Opinión Nacional

La reacción del aparato

La revolución bolivarista ha hecho todo lo posible por destruir al aparato productivo venezolano. Y ahora sus ministros se quejan de que no reacciona.

¿Qué pasa cuando un Estado con poder y dinero le declara la guerra a la generalidad de los empresarios productores, pulveriza la seguridad jurídica y el derecho de propiedad, aprueba innumerables leyes y reglamentos para hacer cada vez más costosa la producción, hace demagogia delirante con las instancias administrativas de fiscalización y control, y encima de todo favorece el auge de mafias boliburguesas que amasan fortunas siderales traficando con ese mismo Estado?

Bueno, pasa lo que ha venido pasando en Venezuela durante los últimos años: la muerte progresiva de la actividad productiva nacional, y la escalada sin precedentes de las importaciones de toda índole, que si no fuera por éstas ya estaríamos en situación definitiva de catástrofe humanitaria, con todo y Cruz Roja más cascos azules.

En el sector petrolero, por ejemplo, no hay un solo barril que haya salido de algún proyecto ideado en la larga década de la revolución bolivarista. Ni uno. La debacle del sector petroquímico es de tal magnitud, que ya somos caudalosos importadores de gasolina. Las exportaciones no-petroleras siguen reduciéndose, y la balanza comercial con Brasil o Colombia, otrora favorable a Venezuela, ahora parece el flujo de una dirección.

¿Cuántas industrias han cerrado sus puertas en nuestro país? ¿Cuántas empresas extranjeras han decidido mudarse para otros países de la región? ¿Cuánto capital profesional ha sido desaprovechado, comenzando por el Pdvsa? ¿Cuántas zonas industriales se han convertido en cementerios productivos o meros almacenes de contenedores? ¿Cuántos empleos dignos se han esfumado por toda esta realidad?

Y qué decir del drama de la agricultura y la ganadería. En ese complejo ámbito interno, lo único que ha prosperado son las importadoras estatales, como Casa y Pdval, que poseen cuantiosos recursos y cuantiosas denuncias por negligencia y corrupción. Y gracias a las importaciones del «desarrollo endógeno» también han prosperado –en el ámbito externo– muchos productores privados de diversos territorios «exógenos». ¿Quién va a desarrollar nuevas inversiones en el campo nacional, si es reiterado y sonoro el desconocimiento del derecho de propiedad de la tierra?

En cambio, el reino de la satrapía bolivarista es ideal para la boliburquesía, o el narco-militarismo, o los aliados de otras satrapías que vienen a lavarse en Venezuela. Pero nada de eso tiene que ver con aparato productivo, sino con las mafias de succión parasitaria y el crimen organizado. Estos son los grandes beneficiarios de la bonanza petrolera que le deparó mil veces mil millones de dólares al Estado nacional en el último decenio.

De manera que no se quejen tanto, señores ministros de la economía, porque esta tragedia no es sólo obra de Chávez, sino también de ustedes.

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