pues bien, con su sagaz conducta, estamos hoy fuera del Pacto Andino con todo lo que ello implica, pero en particular con la vuelta a los viejos principios que regulaban la materia de la propiedad intelectual, con un coji-tranco obsoleto régimen regulatorio, y por supuesto con una nueva causa de perjuicios para todo lo que atiene a los incentivos de la investigación, del indiscutible beneficio de la facultad creadora del hombre y pare de contar.

Algún des-iluminado ser le supo vender esas ideas al pseudo líder o todo ello puede ser la consecuencia de una indigestión de conceptos propios magullados en sus famosas y tan cacareadas por él veloces lecturas de obras del ingenio, de sus ráfagas de lecturas a punta de madrugada o en un desocupado momento de viaje, como el mismo nos lo cuenta, con lo cual le han hecho ahora despreciar toda forma de respeto a lo que es producto de la inventiva y gestión del ingenio del hombre.

Resulta que ahora lo que se piensa y con ello se crea y produce, al generar posibilidad de riqueza es aborrecible e infamante y por tanto cualquier régimen que lo proteja, es abominable y despreciado.

Así piensa quien nos gobierna y se dice paladín de los derechos de los trabajadores, es así como él concibe debe tratarse al producto del ingenio humano y sobre que y como se debe regular la propiedad de los resultados de la creación del hombre.

Juan Pueblo es bueno que lo conozca, que sepa como y de que manera Chávez y su gente trata y estima justo sea regulado todo aquello que deviene del ingenio de cualquiera de nosotros así como el desprecio que le provoca hacer respetar lo que es esfuerzo humano por la creación de bienes, bienestar o comodidad. Nada de eso merece respeto en el régimen socialista y por ello mismo, para quien dice nos dirige, nada de eso merece atención ni regulación alguna que lo favorezca.

Reconócelo y Tenglo presente Juan Pueblo, y mas ahora, cuando debemos pensar que si erramos en nuestra decisión de voto en los próximos comicios de noviembre, haremos que se mantenga este oprobioso y absurdo régimen de quienes ahora dicen nos mandan.

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