Opinión Nacional

Las injusticias de una justicia mediocre, desbordada, incapaz e inútil

Aun cuando reconozco que hay temas más llamativos y de trascendencia de este que estoy abordando hoy, dentro del triste acontecer nacional, vengo a referirme a la pésima, deplorable y desastrosa administración de justicia que estamos padeciendo en el país, incrementando con ello obviamente la inseguridad individual, vía, la inseguridad jurídica, dejando desamparados a los ciudadanos, ricos , pobres, y de todos los estratos, miembros o no del Psuv, Primero Justicia o a los antiguos adecos y copeyanos. En los países donde no se cuenta con una justicia útil y eficaz, poco o nada puede esperarse del buen funcionamiento de los mismos, ni del respeto a los derechos humanos. Eso y no otra cosa es lo que venimos viviendo en esta pobre Venezuela desprotegida, desvencijada e incapaz de reaccionar. Los ricos, capitalistas, medias tintas de millonarios y los pobres infelices y mediocres socialistas nada han hecho ni han procurado hacer para sacarnos de este marasmo. A nadie le ha preocupado el aspecto del funcionamiento de la justicia y por eso el desamparo que hoy venimos transitando y padeciendo. No voy a exagerar para nada en la realidad de los relatos y comentarios que siguen a continuación, si no me creen vayan a los mal llamados tribunales o pregúntenle a cualquier abogado amigo, pues ahora hasta los que son malos e incapaces reconocen la indebida, insuficiente y deplorable justicia que estamos invocando alegremente es impartida en este país. Vaya Ud. a cualquiera de los tribunales de Municipio del Circuito Judicial de la Región Capital, reubicados ahora en el Este de la ciudad, disgregados, de los cuales se nos mantiene aislados a los profesionales, y ello a pesar de que el nuevo sistema procesal imperante impone, procura y exige la inmediación entre el Juez y las partes, esto es, para el lego, que el Juez debe y tiene que tomar contacto directo con la realidad de la verdad que se discute en el juicio, no a través de escritos fríos y ramplones, y mucho menos vía intermedio de una oficina de gestión que se ocupa de recibir y tramitar los documentos para cada uno de los órganos judiciales de ese circuito con la consecuencia de esperarse; tremenda galleta y dilación, imposibilidad de atender debidamente las urgencias y motivos por los cuales se litiga, en fin, se ha cambiado una justicia que siendo mediata, era medianamente efectiva, por una que se la tilda de inmediata, pero que cada vez separa más al juez del proceso que conoce y debe resolver. La paciencia del gremio de abogados o no tiene límites, o ha quedado totalmente neutralizada y anodina para que las cosas sigan marchando peor y con visos de que a cada paso sea más ineficiente e intolerante el vía crucis del proceso judicial. Esa es harina de otro costal que les prometo tocaré detalladamente en otro de mis artículos. Los abogados aparte de picapleitos, y embrolladores, ahora somos desorganizados, individualistas, egoístas y desinteresados de la realidad social que por bien o por mal tenemos confiada y cada vez más ineptos para hacer respetar nuestros objetivos y fines. Pero retomando el tema, no es sólo lo físico, incómodo, inapropiado e ineficaz que resulta la nueva organización material lo que provoca el indebido pseudo funcionamiento de la justicia, sino también la incuria, la falta de conocimientos, la tarambana e insensata que resulta la sabiduría judicial mínima y necesaria para la correcta administración de justicia. Por ejemplo en el mismo nivel de la Justicia de primer grado, en manos de los jueces de municipio, todavía a cargo de los viejos abogados formados en cinco años, pues tales calamidades no pueden achacarse a la imposible formación en el trienio bolivariano universitario, del nuevo sistema propuesto para tener más y más abogados y resulta que se quedarán espantados cuando vean como cada uno de esos órganos judiciales tiene un criterio diverso y cada vez más disparatero sobre un mismo asunto en torno a cuestiones de especial interés, como resulta cual sea la vía procesal aplicable a un caso concreto, tiene diferente interpretación en el órgano judicial que se encuentra al lado del primero nombrado, y así sucesivamente. Pareciera que esos adalides de la justicia consideraran que es mejor la variedad, que la uniformidad, la duda que la certeza en derecho y así mientras el primero de los jueces condena inadmisible esa demanda, el segundo, la admite sólo parcialmente y el tercero en cambio la interpreta correctamente conforme lo manda la Ley, Los fallos y sentencias y las barbaridades pronunciadas en ellos son tristes poemas y odas al disparate y al más craso desconocimiento del derecho. Debo terminar este primer acercamiento, o aproach como se dice deportivamente, sobre la injusticia de la justicia, pero créanlo o no, ésta marcha peor que el funcionamiento de la pobre Asamblea y ni que decir del Ejecutivo Nacional. Ojo digo lo anterior, como lo hace el Presidente, no para ofender a nadie en lo personal, sino desde el punto de vista de la función en que se desempeñan, de sus comportamientos como jueces, que no en su acontecer personal, pues parece que así no se incurre en vilipendio, ni calumnia, por lo menos a él se lo mantiene incólume de acusación alguna. El no ofende sino que observa o emite juicios de valoración abstractos, él no actúa mal, sino que es incomprendido. En fin espero con esto salvarme de la chirola, por andar hablando mal de la injusticia de cómo marchan las cosas de la justicia de un país insólito llamado ahora República Bolivariana de Venezuela, que definitivamente bien distinto resulta de la otrora Venezuela.

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