Opinión Nacional

La Razón en pico e zamuro

La Razón está en ¨pico ´e zamuro¨, es decir que existen posibilidades ciertas de que desaparezca. Que se la coman los poderosos. Para los lectores que no conocen del caso, permítaseme explicar a mi manera la situación que se le presenta a La Razón. Como bien se sabe, este semanario caraqueño, se ha convertido en un órgano informativo notablemente independiente y crítico. Categoría sociopolítica de gran peso específico en la comunidad de ciudadanos analíticos y pensantes, que ha hecho de La Razón una herramienta inseparable para incorporar nuevos elementos en sus juicios. Por su agudeza y los efectos concientizantes que produce en la sociedad, La Razón es hoy en día blanco de codiciosos hombres del nuevo entorno del poder. Hombres rapaces que por la acción envolvente de los efectos del absolutismo se han coleado en la escena cupular de la nueva estructura de mando sobre la sociedad. Hombres usureros sujetos a los hábiles negociados que le han facilitado ascender a las cifras multimillonarias de sus cuentas corrientes en la banca nacional e internacional. Hombres sin escrúpulos que nunca han luchado por la reivindicación del pueblo, sino todo lo contrario, lo han explotado. Hombres ignorantes que no saben lo que significa la buena voluntad del prójimo, ni la trascendencia de los cambios revolucionarios que demanda la nueva Venezuela. Esos hombres quieren liquidar a La Razón porque este semanario los descubrió. Los desnudó públicamente informando de sus arreglos por debajo de la mesa y de sus componendas que perjudican al Estado y a la riqueza nacional de todos los venezolanos. Por eso quieren ahora retaliar las denuncias que ha difundido La Razón. Bien sea impidiendo la circulación del semanario y apresando a sus propietarios, ó, bien sea apoderándose de la empresa editora con todas las máquinas, equipos y derechos. La combinación de ambas alternativas arrojaría una opción más apetitosa para ellos.

Por lo tanto, necesariamente tenemos que alertar a la opinión nacional y muy particularmente estimular la respuesta crítica de los medios de comunicación y difusión social del país y de todo el mundo. Hay que alentar la conciencia de los propietarios de los medios de prensa escrita, radio, televisión, comunicadores cibernéticos y de todos lo que se dedican a la noble tarea de informar y de contribuir en la formación de la opinión pública, para que el pueblo se entere de los peligros que se corren cuando la rapacidad ejerce cuotas importantes de poder. Debemos apelar a la ética y a los principios de solidaridad de los profesionales y empresarios dedicados al área de la información, para gestionar el surgimiento de sólidos y contundentes espacios comunes que impidan la concreción de los hechos que están incubándose contra La Razón. Hechos que en algún momento pueden también recaer en cualquier otro medio de la sociedad actual que cumpla con el deber de informar.

De igual manera, quiero alertar al Presidente de la República y hacerle un llamado a que medite sobre esta situación. Me gustaría recordarle al Sr. Presidente que por allá, cuando La Razón iniciaba sus actividades, casi paralelamente con las del luchador social Hugo Chávez al salir de la cárcel, el único medio que le abrió sus páginas para opinar fue precisamente La Razón. La Columna Patriótica llegó a convertirse en lectura obligada de los seguidores del Comandante. La Razón estimuló la furia revolucionaria del MBR-200. La Razón fue casi el órgano oficial del MVR en su primera etapa. Entre julio del 97 y marzo del 98, fase romántica e idealista del MVR, las líneas operativas para estructurar al Movimiento se daban semanalmente por medio de La Razón. Toda la militancia esperaba con ansiedad el domingo para leer acerca de la parroquialización, de la metódica desde abajo, de los avances organizativos, de las giras por todo el país que realizaban los responsables del Movimiento. Esa ventana la ofrecía La Razón, confrontándose con los anunciantes que le negaban los avisos publicitarios. La Razón se la jugó brindándole apoyo a la estructura política que se iniciaba y que se proyectaba como un opción radical de alcanzar el poder. Y ahora, Sr. Presidente, ya en el poder, ese medio que influyó en alguna proporción a consolidarlo a usted en Miraflores, está a punto que lo aniquilen. Por eso, apelo a su juicio y a su olfato político, para que evalúe el significado de lo que fue y sigue siendo La Razón para la causa política de lo que potencialmente sería un proceso de cambio revolucionario. En La Razón opinan críticos a la gestión oficial, pero el mayor centimetraje se inclina hacia quienes le son afectos al régimen. No obstante la crítica, sobre todo si es reflexiva o de denuncia, tiene su lado positivo y cualquier gobierno democrático la debe tolerar.

En todo caso, que estos llamados no se vayan a la basura. Que la situación puede ser revertida y que en el sitio donde quieren colocar a La Razón, la opinión nacional ubique a los transgresores de la conciencia y de la voz de los que no son poder, pero que por su dignidad y solvencia moral se han ganado un espacio en la comunidad nacional.

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