Opinión Nacional

Lo que falta por hacer

Siempre hay cosas que quedan pendientes luego de una derrota electoral. Un profundo análisis de lo ocurrido es lo primero y tomar decisiones en consecuencia es el segundo paso para continuar. Lo definitivo es que el país sigue su rumbo y nosotros con él, a pesar de que haya muchos que piensen que hasta aquí llegaron las aguas del río y poco es lo que podemos avanzar con el actual gobierno en el poder. No es así, y contra todos los pronósticos que despedían la democracia si ganaba el chavismo en el reciente referendo para la enmienda constitucional, hay aún cosas que podemos y debemos hacer para recuperar los espacios perdidos que están allí esperando nuestras acciones.

En los resultados se reflejó que el Sí ganó contundentemente en las áreas rurales del país. No hay que ser politólogo para darnos cuenta que el trabajo de los partidos políticos en esos casos fue prácticamente nulo y su ausencia provocó en gran medida la debacle. Tuvimos la oportunidad de visitar algunas zonas donde esos lugares estaban tapizados por propaganda electoral del gobierno y no vimos ni un solo afiche, fotografía o banderín de ninguna otra opción. Está clarísimo que el gobierno gozaba de la ventaja que el dinero del petróleo le brinda, pero el llegar hasta esos lugares no depende de eso sino de la voluntad y el conocimiento de que estaba compitiendo para ganar. Con eso bastaba para no descuidar absolutamente ningún sitio. Adicionalmente, cubrir todo el país y no pensar que Venezuela es del tamaño de los estados más poblados ayudó a obtener la victoria que irrefutablemente logró.

Por otra parte, es igualmente más que evidente que la obtención de un millón de votos por encima del logrado en el proceso del 2D de 2008 se debió, como en aquel momento, al movimiento estudiantil. Pero sucede que en la mayoría de esas áreas de caseríos, pueblos pequeños y ciudades lejanas a las urbes más pobladas de Venezuela, no existe un movimiento estudiantil estructurado y organizado como el de la Zona Central del país, o Zulia, Mérida, Táchira, Aragua y Carabobo, por citar algunos. Ese movimiento surge en las universidades y, en sitios alejados de las zonas urbanas, sencillamente no existen instituciones que aglomeren una población significativa de estudiantes con fuerza suficiente como la que tienen los muchachos de las universidades más grandes del país.

Quizá este último factor es excusable toda vez que los jóvenes no tienen la maquinaria con que se supone los partidos políticos cuentan para mover los hilos de sus cabezas locales. Pero es una buena lección que los grupos políticos, necesarios siempre dentro de la vida democrática, deben aprender para actuar en consecuencia.

El futuro cercano nos aproxima a unas elecciones parlamentarias y la campaña debe comenzar de inmediato, sin dilaciones. Una de las cosas que el chavismo ha sabido hacer es mantener una cruzada constante de publicidad sobre sus obras. No sería mala idea que la oposición, de una vez, decantara sus candidatos para la Asamblea Nacional y abordara la lucha con la urgencia necesaria. Darse a conocer y moverse por todo el país es una prioridad si consideramos que es el pueblo quien premia o castiga al momento de emitir el voto en las urnas. Al fin de cuentas, Venezuela sigue su camino y seremos nosotros quienes determinemos qué queremos y hacia dónde nos dirigimos, tomando en cuenta que hay que ponerse las botas y empezar desde ya a resolver lo que falta por hacer.

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