Opinión Nacional

La revolución flexible

El vocablo flexible, según el DRAE, tiene las siguientes acepciones principales: a) «que tiene disposición para doblarse fácilmente»; b) «que en un enfrentamiento se pliega con facilidad a la opinión, a la voluntad o a la actitud de otro o de otros». Se ha consultado el diccionario debido a que el vicepresidente dijo que la Constitución es un texto de contenido flexible. Lo opinión fue transmitida en cadena nacional, mientras quien calificaba así a la Carta Magna hablaba ante el alto mando militar y se permitía alusiones al Tribunal Supremo de Justicia, cuyos magistrados deberían pronunciarse en breve sobre cómo solucionar el predicamento de un jefe de Estado que no puede iniciar la función de gobierno que le pertenece legítimamente y tiene períodos precisos de inicio y culminación. Como se sabe, el presidente de la República se encuentra fuera del país, sin posibilidad de regresar ni siquiera para levantar la mano ante los poderes que confirman la pureza de su mandato concebido sin pecado. Como se supone, quien no está no puede cumplir con una obligación que solo su persona puede atender en propiedad, a menos que deje un reemplazo ajustado a las regulaciones y a las costumbres mientras cesa el impedimento que lo mantiene en distinta y alejada latitud. No se puede aquí, debido a la impericia del escribidor, considerar el asunto desde el punto de vista legal, pero una aproximación a la lógica de un espectador común no sólo puede detenerse en la gravedad de la afirmación del vicepresidente, sino también en los problemas que tendrá la oposición para evitar que se imponga la tesis de la flexibilidad.

Los tribunales y los abogados existen porque los códigos pueden sujetarse a interpretación. Eso lo sabe cualquiera que deba presentarse ante una corte para proteger sus derechos. Es un asunto de todos los días, que cualquiera puede vivir en cualquier momento. Pero las interpretaciones no se realizan según el deseo de quien las solicita, ni tampoco de acuerdo con el capricho o el talento del litigante. Existe un contenido básico en torno al cual no se permiten las especulaciones, mucho menos la posibilidad de que la causa dependa de la voluntad de uno de los intereses involucrados en el proceso, como se desprende de la generalización efectuada por el DRAE cuando explica la existencia de objetos y situaciones flexibles. El destino de las querellas que dependen de la aplicación de regulaciones conocidas y establecidas es habitualmente predecible, si las aguas no salen de su cauce porque alguien se propuso el encuentro de senderos que no figuran en el mapa usualmente previsible de los códigos. De lo contrario, las sentencias formarían parte del reino del capricho. De lo contrario, la arbitrariedad suplantaría a la justicia. Es evidente cómo se facilita el encuentro de un ardid en una coma mal puesta, en un detalle perdido en los estatutos, pero de allí a sugerir la existencia de unaflexibilidad predominante en la Constitución hay mucho trecho.

Tal y como se ha batido el cobre en Venezuela durante la última década, los poderes establecidos estarán de acuerdo con la opinión del vicepresidente. La Constitución es flexible, dirán los votos aplastantes de la Asamblea Nacional. Ya el alto mando militar estuvo de acuerdo con la tesis de la flexibilidadconstitucional, si juzgamos por la respuesta del ministro de la Defensa ante la interpretación de quien hablaba a los oficiales desde Miraflores. La Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, pero también la unanimidad de los magistrados, jurarán que no existe en la República un texto másflexible. Presenciaremos, por lo tanto, la proclamación de un texto correoso y plegadizo, la aclamación de unos artículos blandos y plásticos, la religiosa sujeción a lo que deja de ser preciso para convertirse en papel plegable y doblegable. Lo curioso del caso radica en el hecho de que la oposición solo pretende que se coloque al presidente de la Asamblea Nacional -esto es, a un prominente líder del oficialismo- en la cabeza del Estado, mientras retorna el propietario al ejercicio cabal de sus atribuciones y obligaciones. Lo curioso del caso es que lo mismo pensó el presidente Chávez, antes de viajar a Cuba para someterse a cuidados médicos. Lo curioso del caso es que está sucediendo algo muy curioso cuando una organización hasta ahora rigurosa e inflexible se convierte en partidaria de la plastilina, después de calificar de malvados y malditos a quienes sólo desean que el máximo representante del parlamento dominado por el oficialismo haga el paseíllo y dirija la lidia mientras regresa el espada de turno.

Nadie sabe qué puede suceder ante la insólita actitud del oficialismo. Pero, en especial, nadie puede calcular la magnitud del reto que tiene la oposición en un teatro tan inexplicable para quien ve los toros desde la barrera de sol. Los poderes a los que apele le dirán que está equivocada y que están impresionados por su ignorancia. Si insiste en su conducta de apego a los artículos de la bicha -mejor calificación no le cabe ahora- será mayor la tempestad de los improperios. Si espera a que el oficialismo profundice la tesis de la flexibilidad hasta la frontera de la locura, topará con la impaciencia de los talibanes. Nadie sabe cómo hará la oposición para no volverse flexiblesin perecer en el intento.

 

 

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