Opinión Nacional

Las dos mitades

Si corta una naranja en dos mitades, es difícil saber cuál es más grande que la otra, porque a la vista parecen iguales. Cuando se escucha el discurso oficialista, es evidente que actúan como si hubieran sacado el 60% o más de los votos, pero la realidad está presente en cada rincón del país y en comparación con el 7-O perdieron la brújula, su campaña fue desastrosa y el candidato opositor dio una lección de liderazgo; de allí que no quede más remedio que medir milimétricamente cada mitad de la naranja con el reconteo de las papeletas. Eso es lo sensato.

 

En el mientras tanto de una mini campaña electoral de 10 días, el oficialismo despilfarró a manos llenas una herencia enorme, perdiendo votos y motivación al centrarse solamente en el culto a la personalidad. Se confiaron en el control de todas las instituciones y en la diferencia descomunal que le daban las encuestas, aparte de los motorizados con armas largas y cortas que se desplazaron impunemente por la geografía nacional, testigos asistidos y los recursos del erario público. Por eso nos sorprende que reaccionen como ofendidos por la sospecha nacional e internacional, ante las denuncias por millares de irregularidades.

La presunta legitimidad se vino abajo y, pese a eso, la reacción de las autoridades es negarse al diálogo y amenazar con una etapa de radicalización del socialismo, a pesar de la crisis económica, inseguridad, la relativa estabilidad de los precios petroleros y la baja del oro que afecta nuestras reservas; todo lo cual exige acuerdos fundamentales con la oposición: devaluación, designación de las nuevas autoridades del Consejo Nacional Electoral (CNE), Corte Suprema de Justicia y contralor, vivienda social y crisis eléctrica. No entendemos por qué se rechaza revisar los resultados, que es un derecho de la mitad de la naranja que votó por el cambio y fue aceptado por el candidato oficialista públicamente. El gobierno pretende ganar perdiendo credibilidad y la oposición pierde ganando legitimidad, de allí que su futuro sea inmenso, ya que tiene un líder consciente, que exige cumplir con la Constitución y el sentido común.

Increíblemente el régimen armó unas elecciones como un traje a la medida: a toda velocidad en término de días, restregándonos las cadenas presidenciales y los recursos del Estado al máximo, controlando cualquier aporte empresarial a la candidatura opositora y el tiro le salió por la culata, aun con el caradurismo del CNE, al producirse innumerables conflictos que mostraron una grosera parcialización, todo lo cual sin lugar a dudas, provocó una reacción de rechazo en muchos votantes, que anímicamente se alejaron del gobierno: no fue una reflexión profunda sobre la gobernabilidad, fue intuición, corazón y obstinación frente al atropello.

Ahora se oponen al reconteo el CNE y las fuerzas que respaldan al régimen, mientras la gruesa línea de la razón impone la participación de los expertos de la OEA, los partidos políticos y la sociedad civil, porque la diferencia es mínima e infinitos los abusos. En el fondo de su corazón las dos mitades quieren conocer la verdad.

 

 

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