Opinión Nacional

La santísima terquedad de nuestro pueblo

Una vez más me atrevo a escribir, con la incertidumbre de si lograré, o no lograré, convencer a los que me lean. Y es así, porque empiezo a sentir que voy siendo calificado de optimista iluso, romántico, e incluso de individuo inmerso en un mundo fuera de la realidad. Y todo por mi terco convencimiento de que la protesta popular de Venezuela tiene orígenes profundos, que nacen de un proceso legítimo que ha tomado varios decenios de madurez y experiencias acumuladas. Hoy los venezolanos, y mas que nadie las venezolanas, están conscientes, políticamente conscientes, de que este enfrentamiento no sólo toca al gobierno de turno sino que representará, de una vez por todas, el ascenso a niveles quizás mucho mas modernos que los de las tan alardeadas y tradicionales democracias que el mundo disfruta hoy.

Digamos que divago y que mi análisis esta preñado de deseos propios, personales. Digamos que lo que quiero comunicar sólo me atañe a mí y a mi propia necesidad de interpretar un hecho que en realidad le correspondería, por derecho, a muchos más.

Digamos que ésta fantasía, es como un cuento de hadas de esos que cuando niños acompañaban los minutos anteriores al sueño redentor.

Vamos a soñar:

Después de mas de cuarenta años de democracia, por fin, llegó el redentor Hugo Chávez, que como en reencarnación de libertador universal nos está mostrando el resultado doloroso e inevitable de nuestros pecados del pasado.

Es Hugo Chávez, por ende, ese ser que como el anticristo nos hará recapacitar por las liviandades de nuestros pecados anteriores. Es éste, y su régimen, el mal necesario que nos llevará al último resquicio de nuestras culpas; así como para ayudarnos a limpiar las suciedades acumuladas durante tantos años de malsano transcurrir, de errores a conciencia y de abulias inconscientes.

Gracias Chávez por abrirnos los ojos y dejarnos vislumbrar nuestros pecados. Ya los hemos visto y queremos recapacitar. Déjanos trascender ese dolor y pagar esas deudas tan históricamente comunes entre los humanos.

Pero no pretendas cobrarnos con la misma moneda que nos llevó a tus tenazas. Pues sería así como decir que tu claridad se tornase en ese mismo oscuro camino que pretendes eliminar.

Danos la libertad que no teníamos y no la confisques aún más para satisfacer tus propias necesidades de libertador. Deja que crezcamos en esa responsabilidad que decidimos que queremos enfrentar; permite que probemos esa necesidad para así librarnos de nuestros posibles pecados pasados, déjanos pensar y analizar las posibles soluciones y ayuda a crear el clima necesario para que el diálogo redentor se haga presente, para que así podamos dialogar con los presuntamente oprimidos por nosotros. Ya que nunca sabremos si fuimos nosotros o si fueron ellos, con su abulia, los culpables de nuestra aciaga realidad.

Nosotros somos la clase media. Esa clase que le da la identidad a las sociedades establecidas, tanto aquí como en Cuba o en Corea del Norte. Nosotros somos aquellos que durante años nos hemos levantado a las cinco de la mañana para atender nuestros trabajos, aquellos que quisieron tener mejor nivel de vida y tomaron un crédito bancario para comprar una vivienda, aquellos que pagamos rentas, impuestos y compramos automóviles a crédito, aquellos que consumimos para que la rueda de la economía interna genere bienestar con su movimiento. Aquellos que no necesitamos de las dádivas pecuniarias de los estados paternalistas. Aquellos que normalmente tenemos acceso a unos cuantos días de vacaciones por año y que generalmente los invertimos en visitar nuestros propios y vernáculos sitios geográficos y culturales. Aquellos que pagan para que sus hijos tengan una educación que les de una libertad económica y por ende una libertad económica a su sociedad. Aquellos que, como todos los otros, aman a su patria y no la quieren abandonar.

No nos abandones, Chávez, y ayúdanos a rescatar a aquellos que por diferentes circunstancias, quedaron fuera de ese excelso desarrollo. Ayuda a que el diálogo entre todos los que somos venezolanos pueda prosperar y nos ofrezca soluciones factibles y sin preferencias por ninguna de las partes. Tú, que muchos de nosotros te elegimos a causa de lo anteriormente expuesto, te pedimos que recapacites y nos ayudes desde ese pedestal que te ofrecimos en democrática acción.

No nos traiciones, ya que el tiempo nos ha dado ya fuerza y claridad sobre los derechos que nos corresponden, pero que aún no queremos utilizar en toda su intensidad.

Eso no te lo podrías perdonar ni a ti mismo, ya que habrías traicionado a tu patria, a tus principios libertadores, y a esos principios sacros de la necesidad de concordancia que pueda crear el consenso entre todos esos venezolanos que quieren y necesitan concordar.

Hugo Chávez, yo me llamo Liko Pérez , y soy un venezolano más, que como tantos otros y en esta agraciada y multicultural sociedad que nos depararon las ínclitas acciones de los hombres del siglo 18 y 19, duda, en conjunto a una gran mayoría los venezolanos, que usted esté consciente de la universalidad multicultural que conforma la Venezuela de hoy, de que usted esté consciente de quienes son los que conforman éste amplio grupo que día a día sale a las calles a gritarle que oiga.

Oiga el clamor de esta parte de la sociedad que usted no quiere reconocer, que usted quiere extirpar; y que en la más de las más abominables posturas, nacidas posiblemente de sus escondidas frustraciones, a usted calificado hasta de racista y apátrida. Vergüenza le debe de dar esa debilidad.

¿Quién es venezolano Chávez? ¿Será un indio puro? ¿Pero de qué tribu o de qué localidad? ¿Será algún descendiente de aquellos andaluces y canarios que llegaron con y después de Colón? ¿Serán aquellos negros que después de la conquista llegaron con su fuerza y con pasión sembraron nuestros suelos patrios con ricos cafetales y nos dejaron su son? ¿Serán aquellos inmigrantes o exiliados que salvaron sus vidas en esta tierra compasiva y pagaron sembrando sus semillas y esperanzas en este suelo que también es hoy su nación? ¿Es usted verdaderamente un vernáculo venezolano? ¿O es simplemente que usted es el que va a decidir la verdadera “venezolanidad”? Definir esa excelsa venezolanidad no traidora a esa patria quijotesca ,y no por quijotesca mediocre, que usted abandera. ¿O se olvida usted que más del 70% de esta patria es café con leche?

Es feo eso de utilizar la genética para decidir los que tienen derecho. Y parece que esa tentación fascista ha estado muy cerca de su desesperada necesidad.

Hugo Chávez, piense que su poder está limitado a la voluntad de la mayoría popular y que el tiempo será cada vez mas corto a causa de que éste, el tiempo, se alimenta de la debilidad que produce su propia ceguedad.

Déle a nuestros sueños un alivio, alivie esta necesidad de comprensión que requerimos. Ya que no hay pobres ni ricos en nuestro país que merezcan ser desoídos.

Aproveche las circunstancias que lo han colocado en esta transitable posición de poder, para crear consenso y salidas solidarias para todos.

De lo contrario, cuente usted con la mas férrea oposición que usted pueda imaginarse. Y aténgase a las consecuencias que usted, con su hasta ahora obtusa posición, le crea y le impone a aquellos pobres engañados que, sanamente necesitados y ciegamente esperanzados en sus dádivas de todo poderoso, lo apoyan y lo siguen, en esta carrera vertiginosa hacia el fracaso y la destrucción.

Le pido al gobierno actual de Venezuela, que no empuje a su líder Hugo Chávez a la ignominia histórica de desconocer a la totalidad de la patria.

Hugo Chávez, le pido a usted que se aleje de aquellos que lo alejan de la totalidad; no nos abandone en nuestro sueño de una Venezuela para todos. Ya que no lo queremos a nuestro lado como padre, sino más bien como compañero de tránsito en este discurrir histórico que nadie puede ya parar.

¿O será, como creo haber vivido en noches de pesadillas torturantes, que ya es tarde para usted Sr. Chávez, y que la historia decidirá?

En ese caso, no quiero que llore usted otra vez como lo hizo hace poco en La Orchila; ya que ésta vez las necesidades imperantes de esta mayoría maltratada, lo desoirá de la misma manera que usted hace y lo obligará, al igual que a todos aquellos que se creyeron libertadores y no lo fueron, al frío olvido de nuestra historia.

Chávez, si hay otro camino: ¡ se hace camino al andar!

(*): Estocolmo, enero 2003

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