Opinión Nacional

¿La vida no vale nada?

Quien responde por un venezolano, que desinteresado de la política, dedicó su vida al trabajo para que su hijo o hija tuviera la oportunidad de emprender un proyecto de vida acorde con sus sueños. Quien responde por los sueños de una madre que educó, mantuvo y luego llevó a la universidad a sus hijos. Quien responde por los sueños aplazados por cualquiera de nuestros jóvenes. Quien responde por los hogares destruidos. Por las familias disueltas. Quien responde por el cementerio de sueños en que se ha convertido nuestra sociedad venezolana.

Sietes años de revolución. Siete años de destrucción. La tarea de remodelar una casa habitada, debe hacerse tomando en cuenta que quienes la habitan son seres humanos, no es posible echarlos a la calle, para que luego de culminado el proceso de remodelación, la habiten otros. El principio de la perfectibilidad de la sociedad evita caer en la tentación de la sociedad perfecta, para llegar a ese nivel de perfección social es preciso ir apartando lo que no sirve o lo que sobra, pero en este mundo cuyo orden natural es determinado por una conciencia universal en donde no tiene acceso a la decisión el género humano, quien puede sustituir a Dios o a esa conciencia universal para determinar quien sirve o quien no sirve.

El misterio de la vida no ha sido resuelto. Todos venimos al mundo sin haber sido previamente avisados y nunca decidimos en donde ni cuando íbamos a nacer. Esa condición nos iguala a todos en cuanto a derechos naturales. El ser humano no puede alterar el orden natural de las cosas, de manera que el igualitarismo es otra tentación que nos conduce al mismo proceso depurativo que no es otra cosa que la violación de los derechos humanos. Ningún ser humano puede asumir el rol de Dios para alterar el orden natural de las cosas. La presencia de Dios o de esa conciencia universal que determina nuestra condición humana nos garantiza derechos naturales a todos por igual, de donde se deriva el principio de la dignidad de la persona humana, el bien común y la justicia social.

Siete años de revolución es un proceso depurativo de nuestra sociedad, en donde el derecho al trabajo, a la vida, a la libertad, a soñar y a la dignidad, está relacionado con el nivel de compromiso que cada venezolano asuma con el proceso revolucionario. La revolución está por encima de todo, incluso del mismo orden natural de las cosas. Quien firmó está excluido. No existe. Queda al margen de los beneficios del estado venezolano. La oposición no existe.

El proceso de remodelación de nuestra sociedad está en proceso. Hasta tanto no culmine todas las etapas del proceso revolucionario, en Venezuela, la vida no vale nada.

El Papa Benedicto XVI advierte «si desterramos a Dios, la dignidad humana también desaparecerá»

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