Opinión Nacional

Las mujeres son como las naranjas: una salen dulce, otras salen agrias.

Era la percepción que teníamos en los años sesenta y setenta de ese ser tan especial que llamamos mujer y que, gracias a la Billo, mientras las bailábamos les cantábamos la letra pegajosa del: ¡oye, oye, oye mamá!, ¡oye, oye, oye papá!, las mujeres son como las avispas, si la tocan vuelan, si la aprietan pican…Para esa época ya existían revolucionarias. Si, eran mujeres estudiosas, justas y respetadas y, al igual que las de ahora, no se maquillaban, pero si bailaban, caso de Argelia Laya, Ángela Zago y Pastora Medina en Caracas; en el Zulia recuerdo a las contestatarias Lida Franco, Esther Macias, Lolita Aniyar, Elsie Avelares, Maria Leal, Matilde Pitalúa, Laura Antillano, Mary Fula, Yolanda Pinzón, la Gocha Uribe, Esther Oses, y otras tantas que a pesar de la fiebre revolucionaria, razonaban y anteponían la justicia y los derechos humanos por encima de todo…Las nuevas revolucionarias. Algunas están ocupando cargos que quizás nunca imaginaron: el Tribunal Supremo de Justicia, la Asamblea Nacional, el Consejo Nacional Electoral, la Fiscalía General de la República, y la Defensoría del Pueblo. ¿Cuál es el propósito de que sean mujeres las que ocupen esos cargos? A lo mejor tienen meritos profesionales, identificación ideológica o lealtad con alguien; pero lo cierto es que están tomando decisiones vituperables que, como la de la jueza Calderón, generan rechazos y las alejan del buen referente que teníamos de las damas sin excepción…El propósito según Paulina Gamus. “… es colocarlas como carne de cañón el día que esta acumulación de miserias humanas, canalladas, atropellos cobardes, abusos, crímenes, burlas al pueblo, robos descarados y humillaciones colectivas llamada revolución socialista del siglo XXI (jamás la llamaré bolivariana) tenga que rendir cuentas. Pobrecitas ellas si tienen hijos, padres o hermanos, entenderán así lo que hoy padecen los hijos, esposas, padres y hermanos de los venezolanos a los que ellas han condenado a vivir en la exclusión, la persecución y la desgracia”…Evelin de Rosales. La corajuda esposa del perseguido político Manuel Rosales no se achanta ni se rinde, está en la calle, en las iglesias, en los medios, defendiendo a su esposo del acoso de los rábulas que intentan enjuiciarlo mediante un proceso turbio a todas luces… Carolina de Pérez. La primera dama del Zulia dice que es el momento para que las amas de casa, los obreros, los estudiantes, los campesinos salgan a defender la libertad en Venezuela. Dijo que nadie debe quedarse en su casa. “No estoy llamando a la violencia, estoy llamando a la reflexión. Lo que le está pasando a Manuel Rosales hoy, mañana te puede pasar a ti”…Milagros Socorro. “El punto es que Rosales y su familia (así como Baduel y su señora, apuntada en la cabeza por el arma de un funcionario de la justicia de la dictadura, en el momento de la detención de su esposo) son objeto de una implacable e injustificada cacería. Esa inmoralidad tiene curso delante de nuestros ojos, como si hubiéramos sido forzados a contemplar una violación sexual y, encima, se esperara que la aplaudiéramos. Esa vaina no”…Solidaridad con Manuel. Es lo que debemos tener para evitar que le ocurra lo que le ha sucedido a muchos dirigentes políticos y gremiales que después de haberlo arriesgado todo en esta lucha por la Democracia, quienes los invocaron a hacerlo y los instaban a seguir adelante casi ni se acuerdan del papel que ellos jugaron, ni les brindan ningún apoyo. Dentro del cuadro de las injusticias esto también es injusticia.

Ojala todos captemos la lección.

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