Opinión Nacional

Lecciones Parlamentarias

En la cátedra política del pasado sábado 5 de enero, dictada cuando los diputados venezolanos sesionaron para escoger a sus autoridades parlamentarias para el año 2002, una lección fue tan omnipresente como la Ley de Gravedad de Newton: el fin justifica los medios. En otras palabras, nuestros legisladores nos demostraron, con sus hechos, que si alguien tiene pensado incursionar en la política venezolana, necesita un requisito sine qua non: no tener ningún tipo de escrúpulos. No pierda de vista amigo lector, que esto también significa, que todo demócrata venezolano que intente rescatar a su país del puño socialista que hoy la oprime, también se verá obligado a archivar sus escrúpulos o resignarse a una derrota cierta.

El MVR es una vergüenza para el gentilicio venezolano y para la Política

Con el fin de mantener el control -no de la asamblea- sino del palacio federal legislativo, el partido de gobierno, el MVR (Movimiento Quinta República), no tuvo ningún escrúpulo para intentar incorporar a la sesión, al suplente de uno de sus diputados disidentes, Alejandro Armas, quien pública y notoriamente mantenía una posición contraria a la línea partidista, pero quien no podía defenderse o protestar el atropello que se intentó perpetrar en su contra -y de todos los venezolanos- por encontrarse hospitalizado en terapia intensiva debido a una pulmonía bilateral que lo mantiene al borde de la muerte en la Clínica Avila de Caracas. La intención era clara: utilizar al diputado suplente, para obtener un voto favorable al MVR, pero diametralmente opuesto al que hubiese emitido el convalesciente diputado, de haberse hallado en condiciones físicas para estar presente en la sesión parlamentaria.

Tampoco tuvo el MVR ningún escrúpulo en convertirse en el hazmerreír del mundo civilizado, cuando con el mayor caradurismo, fundamentó su intento de incorporar suplentes (tenían -listos- en la cámara como a diez de ellos), en artículos de la Constitución y del Reglamento Interno de Debates (del parlamento), que no tenían ni la más mínima relación con lo que pretendían hacer. (No era constitucional ni legalmente posible incorporar suplentes en la sesión a la que hacemos referencia).

Mucho menos tuvo escrúpulos el MVR, cuando todos sus diputados -cómo si los hubiese tocado un chizpazo eléctrico- se levantaron al unísono para aplaudir y vitorear a Ismael Burgos, otro de sus diputados disidentes, cuando retiró la propuesta que había hecho apenas unas 6 horas antes, de una directiva parlamentaria alternativa a la que proponía su propio partido. También, habían transcurrido menos de 24 horas desde que el diputado emeverrista Ismael Burgos, flanqueado por otros diputados disidentes de su partido y parlamentarios de la oposición, le había comunicado a los venezolanos en rueda de prensa, los «loables objetivos políticos» que lo habían llevado a traicionar a su tolda. Sí, la bancada emeverrista aplaudió, vitoreó y abrazó eufóricamente al por -dos veces, en un mismo día- traidor a sus principios.

Las mismas alabanzas recibió el también diputado disidente del MVR, Angel Graterol, quien para «justificar» su segunda traición dijo que «había sido tentado por el demonio». Graterol, había traicionado al MVR para unirse a la alianza política opositora, recibiendo los aplausos cuando traicionó a ésta última para regresar al redil de su partido en plena sesión parlamentaria.

No contentos con las vergonzosas maniobras políticas anteriormente descritas, dos diputados del MVR, Cilia Flores y Nicolás Maduro, organizaron a un nutrido grupo de sus simpatizantes políticos, conformado mayormente por personas de condición humilde, para que blandiendo pancartas amenazadoras -y portando objetos contundentes- permaneciesen a las puertas del parlamento, con el torcido propósito de atemorizar a los diputados de la oposición y a los periodistas que cubrían el evento. Un diputado y varios periodistas fueron agredidos físicamente por ellos.

Adicionalmente, un militante del partido de gobierno (MVR) y ex-director de la DISIP (Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención -la «policía política» venezolana-), ingresó -sin invitación- al palco de prensa ubicado en el interior del parlamento, para mediante un comportamiento que no puede sino calificarse de infantil (pero peligroso), emitir declaraciones amenzadoras contra los diputados de la oposición; centradas especialmente en frases incoherentes como: «Si los diputados de la oposición no están con los intereses del pueblo, entran en un estado general de sospecha» ¿? y «…habiéndose llegado al estado general de sospecha, llega al momento de la rebelión popular».

Vimos los medios utilizados… ahora, ¿Cuál era el fin que perseguían los emeverristas?

Los diputados del MVR quienes desde que se instaló por primera vez la Asamblea Nacional en agosto del 2000, se han comportado como si conformasen un despacho adscrito al Poder Ejecutivo, que sólo actúa en respuesta a las instrucciones que recibe de éste último, han anunciado sus fines, prácticamente cada día desde febrero de 1999, cuando asumió la presidencia Hugo Chávez Frías: «la consolidación del proceso». Proceso que nunca han definido en qué consiste, pero que las políticas y acciones gubernamentales y parlamentarias, definen claramente como la intención de convertir a Venezuela en un país socialista, a imagen y semejanza de la Cuba de Fidel Castro.

Los diputados de los partidos de oposición, observaron un similar comportamiento

Acción Democrática (AD), Movimiento Primero Justicia (MPJ), COPEI, La Causa Radical (LCR) y Alianza Bravo Pueblo (ABP), dejaron a un lado los principios y fundamentos políticos de cada uno de sus partidos, en los que resalta oponerse al proyecto político socialista del MVR, para apoyar a un candidato a la presidencia de la Asamblea Nacional, quien públicamente -fuera y dentro de la asamblea- afirmo y reafirmó que estaba «con la revolución» y que sus objetivos e intenciones era luchar porque ésta llegue a feliz término. Pero este unortodoxo medio empleado, tenía un fin loable y ansiado por todos esos partidos políticos: utilizar las facultades constitucionales de la Asamblea Nacional, para reconfigurar a los demás poderes públicos (Electoral, Ciudadano, Judicial y Ejecutivo), mediatizados por el exagerado poder político y el personalismo del Presidente de la República.

Los partidos Proyecto Venezuela (PVZLA) y Movimiento al Socialismo (MAS)

Mientras PVZLA es el más patente ejemplo del oportunismo político; el MAS, aunque ha sido el único partido que se ha mantenido fiel a sus principios y objetivos políticos y partidistas, también cometió un pecado al aliarse con Acción Democrática y COPEI, que son la razón primigenia de su existencia. El MAS nació hace 27 años, para precisamente ponerle fin a la alianza que esos dos partidos conformaron en 1958 (El Pacto de Punto Fijo) para alternarse en el poder público.

El candidato presidencial de PVZLA, Enrique Salas Römer, fue el principal rival de Hugo Chávez Frías, candidato del MVR, en las elecciones de diciembre de 1998, pero luego de perder las elecciones ante éste último, PVZLA no tuvo ningún escrúpulo para sumar sus votos parlamentarios a los del MVR a cambio de que diputados de su tolda, ocupasen la segunda vice-presidencia de la Asamblea Nacional y la presidencia de la Comisión Permanente de Contraloría de dicho cuerpo legislativo. El sábado 5 de enero, PVZLA nos reafirmó su total carencia de escrúpulos, al traicionar a su una vez impensable aliado parlamentario (MVR), para esta vez, unirse a la oposición, a cambio de que uno de sus diputados ocupase la primera vice-presicencia del parlamento. Claramente, los objetivos de este partido no tienen nada que ver con la Política -con p mayúscula- sino simple y burdamente con la obtención -con fines inconfesables- de cargos burocráticos.

El MAS por su parte, ha observado el comportamiento político que más se acerca en el escenario venezolano, a lo que debe ser un partido político moderno: ser un órgano de la sociedad civil a través del cual los ciudadanos cuyos pensamientos coincidan con los del partido en cuestión, puedan tener acceso a una forma legítima de organizacióm colectiva, que les permita hacer valer sus opiniones y puntos de vista en los asuntos de la Nación.

Al inicio, al lanzar la candidatura a la presidencia de Hugo Chávez Frías en 1997, el MAS seguía sus principios y objetivos políticos de dar al traste con el Pacto de Punto Fijo y la implementación de políticas acordes con la ideología esbozada en su nombre: Movimiento Al Socialismo. También siguieron sus principios -esta vez el apego a la vía democrática- cuando este partido, a pesar de pertenecer a la alianza gubernamental, se convirtió en uno de los principales y más coherentes críticos del gobierno central; no dejando de mantener esta postura irritante para el gobierno, cuando éste último; primero «lo expulsó» de la alianza gobernante, y después, intentó mediatizarlo para colocar en sus cargos directivos a miembros afines al gobierno. También al participar en la alianza opositora del 5 de enero, lo hizo siguiendo sus principios, por lo que su pacto temporal con AD y COPEI es un «pecadillo» menor en su historial y puede decirse que justificado.

Por el contrario, los ocho diputados del MAS, que traicionaron a su partido para aliarse al partido gobernante a cambio de cargos burocráticos (la primera vice-presidencia de la Asamblea Nacional y promesas de «incorporación al gobierno» hechas por voceros del MVR), desdicen sólo de ellos mismos, demostrando ser, como los de PVZLA: burdos oportunistas políticos.

Si estos 8 diputados disidentes del MAS y los dos del MVR citados arriba que se «arrepintieron a última hora» hubiesen votado al lado de la oposición, la Asamblea Nacional, se hubiese convertido el 5 de enero de 2000, en el primero de los poderes públicos en manos de la oposición.

Y no hubiese sido poca cosa, porque es particularmente la Asamblea Nacional la que tiene las facultades constitucionales para designar -o remover de sus cargos- a los integrantes de los poderes judicial, ciudadano y electoral. La votación que mantuvo el control de la asamblea en manos del gobierno fue MVR 85, oposición 73 (hubo dos abstenciones y cinco ausentes). Esta ha podido ser MVR 75, oposición 83. Es decir, la oposición hubiese obtenido la mayoría simple de los 165 diputados que conforman la Asamblea Nacional, y abierto un ancho camino de esperanza para la recuperación de la democracia venezolana. Pero -al no tener escrúpulos- los diputados mencionados, antepusieron sus intereses personales a los del país.

Las lecciones más importantes

Una de ellas, es que el MVR no se detendrá ante nada, en sus intenciones de ver convertida a Venezuela en un país socialista; y que para lograrlo, no tendrán el más mínimo escrúpulo en atropellar la Constitución y las leyes, y hasta incluso, recurrir a la violencia.

De esa lección se deriva que si los demócratas sensatos continuasen poniendo la otra mejilla, ante una cúpula emeverrista que piensa que la religión es el opio de los pueblos, la Nación daría cada día un paso más hacia el cadalso socialista, mientras quienes la desgobiernan se regodean en el oprobio y la corrupción.

Pero como esa paranóica aspiración emeverrista no se materializará como lo demostraron los ensordecedores cacerolazos que recibió el Presidente de la República -ese mismo día 5 de enero- en un acto popular donde entregaba micro-créditos y autobusetes a sus partidarios en Catia, la parroquia más densamente poblaba de Caracas (por habitantes pertenecientes casi exclusivamente a las clases media-baja y pobre), es evidente que Venezuela está siendo conducida al precipicio socio-político, porque la inmensa mayoría de los venezolanos, que no desea ser socialista, in crescendo se rehusará a reconocer a las autoridades públicas y a desobedecer las leyes y actos de gobierno, pudiéndose llegar al caos y a la anarquía; lo que una vez desatados, difícilmente podrán ser controlados.

Los venezolanos tenemos una urgencia: organizarnos para detener a la minoría de fanáticos políticos del MVR, que no aceptarán el patente hecho, de que los venezolanos -como lo demostró el Paro Cívico Nacional del pasado 10 de diciembre- no desean, ni tienen intenciones de convertirse al socialismo.

El re-electo presidente de la Asamblea Nacional, el diputado emeverrista William Lara, así lo confirmó al comentar con los periodistas cual sería su agenda legislativa para el año 2002: Ni siquiera mencionó la revisión y reforma que pide la mayoría del país, de los 49 decretos-ley que dictó el Poder Ejecutivo atropellando la Consstitución y varias leyes vigentes.

¿Cree usted, amigo lector, que aprenderemos algo de estas lecciones parlamentarias?

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