Opinión Nacional

La universidad podria salvarse

Aun para el más desprevenido de los lectores el título, además de establecer una posibilidad, hay en ella un reconocimiento, probablemente marcado por el  cristianismo, la idea de salvación que implícita lleva la noción, digo con exactitud, en principio de la salvación,  hay reconocimiento de que  se está en pecado.  Es pues, un reconocimiento de lo real, la universidad está enferma, en peligro, cuando menos, pero, el condicional del verbo, a la par preestablece unos limites, podría, es igualmente el enunciado de una  posibilidad.  Y, obvio, es reconocer que es el propio ser de la universidad enferma en sí misma el que  está en riesgo, pero que puede salir de él.  El título, pues, reconoce el estado de insania de la universidad, de su mismidad enferma, pero dado el contexto, la acción del gobierno de Hugo Rafael, en adelante HR,  es simple, sus propósitos hegemónicos absolutistas le imponen domesticar a la Universidad, hacerla acrítica y mas aun, subordinarla,  hasta convertirla en su mas absoluta negación, la sumisión, el servilismo, y más,  la imbecilidad. 

            En muchos de mis textos, ensayos, etc. hemos tomado el tema que otros han elaborado, tantas veces muy mucho mejor que yo. Sea pues un reconocimiento a tanto sabio, filósofos, sociólogos, etc. que han reflexionado en el mundo sobre el mundo de la universidad. Desde mi cascarón vaya un reconocimiento al maestro Mayz Vallenilla que, con fuerza, abordó años ha este tema. Antes que él,  uno de sus mas reconocidos sabios que bien pudo marcarlo, Heidegger, la habría motivado y  en fin, sin mas,  la cuestión ha estado entre quienes creen que la universidad ha muerto, o esta muriendo, que ya no tiene espacio ni rol que jugar y quienes,  opuestos,  la auguran larga  vida.  Este tema mundial se complicaba  tanto mas cuanto se  creía, y no sin razones de buenas apariencias, que las empresas científico tecnológicas, por razón de su objeto o de sus necesidades, desplazaban la investigación de la  universidades hacia su universo externo.  Para bien de la humanidad, los hechos probaron que nada de esto era cierto, que la universidad es ya inmortal. Ruego al  lector que me perdone esta simpleza, pero baste la breve información para que nos ubiquemos en el tema, aquí adentro.

Asumo, pues, que la universidad está enferma gravemente enferma. Esta, la nuestra. Y, como se infiere,  su ser está enfermo. La expresión más evidente de ello es su atraso con relación a sus pares del mundo académico mundial. Nuestras universidades, ninguna, soporta la evaluación y valoración que periódicamente hace la  UNESCO. Ni una sola de nuestras universidades aparece en ese “Rankin”.  Solo dos de América latina, la UNAM y   una universidad de Brasil, cuyo nombre exacto se me escapa. Cfr. Informe Unesco/ Pekín.  Esta gravísima enfermedad es curable, si y solo si, SUS PROFESORES, su inmensa mayoría sean científicos de primera línea. La ridiculez del componente docente es una infamia al pensamiento,  a la práctica científica, es una aberración. En efecto, la única manera de que la docencia sea buena, eso cuando menos, ha de ser ella misma  la objetivación  de procesos  de investigación, de creación y no, como ocurre, que la llamada función docente lo copa todo, casi todo, como mera retórica o discurso obsoleto. Saber enseñar todo sin saber de nada es el esquema.  Sin jerarquía, pero va la segunda. La identificación política pública, la del universo externo, del país, con la universidad,  y, por lo tanto, la asunción de la democracia como práctica  política, en función de los intereses de poder etc., aniquiló el  pensamiento científico, la creación artística, y degradó la autonomía. Esta perversión tiene su soporte legal en la intervención criminal de Caldera a la universidad, al modificar la ley de universidades del 58 y permitir que la Realpolitik  se apoderara de ella, como en efecto hizo, y las exigencias para ser autoridad universitaria cedieron a la voracidad de los partidos, grupejos, “personalidades” etc.,  La razón critica, ética, de la academia se sustituyó  por la  práctica de los intereses de poder.

Esta basura permite que sea rector un analfabeta disfuncional, un doctorcillo  titulado en meses, y con el peso que a los “sabios” da el poder, o la endogamia, etc. Se  permite la perversa reelección y la elección por escalas. De decanos vitalicios, de allí a secretario, a vices… a rector. Y ello conduce inevitablemente a una crisis moral, la idoneidad se sustituye por las relaciones de poder, del mercadeo, del cuánto hay para eso. Concursos académicos dejan paso a la concupiscencia del poder. No ingresan académicos, entran votos. En los llamados PPI, cuanta irregularidad. Unos, los buenos, maestros, pocos son; otros los muchos mas, para zafarse de la carga docente  y para coger la prima. Y la homologación es un premio a la ignorancia, a la pereza y un  castigo a la creación.  El descuido al patrimonio cultural, artístico, científico  cubre todos los espacios, en muchas de nuestras universidades. La inseguridad adquiere muchas veces carácter  de negocios o se tolera por el cúmulo de intereses de poder en juego. El voto convertido en mercancía. Ah, Señor, y si evaluásemos a las facultades, su organización, su estructura académica, etc.  sin jerarquizar,  la mas alta burocracia de universidades del mundo. Los empleados y obreros son mayoría que los profesores, en proporciones alarmantes.  Los jubilados son una inmensidad ante los profesores instructores, asistentes…, en fin, reitero mi ya vieja sentencia, en la universidad un teorema vale menos  que un voto y un poema carece de valor.  Por si esto fuese  poco, la universidad no cumple las funciones que la ley de universidades impone,  “buscar la verdad” y orientar al país.  Y esto tendría que hacerlo, gústatele  o no a HR. Y hacerlo como lo manda la ley, con rigurosa cualidad científica y orientación ética.  Sus grandes luchas quedan reducidas a “presupuesto justo” y   defensa de la autonomía. Y autonomía no para la libertad de creación, de investigación, de pertinencia, sino, fundamentalmente como garantía para el ejercicios del juego del intereses que la ajustan y adaptan a ese juego. 

La práctica histórica dice que las instituciones no se corrigen por sí mismas y menos la pueden corregir quienes las han  degradado, degenerado, pervertido. Entonces, el necesario cambio no puede estar  en manos de rectores, vices, decanos, etc. que han hecho del poder su forma de existir, de vivir. Tampoco puede estar en las garras dirigentes gremiales vitalicios, que viven del  y son poder, y, obviamente, no lo puede hacer el consejo universitario, devenido desde Cadera hasta esos tiempos, no en consejo de reflexión, de sabiduría, sino en espacio de acuerdos en función de las relaciones de las hegemonías políticas y grupales que controlan la vida de la universidad. De organismo superior devino en centro de negocios que, sin escrúpulos, legaliza monstruosidades como permitir a las autoridades asesores, que además de ser una sangría para el presupuesto, son realmente su equipo político más cercano.  En el caso LUZ, los guisos por encima de la ley en la construcción de la edificación Colorama y la pérdida de centenares  de hectáreas, inmoralmente entregadas a D’ Martino y a HR, que la ironía llama Urbanización Domingo Bracho.   Y ni una sanción, solo se escucha el silencio que hace del delito su hábitat. Y he aquí que, entonces, pareciera  legitimarse la  muy “caca-riada” constituyente universitaria y  razonable pareciesen  todos los controles que el ministerio de educación  perfecciona para ejecutarla.

 Pero, las propuestas de HR y su desafinado, estridente pero eficaz combo son para la destrucción por razones, unas, inherentes a las relaciones antagónicas entre los fines, intereses de cada gobierno con la especificidad de la universidad. Otras, propias del dogmatismo político del chavismo.  En efecto, la universidad, aun esta, así enferma, pervertida, tiene como su fin superior buscar la verdad, y esta es incompatible con el poder, así éste pueda someterla a sus dominios, la contradicción sigue hasta  imponerse la verdad.  Así entonces, la libertad de pensamiento, de critica, de métodos, la libertad, en una palabra, es consustancial, es esencial a la universidad, mientras  la fuerza, la violencia, son el modo de imponerse el gobierno, y cuya cualidad, dicen que dijo Antonio Castejón, repito, cuya cualidad democrática se mide por sus relaciones con la universidad autónoma. Esta es una contradicción inherente, insuperable, entre la universidad y todos los gobiernos. Pero, lo es mas, cuando como en el caso, el proyecto que sustenta  la ideología del gobierno es la voluntad del césar ignorante, dominado por la aberración  de que para construir su socialismo se debe crear un hombre nuevo y esto pasa por destruir  cuanto de viejo existe,  al hombre mismo y, obviamente, a sus instituciones  fundamentales. Esta criminal tesis que sustituye a Gramsci por Giordani, niega la función  de la ciencia, de la critica, de la ética, del arte,  de la historia en el desarrollo y devenir humano, y se devuelve a una primitividad  de un paraíso que nunca, por lo demás existió, donde  la pureza humana vive en la miseria y es la miseria la garantía de su existencia. No hay reconocimiento al individuo y el ser social queda reducido a un anónimo abúlico o, en el mejor de los casos, a un idólatra. Que hay que ubicar al hombre en la miseria extrema, para, por no tener nada pueda vivir sin nada.   

La desgracia histórica es global. La MUD no tiene mejores ideas, si a eso se puede llamar ideas. En efecto, su defensa a la universidad autónoma  no va mas allá de  su sacralización al modelo Caldera-Copei-AD.  Y ello ocurre porque la MUD juega a la obsoleta tesis de reducir la democracia al juego de intereses de poder, al voto como la forma idónea de selección, de elección, convirtiendo a la Democracia en un mito ahistórico y  ello impide  el ejercicio ético, cualitativo de la democracia, como praxis social, como el desarrollo abierto de la  sociedad y  francamente, aquí sería bueno decir, no importa si lo dijo antes Marx… a cada quien según sus capacidades… La MUD dice, a cada quien según los votos y habilidades.

Queda entonces qué hacer para salvar a la Universidad.  Se que esos que la han destruido seguirán cada uno en su empeño de culminar su obra. Buena parte de la respuesta es combatirlos a ellos, a ese  monstruoso modelo de anti-universidad que se ha ejercido dentro de la universidad y fuera de ella se estimula, se riega, se abona. Ya eso seria un inmenso avance, pero, así como hoy se aferran por buenas razones en la defensa de la Constitución vigente, una buena lucha será la defensa de la Ley de Universidades, a esta vigente, pese a la reforma Caldera en su totalidad,  preservando de lo positivo que guarda  la del 58, es decir, y retomando lo que echaron,  los principios éticos, académicos de  Ley del 58,  que formularon De Venanzi, Pizanni,  Sanabria, Cuenca…

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