Opinión Nacional

La vaginataria

La centralidad que adquirió el vergatario en el discurso oficial, hace apenas unos meses, demanda que lo analicemos desde la semiología y la comunicología. En el plano de la denotación podemos decir que el objeto vergatario es un teléfono móvil de tecnología asiática, ensamblado en Venezuela por la empresa mixta naciente Vetelca, con una participación nacional del 85% y un 15% de inversión china (ZTE). Esta fábrica está ubicada en la zona franca de Paraguaná, en el Estado Falcón. Movilnet será la operadora encargada de distribuirlo a nivel comercial. El teléfono cuenta con una cámara de video sencilla, alarma, despertador, calculadora, juegos, calendario, mensajería de texto SMS, radio, MP4, animaciones y se puede utilizar como nota de voz, cronometro y linterna. El día 13 de mayo de 2009, día de las Madres, el vergatario fue lanzado a la venta a un precio de 30 Bs. F.

El término vergatario proviene de verga, del latín virga. Según el Diccionario de la Real Academia de La Lengua, verga significa pene, arco de acero de la ballesta, vara, palo largo y delgado. Además, en Venezuela, es sinónimo de vergajo, es decir, de la verga del toro, que después de cortada, seca y retorcida, se usa como látigo. No obstante, tanto el objeto vergatario como el término vergatario son metáforas recargadas de significaciones socioculturales.

En el plano de la connotación podemos decir, que verga alude fundamentalmente a una sociedad androcéntrica, machista, donde se relaciona la masculinidad (hegemónica) con el máximo poder y fortaleza, y la feminidad, con la debilidad, entre otras características, supuestamente negativas. Si tu eres hombre (sic), es decir, heterosexual, mucha gente te dirá que “eres un pipí pelao”, “eres un g…”. Además de fuerte, eres astuto e inteligente.

A pesar de los casos de impotencia y de que la mayor parte del tiempo el pene se encuentra en estado flácido, el miembro genital masculino se asocia a la firmeza de su erección. Apunta hacia el cielo como las iglesias góticas.

El objeto vergatario vibra como los miembros vicarios o dildos. A pesar de su tamaño, como la mayoría de los teléfonos móviles celulares, puede ser potente en sus ejecuciones. Suele resguardarse en los bolsillos, cerca de los testículos, como lo está el órgano sexual masculino originario. Es decir, el objeto vergatario es también metonímico, porque establece una relación semántica por contigüidad.

Vergatario está ligado al poder no sólo por su asociación con el órgano sexual masculino y una sociedad falocentrica. No es cualquier verga. Si por su precio y por el uso de este término coloquial, posee un carácter popular; vergatario, con el sufijo tario añadido, es una verga que tiene las características de un dignatario.

No obstante, las palabras no sólo significan, ni operan exclusivamente en un plano semántico. Según Austin, los términos no sólo dicen, también hacen. El lenguaje no es inocente.

En nuestro país, muchos hogares de los sectores populares cuentan con la historia de un padre ausente, irresponsable, machista, que ha abandonado a su prole, y en consecuencia, la mujer ha tenido que acerarse en las frías siderúrgicas de las urbes para poder asumir múltiples roles de manera simultánea. Pues bien, el vergatario le espeta lo contrario. Su lanzamiento el día de las Madres, la humilla y la azota con un látigo verbal y digital, porque le desconoce su papel en la historia cotidiana popular venezolana. El vergatario oculta el precioso papel de las vulvas, esa humedad tibia y entrañable del nacimiento, ese sabor a pomelo y ese olor que tiene la grata impureza de la vida misma. Es la mejor y más rica de las metáforas, que describe de manera sobresaliente Don Rodrigo Martínez Andrade.

En nuestras familias matricentradas y atípicas, el vergatario borra de una sola vez, el encomiable papel de la mujer venezolana y se lo asigna a un señor ausente, mucho más débil en el fondo. Venezuela será otra cuando se diseñe un modelo de celular denominado La vaginataria, en una empresa mixta de dos países libres y democráticos. Sólo así nos alejaremos de los agujeros negros y profundos de Latinoamérica.

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