Opinión Nacional

La revolución con Ron

Recuerdo cuando el chavismo salió a la calle. Era un movimiento fresco, contagiaba entusiasmo. Se veía a personas inteligentes y preparadas anunciando cambios sociales profundos y proclamando el rescate de los valores fundamentales de la democracia. Allí estaban Hermann Escarrá, Jorge Olavarría, Ernesto Mayz Vallenilla, y otros pensadores de tronío. Poco a poco se fueron quedando en el camino, y aquella agrupación fuerte, rozagante, alegre y esperanzadora, sufrió una transformación similar a la del atleta que se dedica a la bebida. Lo primero que le cambia es el humor, luego se le notan en el cuerpo las heridas del alma. Los amigos buenos se fueron alejando y en su lugar unos rufianes de mal vivir se convirtieron en su compañía. Arias Cárdenas, Jesús Urdaneta Hernández, Joel Acosta Chirinos, Angela Zago entre otros, fueron reemplazados por Iris Varela, Cilia Flores, Freddy Bernal y Lina Ron. La intemperancia se abrió camino.

Mala cosa esa cuando un partido gobernante se reconoce en gente vulgar, rabiosa, estúpida y bruta; pero hay quien dice que ese es el verdadero rostro del chavismo, el de antes era sólo un maquillaje. Y en verdad da qué pensar cuando uno recuerda al jefe máximo diciendo en cadena televisada que iba a “implementar” un programa de nutrición infantil que se llamaría “pele la teta”, o cuando gritaba en una plaza ante sus embusetados seguidores que los editores agarraran sus periódicos, los enrollaran y se los metieran por el …bolsillo. Esto por citar sólo dos de las muchísimas pesadeces y chabacanerías que ha venido expresando nuestro primer mandatario nacional. ¿De qué nos asombramos entonces cuando vemos a la malandra que se auto-titula “comandanta” enhebrar esa ristra de procacidades como proclama política?

Pero de un cierto tiempo a esta parte estamos observando en las intervenciones del jefe del gobierno un marcado interés en acuñar un nuevo slogan para sus actuaciones. Se trata de “la revolución bonita y con amor” cuando todos sabemos que aquí ni hay revolución, ni nada de lo de ellos tiene bonitura alguna, ni mucho menos amor. Esas palabras desentonan en aquella misma boca que se ha utilizado mil veces como una ducha para regar odio a todo lo largo y ancho del país. Es como si un carpintero de serrucho y martillo, de pronto quisiera hacer su trabajo con el arco de un violín. Este tipo está loco, como redondamente loca está Lina Ron. Locos de rabia, mediocridad y de frustraciones.

Es que Lina Ron es una forma de ser, es una tipología nacida de ese disparate que hoy tiene forma de gobierno y cuyo principal exponente es Hugo Chávez Frías. ¿Por qué esta mujer va a los periódicos a agredir como lo hizo con El Nacional? O a la iglesia a amedrentar a los concurrentes de una misa como lo hizo en la Catedral de Caracas. O a la plaza para quemar la bandera americana. O al parlamento a tratar de linchar a Ernesto Alvarenga y a José Luis Farías, que son dos diputados del MVR. O a la Universidad a caerle a palos, piedras, tiros y puñaladas a los periodistas y a los opositores. Es que esa es la línea que da el ideólogo, es la política que diseña y practica el supremo líder. Ella dijo en una ocasión: “a mí me toca hacer el trabajo sucio de la revolución”, pero hasta ahora nadie ha visto a nadie haciendo el trabajo limpio de esa revolución. Ese sí sería un caso digno de reseñar. Una versión de Lina Ron que va a misa, que habla decentemente, que recoge a los niños de la calle, o a los ancianos abandonados, los lleva a un albergue para darles comida y bañarlos, y cosas así por el estilo, de carácter humanitario, de sensibilidad social, que de seguro ganaría muchos adeptos y podría, entonces sí, decirse que hay una revolución bonita y de amor. Pero allí no hay quien enseñe esto. Nada bueno se puede construir con gente así, con pensamientos así. Allí no hay espacio para la bondad ni para el amor. Garrote y mierda es la consigna de la Revolución con Ron.

* Periodista

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