Opinión Nacional

Lavar y prestar la batea

El recurso que más se utiliza para intentar apagar la candidatura presidencial opositora de (%=Link(«http://es.wikipedia.org/wiki/Teodoro_Petkoff»,»Teodoro Petkoff»)%), consiste en recordar que fue un guerrillero.

Nos preguntamos cuál es la mácula de haber estado en la montaña al igual que una buena cantidad de otros ciudadanos incorporados desde hace mucho tiempo a la vida venezolana. ¿Cuál es o fue el delito de la guerrilla? Seguramente se dirá que combatió con las armas al demócrata (%=Link(«http://es.wikipedia.org/wiki/Rómulo_Betancourt»,»Rómulo Betancourt»)%).

Bien, el punto no está sino referido a una tesis ideológica sobre la que Petkoff no sólo ha escrito obra bibliográfica para enderezar sus creencias, sino que fue seguramente un recurso intelectual que a conciencia utilizó para expiar su histórica equivocación política.

¿Eran acaso asesinos o degenerados los guerrilleros venezolanos de los años 60 del siglo pasado? ¿Lo fueron Pompeyo Márquez, Simón Sáez Mérida y Américo Martín? ¿Qué es lo que está detrás del estigma que se le estampa a estos ex guerrilleros reconocedores de su equivocación? Habría entonces que decir lo mismo de los militares que los combatían, puesto que a una guerra de guerrillas no se va lanzar serpentinas.

Teóricamente la (%=Link(«http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_guerrillas»,»guerra de guerrillas»)%) no es bandolerismo común y su método es en términos conceptuales una pelea planteada que usa selectivamente la emboscada, el asalto sorpresivo y el sabotaje como forma de lucha. Se entiende, y así ocurrió, que el enemigo natural de la guerrilla, el ejército, la enfrentaba parejamente y todavía mejor con entrenamiento antiguerrilla que recibían de fuerzas militares estadounidenses acantonadas en la (%=Link(«http://es.wikipedia.org/wiki/Zona_del_Canal_de_Panamá»,»Zona del Canal de Panamá»)%).

Recapitulando, la guerrilla no es sino otro recurso para oponerse con (%=Link(«http://es.wikipedia.org/wiki/Subversivo»,»“moral subversiva” «)%) a regímenes de facto o no. Un ejemplo presente de un régimen elegido democráticamente que propicia como respuesta a una guerrilla bien apertrechada y corajuda, es el de la revolución bolivariana. Así, inclusive a gobiernos democráticos que se desnaturalizan o que en la convicción de los combatientes terminan no representando el sentir de un sector muy amplio de la población, se les oponen sectores que usan las armas como último recurso de salvación colectiva. Y de ningún modo el articulista está estimulando la aparición de un movimiento de ese carácter, sino que establece que el gobierno bolivariano con su comportamiento autócrata, ineficiencia e infinita corrupción está favoreciendo la subversión.

Los dirigentes de las guerrillas son entonces y habitualmente ideólogos que se plantean la lucha armada, y -no siempre equivocados- habría que reconocerles, al menos, el valor que tienen de abandonar la comodidad urbana para irse al riesgo de buscar en el monte lo que creen mejor para la sociedad donde se desenvuelven.

De modo que el escarnecimiento del ex masista no tiene hoy asidero fundado sobre esa base. Con todos sus defectos, actualmente se reconoce en Rómulo Betancourt a un buen mandatario, no obstante que siendo más joven participó en el desafortunado golpe cívico-militar que derrocó a (%=Link(«http://es.wikipedia.org/wiki/Isaías_Medina_Angarita»,»Isaías Medina Angarita»)%), calificado por los testigos de su obra como nuestro mejor Presidente de la República en el siglo pasado.

En la estopa malévola que lamentablemente se amuñuña en Venezuela y en un ambiente donde suele no hacerse oposición con ideas, sino con descalificaciones que no tienen valor ni fundamento, se revuelven pasados inciertos para ignorar el esfuerzo realizado por un indiscutible luchador político y social, pegarle fuego al candidato y liquidar prematuramente una candidatura que, aunque no tiene en este momento la preferencia del electorado, pudiera crecer a todas las luces de un buen observador. En esa tarea destructiva están increíblemente unidos el chavecismo y una oposición que de nuevo se equivoca y no entiende el sentido unitario que ha de impulsarse para vencer a un adversario comprobadamente mediocre, pero formidablemente tenaz.

Más increíble aún es que, en esa unión fortuita, el chavecismo es más inteligente que el sector opositor y -nada menos que por boca de José Vicente Rangel, cerebro político del gobierno- saluda con muy buen acento el lanzamiento de Petkoff, lo cual es evidentemente una calculada manera de intentar herirlo de muerte, mientras el torpe opositor se desbarranca en improperios y acusaciones extemporáneas contra un candidato salido de sus filas. Y, todavía peor, cae inmediatamente en la trampajaula que le monta Rangel, y se ataca a Petkoff a través de la condena de la vieja amistad que existe entre ambos y que denuncia como un contubernio para santificar el cuestionado organismo electoral.

La astucia gubernamental y la novatada opositora están a la vista jugando en un equipo inusitado. Disminuyamos sensatamente a ese equipo apoyando a Teodoro Petkoff u oponiéndosele si así se prefiere, pero usando argumentos racionales que cuestionen sus propuestas de gobierno o que las mejoren, para empezar por unir en sus objetivos a toda la oposición y asegurar el triunfo.

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