Opinión Nacional

La trampa – revolución

El rasgo mayor de este ex-país es la convulsión cada vez más extendida y profunda. Esta sociedad tiene una historia con un permanente registro de enfrentamientos. Hemos pasado de un modo de producir y vivir a otro portador de mecanismos e instrumentos diferentes en su forma, pero similares en sus bases y fundamentos. Y esto rige materialmente para el mundo entero. Este es tal vez el drama de mayor alcance en la historia de lo que se conoce como humanidad. Cambia en su forma el orden social, pero permanece su fondo-esencia. En este sentido, las leyes que rigen las diferentes épocas históricas no son esencialmente opuestas.

En cada uno de esos “tiempos”, rige la ley de la propiedad-acumulación-desigualdad. Una pequeña parte de la sociedad se mantiene en base al trabajo de quienes “no tienen nada que perder más allá de sus cadenas”. Riqueza frente a pobreza, con la única misión de producir, gracias a las bondades de quienes mueven las relaciones esclavistas-feudales-capitalistas-socialistas-trasnacional-globalizadoras.

En ese cuadro ¿tiene vigencia-espacio-realidad la llamada ley de la lucha de clases como motor de la historia? ¿En verdad la sucesión de modos de producción ha sido un avance hacia una historia sin clases? ¿O estamos ante una historia de destrucción del hombre? ¿Cómo caminar hacia un verdadero hombre y una Historia completamente apartada del propietario-acumulador-explotador?

¿Tendrá que producirse una revolución de revoluciones para que esto ocurra? ¿Qué y cómo es eso que se llama revolución? ¿Es la historia de lo que se conoce como humanidad una sucesión de guerras por la ganancia-acumulación y de revoluciones para transformar la sociedad para que siga con vida el espacio de y para las desigualdades? ¿Han contribuido las revoluciones a conformar las llamadas transiciones del modo de producción de las desigualdades al solidario y sin espacio para la propiedad?

Al presente, la revolución se plantea como una especie de gran trampa fabricada por una teoría política que se propone servir de base para la creación de una maquinaria que enfrente al reino de la injusticia. Sin embargo, la “práctica revolucionaria” a la fecha, ha dejado con vida y buena salud, al factor desigualdad que ha asumido puesto predominante en la historia del hombre que aún no es.

¿Y cómo han actuado hasta ahora ‘las revoluciones’? Se ha intentado destruir por la violencia el orden vigente para implantar uno nuevo. ¿Pero dónde está este orden nuevo del hombre en verdad humano? ¿Qué revolución creó la sociedad de la justicia, la libertad, la igualdad, el amor, la belleza? ¿Qué revolución parió al hombre que ya no necesite de una tal revolución para sentirse y ser hombre? ¿Seguirán muriendo millones de hombres en nombre de las revoluciones llamadas a reivindicar a un hombre que hasta hoy sólo puede aferrarse a la esperanza? Y en el caso de este ex-país, ¿se seguirá alimentando una “revolución atípica” que ni sus promotores saben qué es ni de que se trata?

Plantear hoy una revolución, en atención a los fracasados esquemas, es algo que corresponde a los fabricantes y usufructuarios del pasado. Y esto es lo que aquí existe: suma de pasado más pasado, atraso más atraso. ¿Y qué puede salir de todo esto para la conformación de un verdadero país donde se produzca para la vida y no se actúe, simplemente, en términos de sobrevivir en un contexto donde lo único garantizado es la infelicidad, cuando no la muerte de la mayoría de la sociedad?

El jefe único de la ‘revolución bonita-bolivariana’ acaba de dar otra de las tantas demostraciones de lo que es ‘su revolución’. No me sacarán del poder con ningún RR. Y a renglón seguido refirió los cambios militares que hará para dar mayor seguridad a su empresa. Acomoda más y mejor su sus fuerzas para que aumente la capacidad de fuego que será utilizada en caso de que ‘el golpismo’ atente contra la revolución que ha venido, al fin, a reivindicar al soberano. De la trampa del RR no podrá salir ninguno de los frentes opositores y sus respectivos candidatos. La revolución, al modo de la continuación del gran fracaso que a tantos dejó en la espera de futuro, está hoy construyendo más pasado para hacer más presente el ex-país.

Estos ‘héroes’ ni siquiera advirtieron la necesidad de redefinir lo revolucionario, ni replantear la necesidad de una nueva teoría revolucionaria, con empuje suficiente para superar los fallidos caminos e instrumentos teórico-prácticos del pasado. Este movimiento queda, simplemente, como un aporte más para el fracaso. Difícil el panorama. ¿Cómo avanzar hacia la verdadera humanización del hombre? ¿Cómo replantear lo que se conoce como teoría revolucionaria, con miras a conformar la doctrina para una sociedad del futuro? Esa es la gigantesca tarea que nos aguarda.

(*): Site del autor: (%=Link(«http://www.historiactual.org»,»www.historiactual.org»)%)

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