Opinión Nacional

Lo que pasa en Venezuela, ¡no importa!

Lamentablemente, lo que pasa en Venezuela nos interesa solamente a los venezolanos y, dentro de ellos, solamente a algunos. Afuera no somos nada y adentro, muchos simpatizantes y opositores, cómodos en sus viadas diarias, tampoco les importa mucho lo que sucede en el país. Dejar hacer, dejar pasar, frase vieja, es aplicable a la actitud de nuestra sociedad.

Los detenidos políticos habían sido olvidados por todos o por casi todos, hasta que se anunció la fuga del ex gobernador Eduardo Lapi, uno de los varios presos políticos del régimen bolivariano. Tras este hecho que ha traído detenciones, investigaciones, persecución en el penal y en sus alrededores, parece haberse recordado ahora que un número importante de hombres, civiles y militares, están detrás de las rejas, en procesos que se prolongan en el tiempo sin que se cumplan los requisitos o las exigencias procesales para mantener su detención.

El Cardenal Urosa a Dios gracias al fin dijo en días pasados que “…que muchos juicios a personas que tienen cierta vinculación con grupos que no siguen al gobierno se desarrollan demasiado lento, se prolongan de una manera indebida; pareciera que se les estuviera negando el debido proceso”. El Cardenal agregó que es “importante que quienes están a cargo de esos juicios tengan en cuenta que deben aplicar bien las leyes, con un gran sentido de equidad y de justicia y que no se le prolonguen excesivamente los juicios a esas personas”.

Esta declaración contrasta con la formulada por la presidente del Tribunal Supremo cuando afirma con mucha seguridad que la fuga de Lapi constituye “otro” delito del ex Gobernador. Curiosa declaración de una funcionaria que no tiene nada que ver con el caso. Más curioso aún es que afirme que se trata de “otro” delito. Entonces, sin proceso, sin decisión, el Gobernador Lapi estaba condenado. Una muestra más de la estrecha relación entre los poderes públicos y en la sumisión de todos al Ejecutivo que decide unilateralmente, sin ningún pudor, el destino de nuestro país.

No hay dudas de que estamos ante un proceso de deterioro acelerado de la situación de los derechos humanos en el país. La violación constante, generalizada, flagrante de éstos derechos de los venezolanos que osan disentir o de oponerse al “pensamiento” revolucionario que conlleva la “imposición” del socialismo del siglo XXI evidencia este triste deterioro.

Si en el país pocos recuerdan ese número de hombres injustamente detenidos, afuera nada pasa. En la OEA, su Secretario General parece seguir cuidando su cargo y dejar que se hunda el organismo y su “simbólica” Carta Interamericana que se aplicará a quien sabe quien, pues hasta se ha sugerido, Brasil incluido, que el régimen comunista y dictatorial, violador de los derechos humanos y responsable de miles de muertos, perseguidos, expulsados, desaparecidos, reingrese al sistema regional.

Al lado de ello, igualmente bochornoso, Venezuela asume, ante aplausos y sonrisas, aunque seguramente con los dientes apretados de los representantes de las “democracias” de la región, la Presidencia del Consejo Permanente, como si en el país no pasara nada, para dirigir el rumbo de la Organización.

El Representante de Venezuela, también Viceministro –situación por lo demás sui generis- declara cuando “asume” la posición un “gran apego a la democracia y los derechos humanos”. El ilustre representante dice que “la Organización debe avanzar hacia una profunda transformación conceptual e institucional. Debe prefigurar un nuevo horizonte. Ocuparse no sólo de las preocupaciones de los gobiernos, sino también reflejar el sentir de los pueblos de América que claman por justicia, igualdad, solidaridad”. Agregó Valero que “la OEA (…) debe ocuparse de atender la exigencia de los pueblos americanos “que claman por tener verdaderas democracias”. Y, que “si no logramos alcanzar democracias con justicia social, fundadas en la observancia de todos los derechos humanos, la democracia puede perecer”.

Un mensaje extraño que pareciera haber sido pronunciado por un dirigente de la oposición venezolana. Palabras propias de este fraudulento régimen revolucionario. A qué Organización, a qué Gobiernos, a qué pueblos, a qué democracia, a qué derechos humanos se refería el señor Valero. Vaya usted a saber…

Esta farsa ante representantes de otros Gobiernos no tiene parangón. Es realmente única. Lo que debemos preguntarnos es lo que verdadera y sinceramente piensan los demás representantes. Desde luego, el mexicano, el colombiano, el peruano deben estar muy claros. Los otros, probablemente también.

La situación en Venezuela solamente nos interesa a algunos de nosotros. Pero, ello no quiere decir que la desidia perdure y se eternice ante el fracaso, la corrupción y otras deformaciones de un régimen que se alejó del marco democrático hace rato.

Las fugas de los “condenados” políticos y las “reapariciones” de personajes que fueron testigos, autores intelectuales, cómplices y hasta víctimas, como el tal Vásquez, tan mencionado por el señor Fiscal, nos obligan a repensar en el país, a revisar nuestra realidad, a promover la lucha democrática contra el abuso de poder de algunos iluminados.

¡Lo que pasa en este país nos debe importar a todos!

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