Opinión Nacional

Lectura realista de Venezuela

Prolegómenos

 

Llevo mucho tiempo evitando tener participación directa en la confrontación política. Sin embargo, no he dejado de estar atento a los acontecimientos y he tratado de descifrarles en términos de prospecciones a corto, mediano y largo plazo.

Intentaré, en líneas necesariamente tan densas como extensas, organizar los elementos de juicio que, en mi opinión, debemos tener en cuenta, si es que en alguna medida nos preocupa nuestro destino como nación.

Comenzaremos por establecer una premisa fundamental:

vamos camino de la ruina total, del colapso absoluto como sociedad, como país y como nación.

Así, sin atenuantes. Y no es el caso, ni tiene sentido, culpar a la satrapía de turno. Ni a la actual, ni a las anteriores. Llevamos doscientos años transitando el mismo sinuoso camino de la destrucción y nos acercamos peligrosamente a un tramo final, por cuyo despeñadero corremos el riesgo de entrar en caída libre e indetenible.

Y eso está a la vuelta de la esquina. A menos que comencemos HOY a aplicar correctivos de fondo y forma, a cambiar de rumbo, de manera conjunta y con verdadera “voluntad política”, en unos cincuenta cortos años – o menos, dada la aceleración actual -, seremos una sociedad de parias indigentes.

Destaco el término “voluntad política”, porque es ése precisamente el ingrediente fundamental del cual hemos carecido siempre. Porque hasta el presente nos han hecho creer que la voluntad política es la de los dirigentes y militantes dedicados a la actividad partidista.

Nada más alejado de la verdad. Voluntad Política tiene que ser entendida como la sumatoria de las voluntades de todos y cada uno de los ciudadanos.

Y de que ello no sea realidad se encargan – con todo esmero – los “factores de poder” que desde siempre se han adueñado de todo cuanto les ha dado su real gana.

Venezuela, entre muchas otras cosas, se desarrolló a la sombra de la “cultura de la piñata”. Y como desde muy pequeños nuestros progenitores nos ejercitaron en tal salvajada, no es de extrañar que por siempre, en todos los ámbitos, los venezolanos querramos aplicar las técnicas – tan elementales como nefastas – de la piñata.

La ley de la selva, del más fuerte, del que reparte mayor cantidad de pescozones para adueñarse de las mejores y más grandes tajadas de cada botín que se ponga a su alcance. Eso es lo que siempre ha prevalecido.

Con un agravante: y es que a esa característica la denominamos “viveza criolla”… viveza del venezolano… y a su cobijo nos permitimos cometer todo tipo de tropelías. Y mientras te salgan bien las “vivezas”, la sociedad ¡te aplaudirá…!

Desde muy pequeños los niños venezolanos, con o sin escolaridad, tienen en sus padres una colección de ejemplos que constituyen modelos esenciales de su conducta.

Botamos basura adonde sea; no respetamos las señales de tránsito ni los límites de velocidad; recurrimos al compadrazgo para obtener privilegios inmerecidos; sobornamos a funcionarios para conseguir resultados o ventajas indebidas; sobreprecios y comisiones son parte integral de todo negocio; apelamos a credenciales de autoridad para imponer abusos en criterios y conductas; pretendemos ignorar que NO hay corruptos sin corruptores… en fin, el rosario de cosas relativamente pequeñas con las que a diario los venezolanos nos atropellamos los unos a los otros es interminable.

Aquí cabe mencionar los ítems protuberantes de nuestra conformación como nacionalidad venezolana. Y como en cualquier análisis serio, NO debemos dar por descontado que tenemos suficiente conocimiento y negarnos a examinar nuestra problemática desde todos los ángulos posibles.

La única manera de poder planificar hacia dónde deseamos ir, es conocer adónde nos encontramos en la actualidad y ello, a su vez, requiere conocer nuestra procedencia, saber de dónde venimos.

Sorprendentemente, en el encuentro de civilizaciones iniciado con el denominado descubrimiento de América, podemos observar que nuestras tres raíces – indígena, ibérica y africana -, tienen mayores similitudes que diferencias, que por cierto, a simple vista eran muchas y grandes.

Desarraigados, nómadas, fuertes, agresivos, esencialmente incultos e incivilizados, profundamente clasistas, con acendrado sentido mágico-religioso de la vida, inmediatistas y facilistas, fueron características dominantes y comunes en todos nuestros ancestros directos.

Por muchos motivos, que he intentado explicar en conferencias, cátedras y en mi libro “Siglo XX: Nadie tuvo la Razón”, aún en compartiendo tantas características similares, el encuentro interracial resultó un verdadero choque, que culminó en uno de los más intensos y rápidos procesos de mestizaje que hayan ocurrido sobre el planeta, pero con un enorme contenido de violencia.

Violencia contenida en el medio ambiente – agreste y hostil – característico de nuestro territorio; violencia de las tribus Caribes que imponían su dominio sobre la mayor parte del resto de las etnias y llegaban a extender a las islas del Caribe Mar; violencia que tenía que explotar en la negritud traída a la fuerza y encadenada desde sus predios africanos; violencia de los conquistadores al mando de una soldadesca que obtenía su libertad de las prisiones españolas a cambio de venir a combatir en Venezuela.

Transcurridos trescientos años de dominación española – a sangre y fuego – y doscientos años, – también a sangre y fuego, en buena parte – de lo que hemos denominado “independencia”, un primer vistazo al devenir histórico nos permite delinear tres grandes cambios, únicos a los cuales podríamos denominar definitorios y substanciales: la propia Independencia, la aparición del petróleo y el advenimiento de la Democracia.

En este punto es importante destacar que para asumir ninguno de estos tres cambios tan importantes estuvimos, ni suficiente, ni medianamente preparados.

Comencemos por la denominada independencia.

El proceso que culminó con la Independencia de los países latinoamericanos, además de lograr a un costo sumamente alto la emancipación, produjo la desintegración del cuerpo de entidades que conformaban los virreinatos y capitanías existentes. Y no tuvo tal proceso independentista la previsión de un nuevo orden, substitutivo del que representaba el imperio español.

Para la fanaticada bolivariana, dejando expresa mención de no serlo yo, desde tiempos de mi educación primaria, al leer toda la barbarie contenida en el “Decreto de Guerra a Muerte”, me permito transcribir un texto del Libertador que confirma mi sospecha de no haber estado suficientemente preparados para la fulana Independencia.

Con meridiana claridad y plena conciencia de los demonios desatados, escribía Bolívar en 1826:

“La esclavitud romperá el yugo; cada color querrá el dominio, y los demás combatirán hasta la extinción o el triunfo. Los odios apagados entre las diferentes secciones volverán al galope, como todas las cosas violentas y comprimidas. Cada pensamiento querrá ser soberano, cada mano empuñar el bastón, cada espada manejada por el primer ambicioso, cada toga la vestirá el más turbulento. Los gritos de sedición resonarán por todas partes. El trueno de la destrucción ha dado la señal”.

Por su parte, la explotación petrolera, con su desmedido, sostenido y constante aumento del nivel de ingresos al tesoro nacional, terminó de dislocar el ámbito íntegro de nuestra vida republicana.

Porque entre pitos y flautas, en Venezuela lo que NUNCA ha faltado son grandes ingresos. Pero hasta inicios del siglo XX, eran producto del laborioso trabajo de los campos, particularmente en producir café y cacao.

A la aparición de la súbita “riqueza” aceitosa le sucedieron una enormidad de consecuencias, que realmente NO hemos sabido manejar. Al menos con la previsión y destreza requeridas.

El sabio consejo de Arturo Uslar Pietri, acerca de “sembrar el petróleo”, quedó como “letra muerta” y ha sido sistemáticamente ignorado, al punto que a la distancia de casi cien años, aún nuestros ingresos provienen en más del 90% de las ventas de hidrocarburos.

En cuanto al nacimiento de nuestra preciada Democracia, tampoco estuvimos preparados con suficiencia y hemos contemplado impávidos esta entrada en “caída libre”, que nos desliza por la peligrosa “pendiente sin retorno” al más estrenduoso fracaso que podamos imaginar.

Inmediatistas y facilistas como siempre hemos sido, estamos dejando escapar lo poco que habíamos logrado obtener de “la mejor forma de gobierno conocida”.

A los defectos de nuestra Democracia no quisimos corregirles. Nunca asumimos la “perfectibilidad” de la Democracia. Y en absurdo razonar, extremos opuestos, extremos izquierdistas y derechistas, se dedicaron por igual a destruirla desde dentro.

Afanes de dinero, fama y poder dominaron la escena por completo. Y nadie entendió que los cambios Políticos, salvo que ocurran por vía de fuerza o causa fortuita, requieren, necesitan, le resultan imprescindibles, tres ingredientes fundamentales: Tesis, Organizaciones y Liderazgos.

Por el contrario, el espejismo de bonanza ilímite hizo que los partidos politicos languidecieran y se pervirtieran hasta el punto de terminar convertidos en gestorías de negocios y agencias de empleo.

Las Tesis Políticas se agotaron sin que nadie hicera el esfuerzo de renovarlas. Las organizaciones se fueron diluyendo en aras de las desmedidas ambiciones de sus dirigentes. Y el Liderazgo no se preocupó ni de preparar, ni de dar paso a las generaciones de relevo.

Sumidos en la ebriedad de la abundancia de recursos, hicimos de nuestro transcurrir un permanente Festín de Baltazar.

El rey babi­ló­nico Bal­ta­zar, monarca de los Cal­deos, en sus amu­ra­lla­dos pala­cios acos­tum­braba rea­li­zar gran­des fes­ti­nes que ter­mi­na­ban en verdaderas orgías. Tenía asi­dua asis­ten­cia de con­vi­da­dos que dis­fru­ta­ban de pla­ce­res, comidas, muje­res, rega­los, bebi­das, en torno a un derro­che con­tí­nuo de extravagancias, sin impor­tar las nece­si­da­des de los súb­di­tos. En cierta ocasion, Bal­ta­zar ordenó sacar los cáli­ces del Tem­plo de Jerusalén, para que todos sus invi­ta­dos pudie­sen tomar vino y brin­dar al unísono. Suce­dió que en el último fes­tín apa­re­ció, en un muro del pala­cio, en forma repen­tina, un escrito difí­ci­l de enten­der y por ello, Bal­ta­zar buscó al Pro­feta Daniel para que des­ci­frara lo apa­re­cido y éste leyó: “Dios ha con­tado los días de tu Reino… ha sido pesado y hallado escaso… y le ha puesto fin.” Y así suce­dió a los pocos dias…!!!

Prospección

“La Política es una atmósfera que todo lo impregna… y la Economía es el piso que a todo dá sustento… RCC ”

Si algo ha caracterizado a nuestro acontecer, son las paradojas. Y es que la mayoría de nuestras conductas son extrañamente paradójicas. La mayor de todas es la del pobre país rico que siempre hemos sido.

Al inicio de estas reflexiones afirmé categóricamente que vamos camino a la ruina total. Y no es cuestión de bolas de cristal ni afanes proféticos. Son matemáticas sencillas. La ecuación es muy simple: si de cada 100 bolívares que nos ingresan, 90 provienen de la venta de petroleo. ¿que sucederá cuando NO tengamos ingresos provenientes de la venta de petroleo?

¿Subsistiremos con 90% menos de ingresos, es decir con el escaso 10% restante?

La hipótesis implica desenlaces apocalípticos, inimaginables y todos absolutamente dantescos.

Y más allá de un mero ejercicio retórico, estamos partiendo de un supuesto perfectamente válido. Todo apunta a que en breve tiempo la humanidad habrá de cambiar sus patrones actuales de consumo energético. Todo apunta a que las fuentes alternas de energía habrán de substituir al caro y contaminante petroleo.

Cuando eso ocurra, cuando NADIE nos compre petroleo porque NO lo necesite… ¿De dónde carajo vamos a sacar el dinero para siquiera subsistir?

Como todos bien sabemos, NO hemos diversificado nuestra economia. Seguimos siendo monodependientes. NO tenemos fuentes de ingreso alternas.

Pero vayamos a otros aspectos. El proceso de desarrollo requiere permanentemente de financiamiento. Ojo, con proceso de desarrollo no nos estamos refiriendo a planes de conquista espacial, ni cualesquiera otros delirios intergalácticos.

El proceso de desarrollo es básicamente todo lo que mantiene en movimiento y en un plano de cierta “normalidad”, al conjunto de actividades de un conglomerado social. Es la construcción y mantenimiento del sistema vial y de comunicaciones, de centros asistenciales y educativos, la provision de alimentos, medicinas, aguas, energía, servicios públicos y toda la infraestructura que hace posible la vida diaria en sus mínimas y básicas expresiones, tales como alimentación, salud, vivienda, educación, recreación y deportes.

Incluyan en el proceso de desarrollo, si ello les complace, a las rutas de la empanada y del carato de jobo, a los conucos en autopistas, a los gallineros verticales y a la transformación de Cabo Codera en Cabo Cañaveral.

Ese financiamiento del proceso de desarrollo es realizado fundamentalmente por la capacidad de ahorro de la nación, canalizada desde tres fuentes: el gasto público, la intermediación bancaria y los mercados de capitales.

Vayamos por partes.

El Mercado de Capitales es prácticamente inexistente en nuestro páis, particularmente por la alergia que le tienen nuestros empresarios a la imprescindible transparencia requerida para participar en operaciones bursátiles.

Por su parte, la banca venezolana no es tal banca, ya que NO cumple a su función básica de intermediar en el proceso de desarrollo. El dinero que usted deposita en nuestra banca, NO es usado por los banqueros para dar créditos a grandes, pequeñas y medianas empresas. No es usado por los banqueros para financiar la adquisición de viviendas, vehículos u otros bienes de capital o consumo.

A los únicos que financian los bancos es a los gobiernos de turno, por la vía de la compra de los bonos de deuda que emite la República. Facilismo financiero y temor a represalias gubernamentales que ponen de rodillas a la banca, con el resultado final de que los gobernantes y los banqueros lucran desorbitadamente con nuestros dineros y en perjuicio de todo el colectivo venezolano.

De manera que – por solo poner un ejemplo – cuando su vista resbala con desgano sobre la noticia de un nuevo endeudamiento de ¡20 mil millones de dólares con China!, es de SU bolsillo, del suyo de usted, del cual habrán de salir los churupos para pagar tal inmensidad de insensata deuda. Y desde luego, sin tener la menor idea acerca del uso que se le daría a tales dineros.

Finalmente, el dichoso gasto público. Ese monstruo insaciable convertido en generador de tantos abusos como desgracias.

Aclaremos: el gasto público, per sé, no es necesariamente, ni bueno ni malo… como en muchas otras materias, depende del buen o mal uso que le demos.

El gasto público puede ser gasto corriente, el que se consume en el mantenimiento de la burocracia o puede ser gasto de inversion, que es el utilizado para la construcción de nuevas infraestructuras o mantenimiento y mejoramiento de las existentes.

La conveniente proporción de uno y otro normalmente debería ser acordada por consenso legislativo en las aprobaciones de leyes de presupuesto. En otras palabras, que periódicamente los gobernantes tuviesen la minima decencia de explicar al país el destino y manejo de unos dineros que están supuestos a ser usados en beneficio de la nación entera.

Y que sea la nación entera, a través de legítimos representantes, la que decida si es necesario construir y dotar escuelas, liceos, universidades, hospitales y ambulatorios o comprar fusiles de asalto, municiones, bombas lacrimógenas y granadas que terminarán en manos de los inquilinos de nuestras cárceles, luego de haber segado miles de vidas inocentes en nuestras calles.

Pero como dice el refrán: “lo que nada nos cuesta, hagámoslo fiesta…”

Así las cosas, los gobernantes siempre han contado con legislaturas complacientes y cómplices, que no defienden los intereses del colectivo en los insensatos planes presupuestarios… y con contralores, más complacientes y mejores cómplices, por cuyas cabezas jamás pasa la minima intención de sancionar culpables, salvo con el cobro de la tajada respectiva, que encubra todo rastro de ilegalidades.

Pero en el escenario “CERO ingresos por venta de petroleo”, ¿de cuál gasto público hablaríamos?

ESO es lo que está planteado, gravitando, sobre el futuro de nuestros hijos y nietos. Acerca de eso es que deberíamos estar buscando soluciones consensuadas TODOS los venezolanos.

El negro período rojo, resultó muy gris…

Los últimos doce años, período de bonanza para algunos y de desdichas para otros, es el resultado más natural de los cuarenta años de deterioro de nuestra incipiente democracia.

Si algo ha sido analizado y diseccionado en detalle es este período de nuestra historia. Han proliferado analistas y politólogos cuyos informes han sido tenido como biblias y libros de cabecera por los bandos en disputa.

En mi opinión, las ramas no les han permitido apreciar el bosque. No han llegado a las verdaderas raíces de nuestros problemas.

Y estoy convencido que son dos, esas verdaderas fuentes de todos los males que nos aquejan: Estatismo y Militarismo. Y dicho sea de paso, no son exclusivos nuestros, han contaminado y aquejan a casi todo el planeta.

Comenzando por el Estatismo, debo señalar que nunca he entendido la idea ni necesidad de tener un Estado hotelero, banquero, bodeguero, naviero, “toero” o mercachifle, tal y como lo han venido acentuando TODOS los gobiernos bajo diferentes modalidades y disfraces.

Pero a lo que voy es al demedido poderío que mansamente le hemos venido entregando al Estado venezolano en particular.

Y quiero destacar la gravedad del asunto. El profundo significado que tiene en nuestras vidas el hecho de que el Estado venezolano sea simultáneamente EL MAYOR EMPLEADOR Y EL MAYOR CONTRATISTA de toda la nación.

Por causa de su condición de administrador del monopolio de los ingresos petroleros, el Estado venezolano, a través de Ministerios, Gobernaciones, Alcaldías, Empresas Estatales e Institutos Autónomos, tiene control cuasi-absoluto sobre el empleo y la contratación en todo el país.

Piensen solamente en términos de PDVSA, Empresas de Guayana, CANTV y Ministerio de la Defensa.

¿Cuántos pares de medias, de calzados, de uniformes, de municiones, de raciones alimentarias tres veces por día, deben comprarse mensualmente para un millón de hombres en los cuerpos armados de toda la nación?

¿Cuánta corrupción campea en los predios de todos esos multimillonarios contratos de suministro?

Sobre este tema podríamos escribir extensos tratados. Lo traigo a colación solamente para que cada lector reflexione y llegue a sus propias conclusiones.

El tema del Militarismo es tan pernicioso y grave como el anterior. Debo comenzar por decir que soy pacifista a ultranza. Me parece detestable la violencia en todas sus expresiones.

Hay muchas tela que cortar acerca de este tema. No me considero autoridad en la materia, pero de acuerdo a las pocas luces que poseo, me permitiré someter a consideración algunos puntos sobre los cuales es necesario reflexionar.

Como siempre he dicho en las aulas, la humanidad marcharía mucho mejor si los presupuestos de “defensa” no fuesen superiores a los de salud, educación, vivienda, servicios públicos, recreación y deportes, investigación científica, desarrollo tecnológico, cultura y bellas artes o conservación ambiental.

Es absurdo que se gaste más en instrumentos para sembrar destrucción y muerte, que en auspiciar una mejor calidad de vida.

Estoy convencido de la necesidad de propiciar un debate sereno y serio acerca del rol de las fuerzas armadas. Los esquemas actuales que les mantienen insertas en nuestra sociedades, son inoperantes y caducos.

¿Para qué demonios necesitaban las naciones latinoamericanas gastar las millonadas que dilapidaron durante todo el siglo XX en comprar aviones de combate, buques de guerra, tecnología misilística y toda la ridícula parafernalia armamentista – ya obsoleta – que aún almacenan?

Y en el caso específico de Venezuela, de qué le ha servido todo su armamentismo, siendo el país que más se ha encogido, que mayor cantidad de territorio ha tenido que ceder a manos de sus vecinos. Y todo tal empequeñecimiento, sin que jamás hayamos hecho un solo disparo fronteras afuera.

¿O es que puede resultar justificable el indigno espectáculo de las fuerzas militares trenzadas en desiguales combates con la población civil?

Hilando más fino. Encontraremos entonces la perversa simbiosis habitual entre los diversos factores de poder. Y serán entonces, las fuerzas armadas, en contubernio con sectores – políticos, empresariales y de gran diversidad de intereses – que pretenden privilegios, quienes se aprovecharán del monopolio de la violencia asignado al Estado.

Todos los elementos fundamentales en una sola y maligna ecuación: estatismo + militarismo + factores de poder / abuso + corrupción = desastre nacional.

A eso nos condujeron los gobiernos adecos y copeyanos. Y desde 1.999, cuando la población exasperada manifestó su descontento con el voto protesta, en el cual depositaba más esperanzas que confianza en las urnas electorales, ningún esquema ha cambiado.

Miento. Sí han ocurrido multitud de cambios. Pero todos cosméticos y para peor. Pero en el fondo, el denominado proceso o revolución, no ha sido nada distinto a un mal calco de todos los gobiernos anteriores. Además, con muchos de sus anteriores protagonistas aún en escena, trascorrales o abiertamente.

Porque nadie se crea que el actual presidente “parió”, de la noche a la mañana, los tres y tantos millones de votos con los que alcanzó el poder. Todas esas franelas y gorras rojitas que deambulan por nuestros predios, en otras épocas fueron blancas, verdes, amarillas o multicolores. Y muchos las usan para seguir enchufados al tractor del estatismo, conservando sus mismos errores, deficiencias y vicios.

Ese grupo militar que accedió al poder por la vía democrática, luego de haber fracasado rotundamente en un par de oportunidades en tratar de adueñarse del país por la vía del alzamiento golpista, comienza rápidamente a intentar deslastrarse de todo vínculo con anteriores administraciones y de todos los factores de poder que habían orbitado en su derredor en los anteriores cuarenta años.

Pero por todo hay que pagar un precio y los poderosos no estaban dispuestos a rendirse con facilidad. Comienza entonces un proceso asombroso mediante el cual, el gobierno desde un extremo y “fuerzas ocultas” en el otro, comienzan descaradamente a exacerbar los ánimos de toda la población, enfrentándoles en bandos que prontamente se harían irreconciliables.

Durante varios meses, mañana, tarde y noche, la población entera era empujada a tomar partido en pro o en contra del gobierno. Al filo de cualquier madrugada las televisoras transmitían insultos y agresiones del presidente y sus secuaces, en tanto pocas horas después, Napoleón Bravo, Leopoldo Castillo, Oscar Yánez, Marianella Salazar, Nelson Bocaranda, Pedro Penzini, Marta Colomina y Graterolacho – por nombrar algunos -, se hacían cargo de descargar y burlarse del gobierno a más y mejor.

La batalla mediática surtió efecto. Con radio, prensa y televisión, enfrascados en todo momento en la tarea de soliviantar ánimos, desembocamos al trágico enfrentamiento del 11 de Abril del 2002.

Todo cuanto ocurrió en días inmediatos – anteriores y posteriores – al 11 de Abril, es algo que merecería total esclarecimiento. De lo cual, desde luego, nos podemos olvidar definitivamente.

Lo cierto es que allí ocurrió de todo. Desde cobardías, delaciones y traiciones a granel, hasta supremas estupideces cometidas en afán de figuración. Y en el medio, enormes y enardecidas masas que ignoraban por completo la manera como estaban siendo manipuladas en respaldo de obscuros intereses.

Que ignoraban la existencia de las “manos negras” que movían los hilos de titiriteros a los cuales habían enganchado a millones de potenciales víctimas de la violencia previsible.

No debo extenderme en este triste capítulo acerca del cual se podrían escribir muchos libros. Destacaré solamente dos “detallitos”, muy peculiares y de sumo interés: a) para ese momento, la cara visible de la oposición estaba expuesta en una pantalla pública denominada “Coordinadora Democrática”; b) la querella continúa, con diferentes grados de intensidad, hasta pasados unos meses, cuando una madrugada ocurre una extraña reunión en Fuerte Tiuna.

La Coordinadora fue una gran idea, bastante mal ejecutada y con pésimo liderazgo. Y entre una cosa y otra, acogió en su seno a una colección de tránsfugas, encabezados por Arias Cárdenas, que le permitían al presidente burlarse diciendo que les tenía “penetrados hasta el tuétano”.

Lo cual era literal y rigurosamente cierto, pero que a los financistas de su funcionamiento en nada preocupaba; es decir, nuevamente, a los manejadores de los hilos, para quienes les era completamente ajeno el incierto destino de aquellos líderes que se exponían y se jugaban su pellejo en muchas de sus actuaciones.

Corren meses muy tensos y se llega a la instancia del paro de Diciembre, que demostró que la dirigencia opositora no tenía la menor idea acerca del manejo político de contingencias y que el gobierno estaba dispuesto a jugar tan fuerte como fuese necesario.

Pero el paro demostró también que esa herencia genética que nos revela como inmediatistas y facilistas, sigue estando muy presente.

El paro fracasó porque era realizado de manera sui generis… “yo estoy con el paro, pero tengo que abrir la tienda un rato para poder cobrar unas facturitas que tengo pendientes…” “yo estoy con el paro, pero no me voy a arriesgar a que me boten del trabajo…” “yo estoy con el paro, pero no puedo cerrar la peluqueria un día completo…”

Y la dirigencia opositora no supo, ni el momento ni la manera de suspender aquel desastre. Y permitió que absurdamente fuesen inmolados Carlos Ortega, Juan Fernández y Carlos Fernández, figuras a las que los titiriteros alentaron a dar la cara y asumir el 100 por ciento de los riesgos.

Entretanto, en medio de marchas y concentraciones carentes de contenido político y sin mejores ideas que ofrecer, la coordinadora terminó siendo organizadora de grandes “Bailangas” en plazas, autopistas y avenidas y presentadora de shows concebidos al mejor estilo de Joaquín Riviera.

Fracasa el paro y de manera sorpresiva ocurre una misteriosa reunión en la que participa Jimmy Carter. De allí en adelante, todo cambió. Como no conocemos cuál varita mágica usó el gringo para lograr una especie de armisticio, ni sus términos y alcances, esperemos que deje alguna explicación al respecto en sus memorias.

La Coordinadora languidece hasta fenecer. Pero el gobierno no dá paso alguno que pueda cambiar el descontento de aquellos millones de participantes en la traicionada gesta del 11 de Abril.

Con enorme habilidad, el gobierno logra hacer aparecer al democrático camino de las elecciones como la única opción válida para el accionar opositor.

No hay en este escrito espacio para describir la infinitud de peripepcias ocurridas en torno a la gran cantidad de procesos electorales a los cuales nos han convocado en estos 12 años.

Pero si es digno destacar que no hemos superado las desventajas evidentes que tiene la oposición con un Consejo Electoral totalmente manejado por el gobierno.

Así como también, la evidente falta de preparación de una dirigencia que en ningún sentido supo capitalizar la contundente derrota propinada al oficialismo en aquellas elecciones legislativas en las cuales más del 80% de la población manifestó NO apoyarles o rechazarles.

NO supieron cuán valioso podía resultar como “activo político”, en aquellas precisas circunstancias, el espontáneo fenómeno cívico de la “NO Participación”. A la cual, con ayuda de algunos “colaboracionistas” por cierto, el oficialismo pondría particular empeño en desprestigiar rápidamente, conscientes del enorme daño que les había causado.

La MUDITA, rumbo al 2012

Una de las cosas más importantes que he aprendido en mi ya lóngeva existencia, es a tener mucho cuidado en la escogencia de los compañeros de ruta. No hay NADA peor que la traición. No hay nada más lamentable que ese disparo recibido por la espalda en razón de impericia, tontería o mala intención.

Es por eso que frente a cada proyecto político hay que intentar conocer sus fuentes de financiamiento. Porque la actividad política NO es nada barata. Por el contrario, movilizaciones, tarimas, equipos de luz y sonido, franelas, gorras, banderines y toda la parafernalia de los actos públicos, particularmente rumbo a comicios, resultan ser CARISIMOS.

Es por tal razón que he insistido tanto en averiguar la proveniencia de los fondos que consume la Mesa de Unidad Democrática.

Confieso que allí están grandes amigos de conducta y honorabilidad incuestionables. Pero resulta que “por olfato”, por intuición y por las malas experiencias anteriores, la fulana MUD NO me termina de convencer.

Con todo y ello, decidí inventar algunos métodos exploratorios para visualizar la posibilidad real que pueda tener mi amada Patria, NO para salir del Presidente, lo cual NO es mi obsesión, sino para encontrar una ruta y conducción que nos evite esa espantosa premisa de la cual partió este escrito:

vamos camino de la ruina total, del colapso absoluto como sociedad, como país y como nación. Lo cual, para completar el silogismo, pasa necesariamente por la salida del presidente y buena parte de sus compinches.

En virtud de ello y solamente con mi esfuerzo como recurso, decidí recurrir a las maravillas de las redes sociales para intentar tomarle el pulso al acontecer.

Aclaro que, en habiendo sido experto en investigaciones de opinión píblica y llegando a ser propietario de una firma encuestadora, en la actualidad NO confío en NINGUNA de las encuestas que son difundidas con cierta sospechosa frecuencia.

Y no confío en ellas por una razón muy simple y sencilla: con la inseguridad actual, NO hay empresa encuestadora que cometa la insensatez de enviar a su personal a ciertas barriadas. Y encuesta que “NO suba cerros”, encuesta que NO es válida.

Entonces decidí montar mi propia encuesta en todos los medios a los que tengo acceso en internet. Y me sentí tristemente abrumado por los resultados.

Permitánme aclarar: nunca he tenido aspiración alguna por cargos politicos y mucho menos ahora, con mi avanzada edad y delicado estado de salud.

Pero haciendo caso omiso de lo anterior, decidí inlcuir mi nombre en la lista de opciones presidenciales, junto a los de: el actual presidente, Leopoldo López, María Corina Machado, Antonio Ledezma, Oswaldo Alvarez Paz, Henrique Capriles Radonski, Henrique Salas Feo y Manuel Rosales.

Para hacerles corto el cuento de los resultados: en todas las redes en las que requerí la encuesta, salí ganador con cifras superiores al 53%. Y fue precisamente a buena parte de esos que expresaron que respaldarían una hipotética candidatura mía a la Presidencia de la República a quienes más veces volví a molestar, para obtener una mejor vision.

Al requerir aclaratoria acerca del motivo de su selección, no solamente la confirmaron aduciendo que mi trayectoria y argumentos les parecían convincentes, sino que NINGUNA de las otras candidaturas les parecía suficientemente atractiva.

En promedio, los otros candidatos obtuvieron los siguientes porcentajes: Henrique Capriles Radonsky, 22.01%, Leopoldo López, 11.85%, Alfredo Ledezma, 7.28%, María Corina Machado, 2.10%, Oswaldo Alvarez Paz, 1,15%, Henrique Salas Feo, 0.89% y Manuel Rosales, 0.28%. El 2.09% obtenido por el candidato a la reelección NO tiene validez alguna, dado mi escaso poder de convocatoria entre el sector oficialista.

Estas encuestas tienen muy poca validez a los fines de hacer cualesquiera tipos de extrapolaciones estadísticas. No son realizadas en base a un proceso de muestreo aleatorio.

Los únicos datos ciertos son sus resultados, a la vista de todos los participantes, y que del universo total de los casi cuatro mil encuestados, aproximadamente el 80% son menores de 30 años.

Como intenté ser tan acucioso como me lo permitieran mis escasos recursos, insistí en averiguar la “consistencia” o dureza de esas intenciones de voto manifestadas.

Sorprendentemente, encontré una enorme mayoria de “votos duros”. Me explico, la mayoria de quienes dicen tener intención de votar por Capriles, dijeron no estar dispuestos a votar por ningún otro de los candidatos de esa lista. Y así ocurrió con la mayoría de los votantes y sus preferencias.

Eso me parece un indicador preocupante. ¿Cuál UNIDAD ha logrado la Mesa? ¿Con cuál candidatura UNITARIA iremos al despeñadero que puede terminar siendo los comicios 2012?

Porque quizás se le pueda ganar una elección al regimen y quizás haya medios para hacer respetar los resultados, pero tendría que ser con una candidatura que verdaderamente aglutine siquiera a un 60% de seguidores, es decir, sin un triunfo aplastante, podemos despedirnos de cualquier esperanza de cambio ni redención.

En todo caso y fiel a mis convicciones, abrí también en las redes sociales los grupos “Cuando sea Presidente”, donde intento aportar y recibir los mejores aportes para evitar esa catastrófica situación que no podemos ignorar en ninguna prospección seria.

A cada uno de los incluídos en la encuesta les envié comunicación escrita para poner a su disposición tales espacios. NINGUNO ha tenido la gentileza de siquiera responder.

En base a todo lo anterior, estimo que hay una clara oportunidad para el surgimiento exitoso de un candidato «alterno». Lo que los gringos denimonan un «outsider». Alguien que logre establecer esa conexión que podría rápidamente motivar a la enorme masa que muy equivocadamente los medios denominan «Ni Ni».

Concluyo con una afirmación contundente: SI tenemos la posibilidad cierta y los recursos para evitar la tragedia. SI podemos convertir a nuestra Venezuela en el Paraíso potencial que siempre ha sido y evitar seguir “cuesta abajo en la rodada” que puede conducirnos a un verdadero infierno.

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