Opinión Nacional

La revolución se hunde en la corrupción

Lord Acton dijo que “el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Esa frase cobra plena vigencia en la era de la “revolución bolivariana”. Las ambiciones de Chávez, de gobernar sin ningún tipo de contrapesos y controles, han generado un grado tal de impunidad que, cualquier funcionario del Estado hace, literalmente, lo que le da la gana, sin sufrir ningún tipo de consecuencias.

Los organismos encargados de vigilar a la administración pública no cumplen ninguna función de examen ni de comprobación del gasto gubernamental. A nadie le importa la manera desvergonzada como desaparecen los dineros de todos los venezolanos. Nunca hay responsables.

La mejor demostración del marasmo en que se encuentran la Fiscalía y la Contraloría General de la Nación, ha sido patentizada, de manera dramática, por la respuesta dada por el fiscal Isaías Rodríguez, con respecto al bochornoso caso del maletín con 800 mil dólares, dejados a la carrera en Buenos Aires, durante la visita del presidente Chávez a la Argentina: sencillamente las autoridades venezolanas no tienen nada qué investigar, aun cuando hay varios funcionarios de PDVSA involucrados en el escándalo.

Las respuestas de altos jerarcas de la revolución, reflejan de manera directa el grado de desmoralización y descomposición del proceso revolucionario bolivariano-chavista. Mientras el caudillo redentor de los desposeídos recorre América Latina exportando su “fabulosa” y antiimperialista revolución, sus seguidores hacen de las suyas, desvalijando al país.

¿Representan Antonini y sus secuaces, al hombre nuevo, proclamado a mandíbula batiente por el teniente coronel? ¿Resulta PDVSA el mejor ejemplo de cómo se administra (roba) el patrimonio nacional? ¿Porqué existe tanta impunidad? ¿A caso por la madeja de complicidades elaboradas finamente por los nuevos “bolirevolucionarios”? Ante todos estos cuestionamientos, Chávez, reacciona como el avestruz, sencillamente esconde la cabeza, hasta no realizar su programa Alo Presidente, del domingo pasado, para no enfrentar al humilde e ingenuo pueblo venezolano. Esto significa, por decir lo menos, que el Presidente de La república es cómplice, por omisión, de la ola de corrupción que sacude a la revolución bolivariana.

En estos tiempos se habla de 800 mil dólares como si fueran conchas de maní. Mientras tanto los sectores populares siguen pasando penurias y miserias. Resulta una sonora bofetada a la gente decente que estos sinvergüenzas, con patente de corso, le enrostren a la sociedad sus bienes mal habidos, su libertinaje administrativo. Nada pasa en este país, todo se oculta. La culpa es del imperialismo yanqui y de los medios de comunicación, así de simple. Todo forma parte de una conspiración para acabar con el gobierno de los “pobres”. Con Chávez manda el pueblo… ¡Yo te aviso!… Con Chávez mandan los choros camisa roja, más nadie…
La corrupción y la podredumbre en el manejo de los bienes públicos minan las bases de cualquier régimen. De nada valen los golpes de pecho y las palabras huecas preñadas de severas advertencias. La revolución se hunde en la putrefacción complaciente. El festín continúa… no se sabe hasta cuando… En algún momento, tal como ha pasado en otros países, le gente reaccionará.

El proyecto chavista está herido. Ha entrado en una etapa de contaminación que podría ser terminal. La moral pública está por el suelo. La mística inicial desapareció. Los prohombres de la revolución se aprovechan para delinquir cobijados en la fuerte retórica revolucionaria. Para desgracia de Chávez los problemas de miseria y pobreza se multiplican. ¿Cuánto más durará esta costosa farsa? Amanecerá y veremos…

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