Opinión Nacional

Las vidas de otros

Este es el titulo de una reciente película de un joven director alemán (Florián Henckel v. Donnersmarck). Narra un episodio de las vidas de dos grupos de personas durante los últimos 5 años de la Republica Democrática Alemana (RDA, 1984 a 1989), aquella cuyo partido se llamaba SED, el acrónimo alemán de Partido de la Unidad Socialista (PUS). Uno es de intelectuales disidentes, el otro tiene la función de supervisarlos: funcionarios del Servicio Estatal de Seguridad (STASI). La base sobre la que descansa el argumento es que este servicio había tejido una red de total supervisión estatal sobre todos los ciudadanos del Estado, dentro de la cual el espionaje y la denuncia de cada quien contra cada quien son importantes mecanismos. De este modo, las vidas de unos y otros son siempre de otros, en tanto que entre los disidentes hay quienes participan (obligada o voluntariamente) de esos mecanismos y entre los funcionarios hay quienes simpatizan con, y hasta favorecen a, los disidentes (aunque los supervisen al mismo tiempo).

Para mí, la parábola de una situación así es la más perfecta y más acabada forma de totalitarismo. Semánticamente, el uso de “otros” presupone la existencia de “unos”. Pero entre las vidas de los que nos habla el director (y autor del guión) se borran las diferencias entre unos y otros. La supervisión del Estado sobre todos los ciudadanos hace que las subjetividades de los unos y los otros se solapen, incluso se confundan e interpenetren. Esto es precisamente el “Hombre Nuevo” del totalitarismo, sobre todo hoy.

Aun no hemos llegado al totalitaritarismo, pero estamos en camino. Si nos regimos por las definiciones del mismo, sus tres pilares son (a) una ideología, (b) un partido único jerárquico y (c) un aparato militar-represivo independendiente, fuera de los reglamentos y normas institucionales. El “socialismo del siglo XXI”, con su slogan “Patria, socialismo o muerte”, es sin duda una ideología del totalitarismo y está en proceso de refinamiento por los “asesores” del teniente coronel. El partido está en vías de construirse, con el líder único, infalible, a quien todos debemos obediencia y hasta la anticipada. El aparato militar-represivo independiente también está construyéndose, aunque la parte encargada de la represión aun está coja.

El fin último de esos tres “motores” (además de los “auxiliares) es la formación del “Hombre Nuevo”, nada más y nada menos que esa simbiosis del uno y el otro en la misma persona, siempre la otra sin referencia a la una.

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