Opinión Nacional

Lo que me dijo un compatriota

Hace pocos días, un señor con sus muchos años muy bien llevados se me acercó en la calle y me dijo lo siguiente: mire usted, yo nací en 1926 cuando Venezuela estaba bajo una dictadura militar –la del general Juan Vicente Gómez–, me casé en 1956 cuando Venezuela estaba bajo una dictadura militar –la del general Marcos Pérez Jiménez–, tuve mi primer hijo en 1957 cuando Venezuela seguía bajo una dictadura militar, y ahora que tengo 83 años no me quiero morir estando Venezuela bajo una dictadura militar…

Me pidió, además, que repitiera lo que me había dicho aprovechando el acceso a los medios de comunicación, y como no me dio su nombre, ahora cumplo su pedido sin poder hacerle honor a su identidad pero compartiendo su angustia y justificándola plenamente.

El suyo, es el caso característico del venezolano del siglo XX que pasó gran parte de sus primeros años, hasta ya entrada la juventud madura, en un país regido por la voluntad de un mandón y no por la soberanía de la democracia. Por eso valora la importancia de un sistema de derechos y libertades legitimado por la expresión popular, y logra darse cuenta de que lo imperante en su país es una reverberación de las antiguas dictaduras, antes que una versión desmejorada de lo que en Venezuela o en cualquier parte se entiende por gobierno democrático.

Porque de eso de trata la llamada revolución bolivarista: un retroceso histórico de enorme proporción que, más allá de la envoltura ideológica comunistona y de ciertos ropajes seudo-institucionales, ha venido retrotrayendo al Estado y a la sociedad a los tiempos vencidos de las satrapías de montonera. Involución que lejos de ser irreversible, ha permitido que el conjunto de los venezolanos valore con mayor sentido de responsabilidad la importancia de defender las conquistas democráticas.

Y el viejo caballero no sólo dijo «dictadura» sino que insistió en el apelativo «militar». Tiene toda la razón. Los generales López Contreras y Medina Angarita se despojaron del uniforme en Miraflores, literal y simbólicamente, y gobernaron como magistrados civiles. El teniente coronel retirado Chávez Frías, elegido como candidato civil, se ha empeñado en uniformarse y uniformar a las instituciones, en el más craso de los estilos cuarteleros, y actúa como un sargentón de tropa al desconocer y pretender destruir la cultura democrática de la nación venezolana.

Pero hasta en lo militar de la neo-dictadura rojilla, se aprecia el «abajamiento» que experimenta Venezuela, porque de seguro es más apropiado identificarla como militarera o militaroide. ¿O acaso el elenco de los nuevos Generales en Jefe no retrata la decadencia de la profesión castrense?

Al circunstancial amigo de 83 años le deseo larga vida y buena salud, y sobre todo que se le cumpla, más temprano que tarde, su sentida aspiración: que Venezuela sepa y pueda reconstruir su democracia. La misma que comparte la mayoría de sus compatriotas.

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