Opinión Nacional

Lance Armstrong, la Magdalena…lecciones de ética

A HJ, al padre José Gregorio, a mis hijos  y a sus hijos: la verdad es la única manera de preservación  ética.

 “viví una gran mentira”  “pasaré el resto de mi vida tratando de enmendarme y disculparme” “vi a mi hijo  defendiéndome y  diciendo: Eso no es cierto.  Lo que están diciendo de mi papá no es cierto·  fue entonces cuando  supe que tenia que decirle la verdad” L Armstrong

Hace algún tiempo el joven HJ, me hizo una delicada pregunta, “¿de haber usted podido escoger el tiempo y lugar de su nacimiento, cual habría sido·”?  Di una respuesta inmediata, que luego de  reflexionar sobre ella,  me vi en la  obligación de escribirle Respuestas fáciles a preguntas difíciles Sábado, 14 de julio de 2012.  (64.207.147.4).  La cualidad de la respuesta no se si satisfaría  tan agudo talento y,  en su empeño de indagar sobre la complejidad de la vida, nos formuló una nueva,  no menos complicada,  a mí y a su abuela, una docente de inagotables méritos que la merecieron la calificación de Maestra por muchos destacados discípulos, hoy académicos de renombre,   nos dijo, “¿ustedes qué es lo que mas aman y lo que más odian”?  Confieso que la prudencia, dada su pregunta anterior y lo complicado que me resultó dar una respuesta que satisficiera su intuitiva curiosidad científica, filosófica, me comprometí a escribirle con más cuidado. En principio, le advertí, que mis opuestos son la verdad y la mentira.  Reconociendo, como ahora hago, que mi amor por la verdad no significa no haber mentido y, menos, que un mentiroso alguna vez no diga verdad,  en esto asumo la sentencia de Santo Tomas, “toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo”. (Suma Teológica I-II)   si el Santo sabio me permite, de la mentira puede decirse lo mismo, solo que  estaríamos obligados a construir la sentencia de este modo: Toda mentira, dígala quien la diga, viene de Satán.

            Estas interrogantes, desde luego, no son casuales,  son producto de su  talento y de la formación que se forja en su ejemplar hogar,  templo donde la educación se hace en la verdad, la fe, el amor, la ética, la sabiduría, la honestidad, honradez, el trabajo y en la pulcritud que ilumina el espíritu, sin opacar la limpieza reluciente de las cosas. Herencia de valor de inequívoca cepa,  conservada sin máculas en toda la familia, su mamá a la cabeza en quien andan desnudas la pureza, la lealtad, la transparencia. Pues bien, a riesgo de muchos errores, intento responder a tan complicada y delicada interrogante, con el ánimo, más que de una respuesta conclusiva, dejar una ventana abierta y que  todos podamos  ver en ella y cada quien pueda mejorar las inquietudes  que este texto expresa.  Tanto mas porque nuestro mundo, el hogar,  la casa, la ciudad, el país, el tiempo y espacio donde vivimos, mas que estar en crisis por vacío de valores, suele decirse mucho, sino, perdónenme este abuso, creo que tal vez  sería mejor  establecer que, en lugar de estar en crisis, esta realidad  tal como es, es  la crisis en sí misma,  como si fuera el magma de la sociedad toda, como si cada uno bebiera de ese magma o algo así como el caldo primordial de donde viene toda esta manera de ser y hacerse la vida que  hoy vivimos y destruimos.

            Un hecho de trascendental importancia  me permite iniciar la posible respuesta con un dato, un ejemplo  universal y, en un viaje por algunos otros  donde se pone en evidencia muchas otras cosas que sobre la humanidad siempre pesan, que oscilan entre la verdad y la mentira, y que, de alguna forma, estamos en condiciones de verificar, de probar o  de hacer inferencias verdaderas. Partamos de la situación de Armstrong.  Como toda la humanidad sabe,  ha sido  condenado de manera absoluta a la más alta de las penas, la vergüenza, el escarnio, a la maldición de una pena que sobre él pesa y alcanza a toda su familia, hasta  las generaciones venideras si no lo borran de la memoria porque, tal como a Caín, MINTIÓ ante Dios, a su familia, a la humanidad.  Se le expulsa de la fundación  anticancerosa Livestrong, (Live-strong) que él mismo había creado, para contribuir al tratamiento del cáncer testicular que  padeciera. Lo echan de su propio “paraíso”, para mantener la bíblica manera.  Se le despoja de todos los premios alcanzados como ciclista, desde luego, los más importantes, haber  conquistado  7 veces el Tour de Francia,  el más famoso del mundo,  y se le expulsa, de por vida, del ciclismo.  La única causa,  haberse dopado y de ese modo haber podido tener la fuerza física suficiente para realizar semejante proeza. 

Toda esta información véala mejor en la entrevista que le hiciera Oprah Winfrey  a la cual hay sencillo acceso.  ¿Fue esta una confesión personal del ciclista? ¡Pues, No! fue una sanción, una condena que surge de la presión,  de la acusación de la opinión pública, dicho de otra manera, si el delito, el pecado, se hubiese quedado en privado, el atleta no habría cometido delito, pecado alguno. Delito: consumir la droga. Pecado: mantenerlo oculto y, aun peor, MENTIR para negar ese hecho.  Así pues, si la “prudencia y el silencio”  hubiesen sido la cama y el cubrecama de este hecho,  Armstrong  seguiría siendo  héroe.  En la obscuridad, en lo oculto navega bien escondido el crimen.

            Pero, detrás del uso de las drogas para este fin (o drogas para todos los fines) hay empresas cuyo negocio nada tiene que ver con la ética, sino con la avaricia propia, inherente a ese negocio, negocio que se  vincula, a su vez, con un problema  aun mas complicado, se trata de la conducta humana  misma, que en esta era mas compleja nos ha inducido a  alcanzar el éxito. Como puede verse, el uso voluntario de su consumo, se vincula a la “necesidad” de éxito que tiene quien compite y, sin riesgo a la afirmación, para lograr éxito no hay ni moral,  y menos ética, lograrlo a como dé lugar es el camino.  El fin es el éxito, los medios, cualquiera que lo haga posible y su uso sin escrúpulo alguno, el éxito es el valor, la meta. El éxito es el piso del Poder,  y el poder puede comprar indulgencias, virtudes, mujeres, hombres, amantes, complicidades, celestinas, prudencias, silencios.  Demos un paso más. Detrás del “deporte ejemplar” de esos inmensos tour y otros de la misma especie,  están quienes patrocinan tales eventos, cada patrocinante hace un negocio de eso.  Para el caso y sirva de ejemplo, solo al conocerse que el ciclista era culpable, perdió 75 millones de dólares que le pagaban por ser “actor” protagonista  de la publicad que  atrae compradores. (Piense en Messi, Rolando, los tenistas célebres,… pero no verá  a premio nobel alguno en tales “menesteres”. Tema especial sobre  publicidad y ética para otro momento)    

            Estos hechos de la publicidad, del comercio, del poder, son  aceptados como normales, legales, legítimos, salvo que se den casos que, como este, ponen  la ineticidad al descubierto. Pues bien, el caso Armstrong se inscribe en todo eso, que va desde la inducción psicosociológica, al uso  de cualquier  medio para obtener  éxito, hasta el estímulo a la vanidad humana, satisfecha por el placer que provoca tenerlo.  Cada una de estas etapas requiere estudios específicos, pero sea suficiente verlo para creerlo. ¿Qué  ha hecho Armstrong, una vez descubierto?  Al principio MENTIR, declarase inocente, negar haberlo cometido, luego, una vez descubierto,  asumir el valor de la verdad  como respuesta, como la única posibilidad de la cual dispone para reivindicarse ante  sí mismo,  ante sus hijos, ante la sociedad, ante la humanidad.  Y entonces, confiesa, “viví una gran MENTIRA”,  “pasaré el resto de mi vida tratando de enmendarme y disculparme”  y para librarse de ese estigma ante sus hijos, señala con el peso del remordimiento y con el valor del arrepentimiento, “vi a mi hijo defendiéndome y  diciendo: Eso no es cierto.  Lo que están diciendo de mi papá no es cierto  fue entonces cuando  supe que tenia que decirle LA VERDAD” y  reafirma ante ellos, “si algún niño dice algo no me defiendan, solo digan, mi papá lo lamenta” (negritas y mayúsculas mías).

¿Qué fue necesario  para que la verdad apareciera? La indagación para llegar a la verdad, que es siempre un acto público, la mentira es siempre un acto privado. Intimo. Pero  la tragedia de la mentira, a pesar de su origen “privado”, es el cómo nos afecta a todos publica o privadamente.  Qué daños o ventajas hace a quien la comete,  a la familia, a la sociedad. Lo privado pasa a tener efectos públicos, daños al otro, los otros.  Por Principio y por praxis de la vida humana desde siempre y para siempre,  la verdad  hace digno, bueno, transparente al ser humano, la mentira  lo degrada, lo destruye,  aun cuando, como es el caso, con su empleo, su uso, se haya adquirido  éxito,  y con el dinero que lo sustenta, reitero con  Shakespeare, la prostituta puede ser honrada, el ladrón un señor, la adúltera venerable dama, que comulga el domingo, hace obra de caridad, promiscuidad en cama, y…

            ¿La conducta humana ha sido siempre así? ¿Ha predominado  lo sinuoso, lo oculto  y que la verdad solo se ve cuando se derrumba el crimen, el pecado, el delito, en fin, lo encubierto?  Miremos un poco más allá, mucho más lejos, como desde el comienzo.  Como sabemos la prostitución ha sido  un oficio, dicen el mas antiguo, y en algunas sociedades muy avanzadas hoy se busca  legalizar y legitimarla como profesión. El fundamento, la economía de mercado y la libertad que se afirma conlleva, vender el sexo como otra mercancía. El acto sexual, que no la prostituta, se hace mercancía.  Bien público que se adecua a las superiores leyes de mercado. Ah, pero, entonces, aparecen los problemas éticos y morales.  Una inmensa mujer trató este tema, poniendo la verdad al descubierto: “… ¿o cual es más de culpar aunque cualquiera mal haga al que peca por la paga o el que paga por pecar?”.  (Redondillas.  Sor Juana Inés de la Cruz)  Detengámonos en esto, la pregunta induce a una reflexión ética para su respuesta, no se trata como pudiera mal verse de relativizar la ética, no, en ambos caso, la poeta es clara,  el pecado es el pecado, pero la mayor culpabilidad está en la conducta de los actores. El que paga delibera su pecar, quien cobra reduce su acción a su necesidad.  En medio de la tragedia que es inherente a la prostitución,  en sor Juana queda claro algo mas, descubrir la verdad y descubrir la verdad es condición para salir de toda situación de pecado. La prostitución es pecado público, circunscrita al placer del comprador, pero la prostituta ejerce su oficio de modo honesto, carece del propósito de hacer daño, quien va a ella está en el ejercicio de su libre albedrio y ella no oculta su función, es honesta con relación a sí  misma y con  su cliente,  a fin de cuentas,  en cambio,  el adulterio es mucho mas grave, es acto íntimo, oculto, obscuro, con la voluntad del placer de sus actores,  a consciencia del mal que se hace a los demás,  de ser descubierto, a la familia, hijos, refugiándose en la mentira propia del engaño taimado, calculado, programado. Pecado mortal que constituye un acto de soberbia, se reta a Dios, negando su mandato que reiteraba siempre “no cometerás adulterio” y se cambia la ética por la lujuria y la concupiscencia.  Ex 20:14.  Y Jehová dispuso la muerte, como final castigo para ambos, Dr 22:22-24.  Y en Pr. 6: 32-35 se establece sin ambages:”… el que hace adulterio está arruinando  su propia alma”.

 ¿Qué tiene en común esa práctica con Armstrong? Ser  un acto oculto, calculado, predeterminado, que no mide efectos, que embriaga a sus actores con el satánico placer del sexo como éxito. Que es el ejercicio de la mentira  para la justificación de lo perverso. En el editorial de Tal Cual del lunes 21 se advierte sobre el adulterio a la patria, la extensión es válida, efectivamente,  pues deliberadamente, en nombre de la revolución,  se entrega nuestro patrimonio espiritual, parte de nuestros bienes económicos, y sobre todo, la dignidad, la dignidad,  con el avieso propósito de garantizar la  salvaguarda del proceso, asumido como medio para llegar a la felicidad del socialismo. Se miente para justificar la entrega al amante cubano.  Y el mentir es necesario a todo adulterio, de donde  de manera mas amplia, se creó el verbo adulterar,   se adultera un producto, un objeto, las cosa, las  ideas, con el fin de  beneficiarse  los adúlteros en maleficio de los consumidores. De sus víctimas, diríase  en el plano moral.

 Un contraejemplo que  pudiera interpretarse como una justificación de usos de drogas, de espurios medios para alcanzar el éxito, en el mercado, en al sociedad, en la cama, nos llega como la prostitución y el adulterio desde muy lejos en el tiempo. Cuando se iba a apedrear a la Magdalena,  por sus variados pecados eróticos, el adulterio uno entre muchísimos, con sus siete demonios dentro de ella (Juan 8:3-11)   Jesús dijo: El que esté libre de pecado que lance la primera piedra,  Mateo 19:12… y una expresión no menos importante  reza desde siempre: El error es humano.

            Eliminemos los problemas de la ley judía y de la romana, pues, si a Cristo se le hubiese ocurrido condenarla o exculparla, en cualquier caso, habría sido condenado  bien por violar la ley judía, el derecho a apedrear a las adúlteras, bien la romana, pues no tenía  legalidad para “sentenciar”. Entonces, ¿quien no ha tomado “droga”? ¿Quien no ha mentido por alguna  circunstancia para salirse de un apuro, y más, para alcanzar el éxito? Y ¿cuándo un humano no ha tenido errores?  Pues bien, la verdad está allí. Hemos pecado, errado, se ha disfrutado sin escrúpulo alguno el adulterio, pero,  la comprensión de Jesús fue sencilla, mas que perdonar a la Magdalena, que lo hizo, mas que librarla de  sus siete (7!) demonios, que lo hizo, no exculpó el pecado, pero advirtió sobre la sanción  definitiva a quien  continúe o incurra en él consciente de cometerlo,  pero con el perdón a la Magdalena, a partir de ese hecho,  Cristo  fue mas lejos, llamó  a la reflexión.  Reflexión  crítica para vernos y revisarnos dentro. Para saber que somos y qué somos, para desnudarnos de la hipocresía.  Es la asunción comprometida tras la  búsqueda de la verdad, lograrla es la consciencia de lo ético.  La mentira es  hipocresía vestida de virtudes, de glorias, de éxitos. Santidad en la iglesia, orgía en el motel. En cuanto a asumir el error como normal, tal visión, es simplemente una autojustificación, en cierto grado es la legitimación del delito y la excusa permanente al delincuente. 

Quizá, HJ, no alcancé las mejores propuestas, pero quise presentar hechos y en cada obra que hagamos nos  reconocerán y sabrán lo que somos, quienes somos,  de modo que a partir de ellos procuré mostrar  el camino para pensar  que la verdad y la mentira son opciones humanas, condicionadas, no causadas,  como bien ha dicho una bella sentencia: Satán siempre anda al lado de uno, a Dios hay que buscarlo.  Su casa es el templo donde está la respuesta. La palabra allí es palabra de Dios o su búsqueda plena. El dialogo con su mamá, su familia será mas fecundo y mas  completa la verdad porque se podrán mirar a los ojos, alma y espejo del alma.

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