Opinión Nacional

La selección del candidato alternativo al gobierno

De arrancada hay que decirlo de nuevo: salir del autócrata bananero que nos gobierna, requiere del concurso de todos los convencidos del grave peligro que está representando aquel para la democracia venezolana y sus libertades. Sin duda, el proyecto colectivista desquiciado que adelanta nos está conduciendo a una tiranía empobrecedora, caótica y guerrerista.

Pero ninguna fuerza política, en las condiciones actuales, tiene la capacidad, por sí sola, para cumplir con esa tarea inaplazable. De allí que sea necesario recomponer las fuerzas democráticas con miras a la estructuración de un alternativa de poder no coyuntural y que trascienda incluso el evento electoral por venir, pero interviniendo en él para propulsar esta corriente de recuperación de la democracia; provista ésta, obviamente, de un discurso y una propuesta de gobierno que vaya al encuentro de las aspiraciones más sentidas de los sectores mayoritarios de la población.

¿Y cómo llevar a feliz término esta tarea?
La respuesta no es otra que la de construir esa fuerza alternativa, utilizando los mecanismos democráticos que aún quedan, para eficazmente desalojar del gobierno a la calamidad que tenemos por tal. Pero la tarea no es nada fácil
Ciertamente, la división al interior de la oposición es un serio problema. Por otro lado, los márgenes de maniobra con que ella cuenta son estrechos. En Venezuela, Montesquieu fue “enterrado”. Todas las instituciones están al servicio del proyecto ideológico de los bolivarianos. No obstante, aún hay posibilidades, con el concurso de la Venezuela democrática, de avanzar, siendo las elecciones de diciembre una oportunidad para ello.

Poniendo de lado el importante tema de bajo cuáles condiciones ir a esas elecciones, para la cuales se han planteado unas exigencias, el otro asunto que atañe a los actores políticos que van a disputarle a Chávez el poder, es el de la escogencia del candidato unitario.

Para ello, hay varias modalidades. Entre ellas están: un acuerdo político de los involucrados; las primarias; las encuestas; una elección de segundo grado, y la decantación natural de las pre-candidaturas.

En abstracto, ventajas y desventajas tienen todas, unas más, otras menos. Pero en concreto, y a luz de las circunstancias, unas serán más convenientes que otras. Sobre este punto no puede haber dogmas, ni posiciones inflexibles, ni principistas a ultranza.

No por ser o parecer más “democrático” o “participativo” un método, hay garantía de que sea el ideal para el momento en que se propone y los fines que se persiguen. Un método muy democrático, visto en términos sólo numéricos, no necesariamente nos lleva al mejor resultado.

Por otro lado, una candidatura acordada en un conciliábulo de líderes de partidos y otros factores, tampoco es garantía de éxito, ni puede ser lo más conveniente en determinadas circunstancias. Sin embargo, no es descartable a priori. Este tipo de acuerdos pudiera convenir, pero si no incorpora al mayor número de actores, podría también desembocar en un fracaso.

De las encuestas ya sabemos lo que son, quizás sean un buen método para saber hacia donde van las preferencias, pero no hay que olvidar que son una fotografía de un momento. ¿Estaríamos todos dispuestos a aceptar su veredicto? En todo caso, podrían acompañar a otras vías de escogencia, como un elemento adicional.

Sobre la decantación natural de las pre-candidaturas, no hay mucho que decir. Depende del tiempo de competencia y del valor que cada una de éstas dé a su presencia en el escenario electoral. Es una vía que puede también ir paralela a los otros métodos.

Dicho lo anterior, y como lo ha observado acertadamente el Grupo La Colina, tales métodos deberían pasar por el tamiz de los criterios siguientes: es inclusivo o no, es democrático o no, es costoso o no desde el ángulo político, está blindado o no frente a manipulaciones de extraños, es costoso económicamente o no, y su aplicación fortalece o debilita a la opción opositora.

Empero, lo más importante, e independientemente del que se elija, el método ideal es el que los actores convengan de manera consensual, con base en un acuerdo previo, no sólo sobre este punto sino sobre la estrategia general que adelantará la fuerza alternativa. La garantía de éxito está allí, en ése compromiso responsable que deberán acatar, respetar y cumplir de manera leal todos los actores involucrados. Si se acuerdan las primarias, bienvenidas, si es una decantación lo pactado, muy bien; si al final e método es un acuerdo político amplio de partidos, candidatos y otras organizaciones, que así sea; lo determinante es que estén de acuerdo todos los factores y lleven adelante la decisión sin complejos y con entusiasmo.

Discutamos el tema, démonos un tiempo, claro que corto, y reúnanse los interesados a la brevedad. Y por último, evitemos los off side.

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