Opinión Nacional

Los 5 principios

Risa o pena o ambas cosas da la lectura del último párrafo del artículo 293 de la Constitución de 1999, que versa sobre las funciones del llamado «Poder Electoral». En ese texto se consagran los principios digamos que rectores de la actuación del CNE.

El primero de ellos es la «igualdad», es decir el principio que reconoce los mismos derechos para todos los ciudadanos y para todos los «actores de procesos políticos-electorales»

El segundo es la «confiabilidad», o la fiabilidad y probabilidad del buen funcionamiento del organismo electoral. En otras palabras, que el CNE sea una institución en la que se pueda confiar.

El tercero es la «imparcialidad» que según el diccionario significa: falta de designio anticipado o de prevención en favor o en contra de personas o cosas, que permite juzgar o proceder con rectitud.

El cuarto es la «transparencia», vale decir, la calidad de lo claro, de lo que se comprende sin duda ni ambigüedad.

El quinto es la eficiencia, que no es otra cosa que la virtud y facultad para lograr un efecto determinado, siendo éste, por tratarse del CNE, de la realización de procesos electorales igualitarios, confiables, imparciales y transparentes.

Si un marciano recién llegado a Venezuela revisara la referida disposición de nuestra Carta poco Magna, entonces la aplaudiría. Pero luego de un tiempito observando las mañas de Jorge Rodríguez & compañía, no tendría más remedio que reconocer el abismo que existe entre el dicho y el hecho.

Ni siquiera el chavista más empedernido sería capaz de admitir que el actual CNE se inspira en los principios que la Constitución establece. Si es que precisamente a los partidarios de Chávez les encanta este CNE porque están seguros que juega para ellos.

Es trágico lo que acontece en Venezuela con el «Poder Electoral». Sin muchas vueltas hay que decir con Miriam Kornblith que las elecciones se están usando para debilitar la democracia. Algo perverso pero algo real.

Los principales factores políticos de oposición, sin embargo, no parecen calibrar la gravedad de la situación. Digo esto porque entre muchos de ellos, la agenda prioritaria no es la unidad sino la diferenciación.

Como si para el partido tal la posibilidad de un acuerdo con el partido cual fuera más negativa que la existencia de un régimen o proyecto de dominación en camino de aplastarlos a todos.

No hay que hacerse ilusiones con un cambio de rumbo en el denominado «Poder Electoral». Miraflores encontró la tapa del frasco en su conformación y conducta presente.

Pero sí es posible que la oposición política cambie su propio rumbo, y en vez de querellarse entre sí logre alcanzar acuerdos básicos que le den al voto un sentido de lucha y protesta. De lo contrario los 5 principios seguirán siendo motivo de risa o pena o ambas cosas.

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