Opinión Nacional

Las siete palabras

( Especial para Analítica) Entre los actos principales del Viernes
Santo en la celebración de la Semana Santa, está la difusión de las Siete
Palabras, (siete pequeñas frases), pronunciadas por Jesucristo en la Cruz,
poco antes de expirar.

Especial significación tiene en el mundo católico, el sermón de las Siete
Palabras, pues, es el recuerdo de los momentos de sufrimiento, que por
salvarnos, tuvo Cristo antes de morir en El Calvario.

SIETE CORTAS FRASES

Estando ya en la cruz, recibiendo ofensas y maldiciones de los soldados y
de todos los que pasaban y estaban en el sitio, Jesús se entregó totalmente
a la suerte que le esperaba, con la fe puesta en Su Padre, Dios,
disponiéndose a morir por la salvación del mundo.

Allí, con el letrero de las cuatro letras, INRI, (Iesus Nazarenus Rex
Iudaeorum) que constituía el señalamiento de que era Rey de los Judíos y
ante los improperios lanzados en el momento que lo colocaban en la Cruz, en
medio de dos ladrones, Jesús solamente alcanzó a pronunciar su perdón a
todos aquellos que le ofendían: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que
hacen. (Lucas 23.34).

Uno de los ladrones, el bueno, sintiéndose arrepentido de sus culpas y no
comprendiendo porque Cristo estaba allí, sin haber cometido falta alguna,
“Decía después a Jesús: “Señor acuérdate de mí cuando hayas llegado a tu
reino” y Jesús le contestó: “En verdad te digo, que hoy estarás conmigo en
El Paraíso”. Era casi mediodía y las tinieblas cubrieron todo la tierra
hasta las tres de la tarde” (Lucas 23. 42-44).

“Estaban al mismo tiempo junto a la Cruz, de Jesús, su madre, y la hermana
o parienta de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.

Habiendo mirado, pues, Jesús a su madre y al discípulo que él amaba, el cual
estaba allí, dice a su madre: “Mujer ahí tienes a tu hijo”. Después dice
al discípulo: “Ahí tienes a tu madre. Y desde aquel punto se encargó de
ella el discípulo y la tuvo consigo en su casa” (Juan XIX 25-27).

JESUS SE SIENTE ABANDONADO

Según los Evangelios, la cuarta palabra de Jesús, ya cerca de las tres,
constituyó la gran desesperación que pasaba por su mente, ante el
pensamiento de que Su Padre, Dios, lo había abandonado.

“Y a las tres de la tarde exclamó Jesús, diciendo en voz grande: Eloi,
Eloi, ¿Lamma Sabactani? (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?)
(Marcos XV.34). Sus fuerzas flaqueaban. Los intensos dolores aumentaban
cada momento y no encontraba quien de El se apiadara. La hora se acercaba.

Fue en ese momento, cuando su garganta se resecaba, sus labios no tenían
color y su cara comenzaba a palidecer. “Después de esto, sabiendo Jesús que
todas las cosas estaba a punto de ser cumplidas, para que se cumpliera la
Escritura, dijo: Tengo sed”. (Juan XIX 28)
Vinagre, empapado en una esponja, fue lo que le dieron los soldados a su
petición y Jesús luego que chupó el vinagre, dijo: “Todo esta consumado”.

Sabía que había llegado el fin.

EL FINAL DEL MARTIR

“El sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por el medio. Entonces
Jesús, clamando con una voz muy débil, dijo: Padre en tus manos encomiendo
mi espíritu Y diciendo esto expiró” (Lucas XXIII 45-46).

Todo lo escrito se había cumplido. La Salvación del Mundo estuvo en sus
manos y cumplió su cometido.

MONSEÑOR PELLIN

Es imposible escribir o hablar de las Siete Palabras, sin recordar a
Monseñor Jesús María Pellín. Orador sin igual. Sacerdote extraordinario,
Periodista de fuste. Pero su recuerdo del Sermón de las Siete Palabras en la
Santa Iglesia de Santa Teresa todavía permanece en los católicos, y aún
entre quienes no siéndolo, acudían los Viernes Santo, especialmente, a oír
su prédica inigualable.

Monseñor Pellín unía las palabras de Cristo con los hechos políticos,
sociales, económicos y de toda índole, de una manera tan clara y precisa,
que a muchos le saltaban las lágrimas al oír sus palabras.

Cada Viernes Santo, la gente añora a Pellín con su inigualable voz y su
pasión verdadera por lo que decía.

Ha habido otros sacerdotes con dotes maravillosas, entre ellos Monseñor
Juan Francisco Hernández, Monseñor Jesús Hernández Chapellín y últimamente
Monseñor Mario Moronta. Ellos tomaron la bandera de Mons. Pellín y los
católicos reconocen sus magníficos sermones, pero aún así, el recuerdo de
aquel sacerdote está latente en todos los fieles que tuvimos la suerte de
oírlo alguna vez.

En aquellos años en que las emisoras radiales no laboraban en esos Días
Santos, la Voz de la Patria, propiedad de la Curia y dirigida, igual que el
Diario La Religión, por Mons. Pellín, difundía al país sus maravillosos
sermones.

El mundo católico conmemora también en Viernes Santo, la Muerte de Nuestro
Señor Jesucristo, con una procesión, semejando su cadáver, que se realiza en
todas las iglesias.

En Caracas, la de la Iglesia de San Francisco, a las 5.30 de la tarde, y en
el estado Miranda, Chacao y Petare, en horas nocturnas, consideramos que
son las mas concurridas.

En todas las iglesias de Venezuela se efectúa este acto de fe y reafirmación
de la religión católica.

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