Opinión Nacional

Las pitonisas de Plinio

En estos mismos días (%=Link(«http://analitica.com/va/entrevistas/1152127.asp»,»Plinio Apuleyo Mendoza»)%) , quien conoce a Venezuela tanto como a Colombia, escribía que ni las pitonisas se atreverían a predecir que nos depara el futuro cercano.

Nuestro país se ha convertido en un reino de la incertidumbre. Todo es posible, incluyendo una confrontación violenta de dimensiones desconocidas. La caja de Pandora es el santo y seña del dominio político de Chávez.

No es para menos. En los últimos cuatro años Venezuela ha tenido tres sistemas constitucionales: el de 1961, la notoria transitoriedad y el derivado de la Constitución de 1999. Está a su vez cuenta con cuatro versiones distintas, y todavía el (%=Link(«http://www.tsj.gov.ve»,»TSJ»)%) no resuelve cuál es la legítima, que no la vigente.

Se han sucedido cuatro poderes legislativos: el Congreso de 1999, la Asamblea Constituyente, el «Congresillo» y la Asamblea Nacional. Van ya dos períodos presidenciales en menos de ocho semestres -sin contar el hiato de Abril–, y en la agenda pública se asoma una «enmienda» para permitir un tercer mandato.

Toda una maraña jurídico-institucional propia de una republiqueta decimonónica. Por si fuera poco, el régimen chavista es cada vez más arbitrario en una nación que ha logrado fortalecer, a contravía, su cultura democrática.

Una auténtica paradoja que honra la resistencia pluralista de la sociedad venezolana, al tiempo que configura una bomba de tiempo en proceso de estallar.

La llamada «revolución bolivariana» fue un espejismo que se nutrió en una democracia insatisfecha y protestataria, que se aliñó en la frivolidad política de algunos sectores poderosos, que se encuerpó en las circunstancias del desplome petrolero de 1998, y que cautivó a millones de votantes con la promesa de un paraíso mágico e instantáneo.

De ese espejismo sólo queda una montaña de escombros. La abrumadora mayoría de la población repudia la actual gobernanza. No tanto por valoraciones intelectuales sino por los ruidos del estomago.

Por primera vez en las ocho largas décadas de la Venezuela petrolera se ha producido el «anti-milagro» de un derrumbe económico en medio de un «boom» internacional del petróleo. Entre 1999 y el 2002, más de dos millones y medio de habitantes han pasado a ser nuevos pobres.

Pero más allá de los indicadores y estadísticas, es obvio que el país se encuentra atrapado en una megacrisis que puede desintegrar su centenaria convivencia pacífica. Aquella que comenzó autoritaria con el siglo XX y terminó democrática en casi toda su segunda mitad.

La demencia destructiva de este régimen marca el camino de la violencia. Lo reitera con frecuencia el presidente Chávez: «a veces la violencia política es necesaria para parir la historia»…..

A pesar de las pitonisas de Plinio, ojalá que los venezolanos seamos capaces de reconstruir un país mucho mejor a éste que se nos disuelve entre las manos.

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