Opinión Nacional

Los árboles de Juan Fernández

Lo que diré hoy por escrito era lo que quise decirle verbalmente al señor Juan Fernández, a fines de noviembre de 2002.

Le dejé de 20 a 30 mensajes durante tres días en su contestadora…Pepe Toro Hardy me consiguió el número de celular y ante mi insistencia, ya exagerada, también ante Pepe para que lograra que el líder de PDVSA me escuchara, Pepe accedió a intermediar él mismo para lograr la comunicación.

El muy amable Pepe me dijo: acabo de hablar con él y está esperando tú llamada… Marqué a los 3 segundos y de nuevo la impertérrita grabadora, repitiendo el mensaje digital del hombre para mí más importante en esos días de la oposición venezolana… es Juan Fernández, deje su mensaje… deje su mensaje…deje su mensaje.

Insistí 10 veces más y al final solo pude atinar a dejarle una mentada de madre y mi indignada protesta por su displicencia.

Juan Fernández no tenía tiempo para atender a ningún mortal común. Ya estaba endiosado, había entrado al olimpo de las inaccesibles cúpulas de los dirigentes de aquella Coordinadora Democrática de nuestras desgracias.

Ahora creo que por fin lograré que Juan Fernández lea esto porque en su anonimato, “de árbol caído”, quizás escuche a amigos suyos que le digan: un tal Frnceschi dijo cosas muy duras sobre tus árboles…

Lanzar a los petroleros a la Huelga General fue un disparate que nos costó, nada mas ni nada menos, perder la columna de sustentación social fundamental de la oposición al plan dictatorial de Chávez.

La gente de PDVSA era, de lejos, la única dirección con el prestigio para sostener, con asideros reales, una posición de fuerza.

Eran nada mas ni nada menos que los cuentadantes de la chequera del país, que el presidente quería tener y no podía.

Eran quienes todavía garantizaban que la generación del 70% del presupuesto nacional de entonces, estuviera fuera del control directo del mandamás de Sabaneta y su chulo Castro.

Los otros convocantes al paro cívico FEDECAMARAS, la CTV y TODOS los partidos de la otrora poderosa oposición, quedaron luego DERROTADOS BRUTALMENTE por toda una etapa.

Pero en el caso de los petroleros, estos fueron sencillamente LIQUIDADOS. Una cosa es derrota y otra muy distinta liquidación. Y fíjese que sólo me he referido a la gente de PDVSA como vanguardia política. Si abordara el tema con mayor ambición, tendría que referirme a las consecuencias infinitas de sus despidos, tanto para la industria y el presente y futuro del país como del colosal drama humano que desgarró tantas familias, pulverizó tantas esperanzas, cortó o frustró tantas carreras y mucho más.

Estamos hablando, señor Fernández, de árboles a los que se le pasó un caterpillar, se sacó la capa vegetal y se cubrió el sitio con cal. O si prefiere, sin ponerle cal, se construyó en el lugar, un enorme gallinero vertical.

Para su información, NUNCA nos recuperamos de la derrota y de las pérdidas originadas por el paro cívico.

Pero sobre todo el gobierno puede ufanarse de su solidez, gracias a haber liquidado a los petroleros y a haber comprado, como lote de marranos de feria, a la piara de oficiales gobierneros que deshonran las FFAA, poniéndolas bajo control del G2 cubano.

Luego de esa derrota mayor, la lucha por el Referéndum Revocatorio se dio en términos defensivos y negociados.

Se perdieron no solo las suelas de los zapatos en las marchas, que esperaban forzar al imbecil Carter y del burócrata Gaviria a que, por favor intercedieran, para que nos permitieran ir en las casi vergonzosas condiciones a un referéndum trampeado.

Yo quería decirle señor Fernández, semanas antes, que si se lanzaba la Huelga General sin preparar simultáneamente su carácter insurreccional, en los primeros días de su desarrollo, era trabajar a favor de Chávez, que nos destrozaría en una huelga pacífica indefinida.

Quería decirle señor Fernández que si uno lanza una huelga sin objetivo explicito, se arriesga a que cada quien la haga por un motivo distinto. Unos por expulsar al gobierno, otros para restituir la directiva de PDVSA, otros para animar el ambiente para recoger unas firmas que preguntarían a Chávez si quizás no era conveniente que se paseara por la hipótesis de un referéndum consultivo, otros, los mas bizarros, querían que con ese paro le apoyaran un hipotético golpe que montaba el General Medina, con su alzamiento de espectáculo en plaza pública, sacrificando centenares de oficiales activos.

Esos árboles de plástico que estorbaban la vista nunca iban a dar frutos.

La mayor lección de ese paro cívico indefinido, madre de todas nuestras derrotas, no es siquiera comparable con el desastre del carmonazo.

Ese otro dislate histórico de dirigentes improvisados como jamás vio país alguno, que enterró nuestra huelga política de abril y en particular nuestra insurrección cívica del 11, resultó un episodio trágico pero de resultados ambivalentes.

Expulsamos a Chávez del poder con la revolución del 10-11 triunfante, el doce unos aventureros resolvieron rifarse el poder entre camarillas civiles y militares. Chávez vuelve al poder pero profundamente debilitado. Su única fuerza era contar con la estupidez de la dirección opositora.

Eso fue ocho meses antes del paro de Juan. El Referéndum que se da ya en medio del proceso de recuperación de fuerzas del gobierno es año y medio después del paro suicida de diciembre 2002- enero 2003.

Teníamos ya reservado el tercer gran disparate de nuestros dirigentes. El resultado del R.R. es robado impunemente: esa es la ignominia del chavismo, la nuestra, por tercera vez, una dirección opositora disparatada y en fuga en la hora de las chiquiticas.

No le estamos pidiendo cuentas a Juan Fernández por la derrota, le estamos pidiendo cuentas por la inmolación de sus compañeros, de nuestra gente de PDVSA, por mantener un conflicto que se hacia indefinido solamente para cuidar el trasero de una dirección que debió saber retroceder y conservar el empleo de miles y miles y con ello el vigor social de la oposición, en lugar de apostar a la piratería política de: esperar a ver que pasa, seguir a ver que sucede, a mi no me toca retroceder… debo cuidar mi candidatura futura…
Las Huelgas señor Fernández uno las lanza para ganar, pero, muchas veces, incluso la mayoría de las veces, se pierde.

Semejante bolsería era lo que yo quería hablar con usted.

Le iba a preguntar si tenían un plan de contingencia, también para retroceder y hacer lo que ustedes como gerentes se suponen conocían: el control de riesgos.

Los políticos que nos formamos en la oposición durante décadas contra los gobiernos de la cuarta, siempre supimos que era inviable una línea insurreccional, porque bajo presión huelguista siempre se obtenían resultados, aunque fueran parciales, y a veces nimios.

Quienes teníamos esa experiencia sabíamos que enfrentar un gobierno como el de Chávez, sin ningún tipo de escrúpulos y dispuesto a destruirte, implicaba que el margen de negociación era aún mas estrecho.

Eso quiere decir que el conflicto debía suspenderse a partir de alguna concesión aunque fuera pequeña, o ir a la confrontación total para exigir la reivindicación máxima: la expulsión del gobierno.

Pero eso, señor Fernández, sólo podía lograrse convirtiendo la Huelga General Política, desde los primeros ocho días, en una insurrección y además por supuesto debía garantizarse, en tal evento, que ella resultase triunfante, que debíamos hacer inevitable y preparar la división de la FFAA y eventualmente estar dispuestos a presenciar conatos de guerra civil.

Pero no quiero darle la impresión que esta es una discusión de gónadas más o gónadas menos.

Le quisiera decir que se necesitan mas gónadas para retroceder en una huelga general, que se estima débil o perdida, que para impulsarla.

Se necesita mucho más testosterona u ovarios para asumir la responsabilidad de una derrota parcial, que para ser el intransigente arrechisimo.

Ese torneo trágico de la dirección opositora jugando al cuide de no aparecer cada cual como el gallina, nos metió a todos en la eterización de esta piltrafa de gobierno… y eso es bueno que usted por fin lo sepa, porque los árboles que usted quiere levantar todavía, defendiendo lo indefendible, sobre los resultados de ese paro cívico suicida, se los llevó al cipote Hugo Chávez, que si resolvió desde el principio como se juega a fondo en escenarios parecidos.

Juega a matarnos y eso lo logró contra nuestras fuerzas principales, como las de los petroleros, de las que ahora carecemos.

Ya nacerán nuevos árboles, las grandes derrotas también enseñan a quienes quieren aprender…
Aunque le parezca irrelevante quiero manifestarle mi respeto por su condición de perseguido por este gobierno, y me pongo a su disposición, asegurándole que contestaré su llamada si alguna vez quiere conversar.

Quiero incluso ofrecerle mi amistad, porque yo se distinguir, me imagino al igual que usted, entre las divergencias políticas y el valor y la calidad de las personas. Le adelanto si, que no quisiera verlo dirigiendo otra lucha contra este gobierno. Usted quedó en la lista de las personas que ya probaron suerte… a costilla nuestra, aunque nunca olvidaré que usted también resultó su propia víctima.

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