Opinión Nacional

Las fuerzas democráticas y su dilema de ¨Ser o no ser¨.

Como todo tiene su final, la dirigencia demócrata actual, en su mayoría corrompida hasta la médula y en consecuencia sostén principal del régimen CHÁVEZ-FARC, ve llegar el suyo propio. La inminencia de la presentación de postulaciones entre el 5 y el 12 de agosto, con miras a los comicios del 23N, va develando la flaqueza ética de nuestra dirigencia política, que ciertamente la inhabilita para conducirnos a la restauración de la constitucionalidad democrática en la República de Venezuela.

Como buenos rufianes, esta dirigencia nuestra, la que aún toleramos y apoyamos con indiferencia, se mimetiza según las etapas del régimen CHÁVEZ-FARC, teniendo siempre por norte su particular sobrevivencia en cualquier escenario, haciendo abstracción del efecto pernicioso que ello pueda tener sobre el colectivo demócrata que dice representar.

Si bien es cierto que la dirigencia política es fiel reflejo de los pueblos que le dan origen, no lo es menos el que tales sociedades pueden igualmente corregir; proceso este ha propiciar desde ya. El paradigma de los anti-valores políticos, presente en la sociedad venezolana contemporánea, claramente visible con el régimen CHÁVEZ-FARC, igual en nuestra dirigencia demócrata; se potenció con la etapa electoralista de una lucha que va para 10 años.

¿Será porque en tal ambiente, los vicios y anti-valores políticos tienen hábitat más propicio?, es posible. Pero en lo absoluto impide, el precisar y rechazar la abyección de sus variopintos autores.

Desde el año 2003 al presente, una de las canalladas políticas más conocidas entre la dirigencia demócrata, ha sido la inmoral consigna: ¨Si es contra CHÁVEZ vale¨. Tratando con ello de justificar alguna de sus tropelías, simulan entonces un escenario donde la naturaleza política del régimen CHÁVEZ-FARC oscile entre una democracia autoritaria y un totalitarismo demócrata, según la conveniencia particular del político rufián interesado.

Lo anterior, es ya un credo conocido, y no por ello asimilado por el pueblo demócrata venezolano, y así lo demuestra la tibieza popular ante la torpe propuesta. La tolerancia venezolana ante tal despropósito no configura aún eterna condena.

El camino sustentable y certero hacia la restauración de la constitucionalidad democrática en la República de Venezuela, continúa siendo el de los valores éticos como bandera de lucha. Persistir en la confrontación del régimen CHÁVEZ-FARC, bajo el conocido paradigma de los anti-valores, tal como hace nuestra mediocre dirigencia, no hace sino alargar la permanencia de un régimen que perdió ya su razón de ser.

No al chantaje, de quienes ufanados con su miseria ética, pretenden erigirse como única alternativa al régimen gobernante, cuando son por el contrario, garantía de permanencia y en el mejor de los casos, transición a lo peor.

Ante el escenario de los comicios regionales y locales, debemos exigir de los precandidatos y candidatos que se hagan llamar demócratas, un perfil ético-político acorde a las altas responsabilidades pretendidas, en el entendido que quien gobierna enseña, un auténtico paradigma, merecedor por ende del respeto y la confianza ciudadana.

Tal condición, tiene carácter sine qua non, si pretendemos contribuir a nuestra propia liberación. Continuar eligiendo entre una representación de anti-valores según los deseos del régimen CHÁVEZ-FARC, y su cómplice necesario: la dirigencia demócrata colaboracionista, seria, parafraseando al Libertador, reconocernos como instrumento ciego de nuestra propia destrucción. ORA Y LABORA.

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