Opinión Nacional

Las muletas exógenas del desarrollo endógeno

A pesar de la retórica sobre un modelo de desarrollo «de adentro hacia afuera», los hechos revelan que la «revolución» nos está haciendo cada vez más dependientes, menos soberanos, y más subordinados a factores externos o exógenos. Por este camino el futuro cercano de Venezuela se parecerá al de una bananera petrolera.

El ingeniero Jorge Giordani, muy poderoso ministro de Planificación y Desarrollo, presentó al país en mayo de 2004 la llamada «Agenda Bolivariana para el Desarrollo Endógeno». El título del nuevo plan económico y social recordaba, por cierto, al del programa de campaña de 1997 y 1998: «Agenda Alternativa Bolivariana». Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, endógeno significa «que se origina o nace en el interior»; otra acepción es «que se origina en virtud de causas internas».

Sin embargo, luego de un año de su anuncio y aplicación, y después de los seis años y medio que lleva el régimen de Chávez, la situación del país va en la dirección francamente contraria. La ironía es máxima porque gracias al supuesto desarrollo endógeno, cada vez aprovechamos menos nuestro propio potencial y por lo tanto cada vez dependemos más de variables exógenas.

La dimensión petrolera

Lo más endógeno que tiene Venezuela es el petróleo que yace en el subsuelo. Pero la «cara del petróleo» que se está reforzando no es la actividad productiva sino la fuente rentística. El discurso oficial habla poco de inversión, tecnología, gerencia, industria o capital humano, y en cambio mucho de impuestos, tributos, reparos, gravámenes y sanciones. Pocas veces el conjunto del país había dependido tanto de la bonanza de los precios petroleros en el mercado internacional. La sola idea de que la cesta venezolana volviera a promediar los 16 dólares de la década anterior plantearía una situación inconcebible. Curioso, entonces, que el «desarrollo endógeno» esté tan indexado al WTI o al Brent.

Así mismo, nuestra principal empresa petrolera, Pdvsa, es una versión disminuida y desmejorada de aquella corporación industrial que tanto le costó al país construir y mantener. De acuerdo a los informes de la OPEP, ni siquiera puede cumplir la cuota de producción fijada por Viena. La reducción de la capacidad de Pdvsa viene siendo compensada por la actividad de empresas «exógenas» de Francia, China, Brasil, España, Inglaterra y Estados Unidos que, en virtud de la Apertura Petrolera de los años 90, se establecieron en Venezuela y en la hora actual están salvando a la economía real de un descalabro mayor.

Antes de que se proclamara el «desarrollo endógeno» era la propia Pdvsa quien comercializaba el crudo y sus derivados. Ahora intervienen una serie de agentes foráneos como el portal de internet «Alí Babá» y el website «eBigChina.com». En la medida que Pdvsa siga debilitándose en su condición de empresa petrolera, se hará menos competitiva y más vulnerable a los vaivenes de la globalización.

Más deuda y menos soberanía

Como los tributos petroleros y no-petroleros (Pdvsa y Seniat) no alcanzan para financiar el presupuesto del Estado bolivariano, entonces el ministerio de Finanzas acuerda nuevas emisiones de deuda externa, en dólares estadounidenses y euros europeos, que desde luego trata de colocar en los mercados financieros de Wall Street, Londres o Francfort. Ello no tendría nada de inusual si no fuera porque estamos en pleno proceso de desarrollo autóctono y anti-capitalista.

El economista Miguel Angel Santos ha señalado que «durante los años de Chávez la deuda externa ha crecido 18% y la deuda interna 350%». Según Santos «cuando empezó este gobierno el mono de la deuda venezolana era el 27% de la economía y el año pasado era el 40%». Ello significa que el monto de la deuda pública, equivalente en dólares, asciende hoy a 40 mil millones. Una realidad difícil de justificar en un período de mayores ingresos petroleros. Si en el quinquenio 1994-1999 la deuda externa se redujo moderadamente con el petróleo a 15 dólares, cómo explicar que en el sexenio 1999-2004 se haya incrementado significativamente con el barril por lo menos al doble.

Sólo por el muy exógeno boom de los precios petroleros a escala global, es que el déficit de nuestro presupuesto nacional (5.000 millones de dólares) y el aumento de la deuda pública no nos están llevando hacia los «tentáculos» del Fondo Monetario Internacional. Si fuera por el mero desarrollo endógeno ya estaríamos en el cartapacio de Rodrigo Rato.

Bienvenidas las importaciones

Cortesía de la «Agenda Bolivariana para el Desarrollo Endógeno», la producción nacional de alimentos viene cayendo de forma sostenida. Hiram Gaviria, con base a las cifras del Ministerio de Agricultura y Tierras, ha alertado que en 2004 se redujo en 20% la cantidad de insumos, en comparación con los volúmenes obtenidos en 1998″. Incluso aquellos rubros calificados como «banderas» son los que han registrado mayor contracción: arroz, caraota, palma aceitera, mango. La respuesta «endógena» no es estimular la producción interna sino las importaciones financiadas por el fisco o Pdvsa.

El Banco Central de Venezuela acaba de informar que la compra de productos fuera del país en el primer trimestre de 2005 aumentó en 72% con respecto al mismo período de 1999. El Estado continúa aumentando la importación de productos para la dieta diaria: pollos cariocas, caraotas caribeñas o carne gaucha. En muchos casos la compra se hacen a través de «traders» o agencias comerciales de la República de Cuba.

En este sentido, la importación de casitas prefabricadas de China o el anuncio del reflote de astilleros porteños o hispanos, tampoco suena mucho a desarrollo endógeno. Y es que hasta los nuevos uniformes de la Fuerza Armada Nacional los están trayendo del lejano Oriente. El reciente «refrescamiento» de la imagen de VTV, por cierto que harto millardario, fue obra de unos «creativos argentinos». En palabras de M.A.Santos: «el esquema de desarrollo endógeno que prometió el gobierno no se está cumpliendo, y lo que están haciendo es utilizar los dólares del petróleo para importar mercancía y así impulsar el consumo».

Es probable que lo menos endógeno de nuestro publicitado modelo de desarrollo sea la soberana autoridad de un gobernante extranjero, Fidel Castro, en las estrategias nacionales y regionales del presidente Chávez. Lo cierto del caso es que ya bien entrado el siglo XXI, Venezuela es menos productiva, más dependiente, menos soberana y más subordinada a sujeciones exógenas de lo que fue en casi toda la segunda mitad del siglo XX.

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