Opinión Nacional

La Tolerancia y la Carta Magna

Por siglos pensadores han tratado de definir, y estudiar el concepto de la tolerancia. La interrogante central ha sido cómo lograr que los seres humanos convivan entre sí. Esto es, como convivir en paz, sin discriminación, armonía y respeto por quienes actúan y piensan distinto o simplemente, los que “no son como uno”. El concepto y la manera de reaccionar ante la diversidad ha evolucionado, hay matices de tolerancia y sin duda cada día, por lo general, somos los seres humanos más tolerantes ante la variada gama de valores y rasgos que caracterizan a unos de otros. Pensemos por un instante en la magnitud de encuentros y relaciones diarias a que nos sometemos. Cuantas realidades no nos gustan pero las soportamos. El hombre de la sociedad moderna tiende a sobrevivir tolerando. Aprendemos a ser mayoría y a vivir en minoría. Podemos convivir entre tolerar y ser tolerado.

La tolerancia de los individuos se demuestra cuando se practica y no solo cuando se habla de ella. Es precisamente una muestra de coraje la capacidad que se tiene ante cualquier circunstancia de la vida en sociedad, cuando se es capaz de aceptar que se está en minoría en el conjunto de la sociedad en que vivimos. La verdadera prueba de que se es tolerante es cuando se está en mayoría, precisamente porque es cuando el individuo no esta en la obligación de demostrar tolerancia. Las sociedades tolerantes son aquellas capaces de convivir con lo contrario. Los individuos tolerantes son aquellos que antes que confrontar quieren aprender como son los otros.

Ello puede ser con resistencia o sin resistencia, pero precisamente moderar las resistencias es parte de la capacidad de demostrarse tolerante. Las naciones que han intentado ser más homogéneas en el tiempo en cuanto a conformación racial, cultural, social, ideológica económica y política han demostrado ser las sociedades más intolerantes, por ende generan conflicto y a largo plazo son las más frágiles en cuanto a su sobrevivencia. Hay sociedades que no han sido toleradas por otras y estas a su vez son también intolerables en la medida que son mayoría ante otros grupos.

A diferencia de otras épocas, estos tiempos cada vez nos señalan más claramente que la diversidad de espíritu no contradice la capacidad de vivir armónicamente y en paz. Forzar las conciencias hacia un pensamiento único provoca en el tiempo la inconsciencia social y la generación de los conflictos. Reconocerse en la diferencia es una garantía para la coexistencia. Es por ello que la base de sustentación de la tolerancia no puede soportarse solo en la evolución de las conciencias, si no en las leyes, el ordenamiento jurídico.

En el caso de nuestra Constitución, desde el preámbulo se resalta el carácter tolerante de los principios que deben regir nuestra coexistencia cuando señala como un fin de la República establecer una sociedad democrática…multiétnica y multicultural. La búsqueda de estos fines no se pueden alcanzar sino existe un proyecto de sociedad tolerante. En artículo dos establece la pluralidad política la cual es inalcanzable cuando una sociedad no es tolerante. Cuando en el artículo tres nos demanda la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto de su dignidad, una vez más nos da un mandato hacia la tolerancia. Así mismo, cuando en otro de sus artículos prohíbe todo tipo de discriminación por razones de política, edad, raza, sexo o credo o por cualquier otra condición, nos da un mandato muy diáfano a tener un altísimo nivel de respeto. La Carta Magna no requiere mayor interpretación en cuanto al espíritu que guio a los legisladores con relación a esa materia. Es allí donde reside la fuerza que busca construir una gran nación. Sin Tolerancia no lo podemos alcanzar. En estos tiempos un estado se hace fuerte con la diversidad. Más que con la homogeneidad, la heterogeneidad. Así lo entiendo

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