Opinión Nacional

La trampa del miedo

Como no le ha funcionado la trampa de la paz, el gobierno intenta ahora con la trampa del miedo.

Como en aquella canción de Billo, estamos inmersos en una ola de «rumores que van, rumores que vienen, cada vez peores».

Yo vivo en Maracay, y muchos amigos de Caracas me llaman para saber qué pasa en la segunda guarnición militar del país:

-Me dijeron que los tanques ya salieron y vienen hacia Caracas.

-De aquí no ha salido ningún tanque.

-¡Pero me acaban de asegurar que ya van por la Avenida Las Delicias!
-Espérate, que yo estoy entrando a Las Delicias.

Recorro Las Delicias de punta a punta.

-Ni un solo tanque.

-Los F-16 están sobrevolando Maracay.

En efecto, ha habido vuelos nocturnos. No sé si de F-16, porque no los distingo, y la mayoría de las veces sólo los escucho. Pero la noche en que mis amigos caraqueños aseguraban que el sobrevuelo era una realidad, en Maracay era físicamente imposible que algún artefacto volador estuviera en el aire, pues la tormenta eléctrica que teníamos sobre la ciudad era una de las peores que he visto.

-¿Tienes luz?
-Sí, si tengo luz.

-Qué raro, porque me informaron que Maracay está en tinieblas. Y la próxima ciudad que va a quedar a oscuras es Caracas.

-En mi casa hay luz, pero déjame asomarme por la ventana a ver si en otros sitios hay luz.

Me asomo en la ventana, y veo luz hasta la orilla del Lago de Valencia.

La campaña de terror que se ha sembrado tiene a la población en un estado de angustia que en muchos casos raya en la paranoia. El Vicepresidente habla de que hay que evitar a toda costa la guerra civil. ¡La inmensa mayoría de los venezolanos no queremos guerra civil!. Entonces, ¿por qué se habla de guerra civil? ¿Será para que la gente piense que es preferible calarse a Chávez que matarnos entre nosotros?

Por Internet circulan comunicados de comacates y sacasoles, unos a favor y otros en contra del gobierno, que le quitan el sueño hasta al más tranquilo. Ambos aseguran que van a luchar «hasta la muerte», para defender sus posiciones. ¿Es que llegamos al punto de no retorno, de que nuestras diferencias haya que resolverlas a tiros?

No se puede vivir en un país dominado por el miedo, cada minuto a la espera de que algo terrible suceda. Hasta los niños más pequeños perciben la angustia que se respira en el ambiente. Y como en el cuento del lobo, cuando las cosas pasen, nadie las va a estar esperando.

No me puedo conformar con que la única salida sea la confrontación violenta. Tiene que haber una salida pacífica. Chávez sabe que puede propiciarla, y sin embargo hace lo contrario: insulta, arremete, amenaza. Tiende la trampa del miedo, pues cree, equivocadamente, que el miedo es lo único que puede sustentarlo en el poder. Por ahora.

Porque con miedo no se sostiene un gobierno, ni se construye un país.

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