Opinión Nacional

Los Blancos Móviles

Caracas, Venezuela, 13 de Diciembre, 2002 – En Venezuela no hay verdades completas, y la palabra democracia es utilizada por oficialistas y opositores para ahogar a quienes son distintos.

Venezuela es un país de isletas políticas, donde los medios de comunicación mal o bien, no han dejado de hacer su trabajo. A los medios de comunicación venezolanos se les acusó que durante los sucesos ocurridos en el país en los días posteriores al 11 de abril hubo una total desinformación, lo cual es cierto. Cada uno ha argumentado sus razones, las cuales, seguramente tienen algo de verdad.

La objetividad absoluta no existe y la cobertura informativa irremediablemente estará permeada por el ángulo desde el cual se observan los hechos. Se tiene como una máxima la ecuanimidad de las empresas informativas y de sus trabajadores, pero en nuestro país los medios, sin duda alguna, tomaron partido en el juego político. Nadie ha respetado a nadie.

Desde el Gobierno se impulsó un lenguaje tendencioso -fue el propio Presidente Hugo Chávez quien bautizó a Globovisión como Plomovisión- y los medios se sentaron al solaz del pie dado desde el oficialismo. Aquí nadie puede hablar de imparcialidad y cada uno representa una pieza del tablero de ajedrez, juego que está trancado y cada jugador espera dar el jaque.

La violencia se ha vuelto un negocio de muchos, quienes han apuntado hacia unos nuevos blancos: periodistas y medios de comunicación. Quizás las palabras y las imágenes son incómodas porque son más letales que los gases y las balas, porque éstos tienen un efecto evanescente, mientras que las palabras y las imágenes permanecen en el tiempo y testimonian de forma fehaciente los errores cometidos por ambos bandos.

Actualmente ser periodista en Venezuela es portar un carnet de alta peligrosidad porque nos convertimos en blancos móviles, sobre todo quienes ejercen el rol de reporteros, porque en Venezuela ocurre otro fenómeno: quienes practican el periodismo de opinión, que a su vez son quienes tienen mayor tribuna pública, venden sus opiniones como verdades absolutas a radioescuchas, televidentes y lectores. Así en ocasiones, la noticia no es el hecho en sí mismo, sino quién lo dijo, sea veraz o no.

Es urgente revisar el concepto de libertad, que no es otra cosa que poder tomar decisiones personales sean políticas o no. En Venezuela hay muchos periodistas con miedo. Hay trabajadores de la información temerosos de los asesinos sueltos que se creen portadores de una razón histórica para matar o amedrentar. Pero también hay algunos periodistas que asumen el papel de víctimas que están convencidas de que existe una razón sublime para ser asesinadas o amedrentadas.

El ejercicio del periodismo en Venezuela, para la mayoría de los comunicadores, está lejos de ser un entretenimiento artificioso que disfraza de superficie los abismos y sinsentidos que imperan en nuestras cotidianidades. Para quienes dicen que «no hay un solo periodista preso» y que «ejercemos nuestra labor libremente», a continuación doy un recuento que incluye tan sólo algunas de las agresiones de las que hemos sido víctimas los periodistas venezolanos.

La semana del 8 de diciembre culminó con un cúmulo de heridos de perdigón y bala, peinillazos, piedras, botellas y golpes y de asfixiados por bombas lacrimógenas y otros gases tóxicos. Además de la ya corriente actuación de grupos civiles violentos en enfrentamientos entre oficialistas y opositores (hubo lesionados en ambos bandos), actuó con toda su pujanza un sector de la fuerza pública: un grupo del Comando Regional número 5 de la Guardia Nacional, en Caracas, y la Brigada de Acciones Especiales de la policía regional, en San Cristóbal, Táchira.

Los trabajadores de la prensa –reporteros, fotógrafos, camarógrafos y técnicos- volvieron a sufrir agresiones, pero esta vez con más saña y con el nuevo ingrediente del uso de la violencia por parte de organismos de seguridad del Estado. El martes 3 de diciembre, un efectivo del CORE 5 de la Guardia Nacional hirió con perdigones a quemarropa al fotógrafo de 2001, Fernando Malavé, sustituto de Jorge Tortoza, el reportero gráfico asesinado el 11 de abril. Ese día también fue herido de bala, como José Dávila, el técnico de la televisora CMT, lesionado con perdigonazos en la cara y el cuello, y quien la tarde de la masacre recibió un balazo de FAL en la rodilla. Además, ese día los mismos funcionarios de la GN arremetieron con peinillas contra los periodistas de televisión Rafael Fuenmayor, Luis Alfonso Fernández y Aymara Lorenzo.

La jornada siguiente fue un tanto más cruenta en el interior. En Barquisimeto, 10 reporteros fueron atacados cuando registraban la contienda entre manifestantes adeptos al gobierno y la oposición, ante la presencia incólume de la policía de Lara. El caso más grave fue el del fotógrafo del diario El Impulso, José Rodríguez, cuando el golpe de un objeto contundente en el ojo derecho lo dejó inconsciente y le hizo perder la memoria. Los otros lesionados fueron la periodista Clara Reverol, con una contusión en la frente; el camarógrafo Gustavo Escalona, con un objeto cortante en la oreja; Cristian Rodríguez, con un puntapié en el vientre; el reportero gráfico Martín Urteaga, con un perdigonazo en la pierna derecha; la periodista Iriana Brett y el camarógrafo Julio Torres con contusiones; el camarógrafo Miguel Ángel López y Yelina Torrealba. El lente de la cámara de José Barreto fue roto de una pedrada cuando la llevaba a hombros.

Al mediodía, un artefacto explosivo fue lanzado contra la sede del diario El Impulso en esa ciudad. No causó daños. Por la noche, en Maracay, estado de Aragua, 300 personas afectas al chavismo embistieron contra la sede del diario El Siglo. La arremetida impidió que el diario circulara el viernes y dejó a dos choferes heridos de bala. En la misma ciudad fue apedreada la sede del diario El Aragüeño.

Todos sabíamos que los ataques contra los medios continuarían. El discurso oficial contra la prensa se había intensificado, culpando a las televisoras, sobre todo, de promover el sabotaje y el terrorismo con su cobertura del paro. De hecho Nora Uribe, Ministra de Información, dijo en el programa radial «Aló, Presidente», transmitido el día 8 que «los medios de comunicación social tienen a las personas enfermas de disociación psicótica, por lo tanto, las personas están en pleno derecho de salir a tomar los medios». Ante esta opinión, el Presidente Chávez asentó, en gesto de aprobación.

El texto que se reproduce a continuación forma parte de un artículo escrito por Rafael Osío, jefe de redacción de la revista Primicia, donde se hace un recuento de los sucesos ocurridos en los medios de comunicación durante los últimos días:

«A medio día del 9 de diciembre, desaparecieron las patrullas de la DISIP que habían estado turnándose frente a las sedes de canales, emisoras y periódicos desde el domingo primero de diciembre (su presencia, de acuerdo a la versión oficial, correspondía a la atención a las medidas cautelares dictadas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos para proteger a los periodistas amenazados; según rumores, simplemente espiaban). Poco después, llegaron a las puertas de RCTV los primeros chavistas. En la tarde, el diputado ex masista Ismael García llamaba a todos por VTV, con gran vehemencia, a defender la revolución y a presentarse ante los medios para exigirles que no digan más mentiras y no sigan promoviendo un enfrentamiento entre los venezolanos. Corría, además, el temor de que esa noche se dictarían medidas de excepción para detener por la fuerza la huelga petrolera. Alí Rodríguez Araque, presidente de PDVSA, habló en solitario en un video, llamando al pueblo a ‘combatir’ la huelga, a presentarse en las instalaciones petroleras para defender el patrimonio nacional del ‘terrorismo'».

El chavismo concentrado en los alrededores de la sede de PDVSA, en La Campiña (noreste de Caracas), multiplicó el llamado de Ismael García y envió los contingentes.

A las 9:45 p.m, VTV transmitió un micro que ha estado repitiéndose desde entonces. En él, mujeres y niños lloran ante la cámara y declaran su ferviente amor por el Presidente. Una mujer joven de ojos claros le pide al mandatario que «por el amor que usted inspira llame a los medios de comunicación». El mensaje es de paz, de conciliación, de que los venezolanos queremos una navidad tranquila, un clima propicio para vivir y trabajar.

En ese momento, más de 200 chavistas llegaron a la planta de TVS, en Maracay, la misma ciudad donde días antes habían sido abaleadas las fachadas de los diarios El Siglo y El Aragüeño, los principales de Aragua. De la protesta pasaron a las pedradas y los disparos con cohetones y armas de fuego contra la sala de prensa. Tumbaron parte de la reja exterior y una antena, con lo que impidieron las transmisiones. Los periodistas se refugiaron en el interior del edificio y desde allí la jefa de información contó a Globovisión, que puso su voz al aire, lo que les estaba pasando.

Diputados, círculos bolivarianos y gente espontánea (incluyendo mujeres, niños y adolescentes) ejecutaban las mismas órdenes en varias ciudades del país. Creció la multitud que se había estado alimentando desde la tarde temprano frente a RCTV, en el centro de Caracas. Llegaron sendos grupos de motorizados a Venevisión, al norte, y Globovisión, un poco más al este.

Este último canal puso de inmediato cámaras en su azotea. Los primeros en llegar lo hicieron en motos y estaban encapuchados. Cantaban «¡tu, tu, tupamaro, tu, tu, tupamaro!». Insultaban al camarógrafo o gritaban los mismos exactos argumentos que había dado el Gobierno desde la masacre en Altamira, y que Chávez refrendó en la concentración de la avenida Urdaneta, el sábado, y en «Aló, Presidente», al día siguiente. Poco después arribó más gente, en su mayoría adultos jóvenes de ambos sexos; trajeron una furgoneta blanca con cornetas, que usaron también de tarima, y mucho «spray» para rayar las paredes.

Eso mismo estaba pasando en Venevisión (donde fueron vistos los diputados Iris Varela y Luis Tascón. Cilia Flores y Nicolás Maduro aparecerían más tarde en Globovisión), RCTV, el Bloque de Armas (al suroeste de Caracas, sede del diario 2001 y la televisora deportiva Meridiano TV) y el diario El Tiempo, en Puerto La Cruz. A las 10:00 p.m., se informaba desde TVS que la policía de Aragua estaba ahí pero no reprimía a los chavistas. Se reportaba desde la plaza Altamira que algunos motorizados habían pasado velozmente por allí, dando tiros al aire.

VTV seguía alentando a los suyos: a las imágenes de la protesta en La Campiña superponía un cintillo que decía «Ríos humanos defienden la Constitución por todo el país». Alguien decía, en el mismo canal: «A todas las parroquias, a todos los pueblos, que salgan a defender la revolución, Venezuela es nuestra, el petróleo es nuestro».

A las 10:10 p.m., la multitud frente a Globovisión gritaba, «¡Fascistas, dementes, mataron a su gente!» Luego, cantaron el himno nacional. El canal pedía la presencia de las autoridades para que garantizaran la seguridad del personal. Un cuarto de hora más tarde, Televen reproduce las imágenes de los chavistas frente a Venevisión y RCTV. Desde TVS, informan que los manifestantes los acusan de querer transmitir un video falso en el que se simula que Chávez estaría renunciando.

A las 10:45 p.m., dice por teléfono Didalco Bolívar, gobernador de Aragua, que los manifestantes están estimulados desde el sector oficial, y que la agresión, que está impidiendo, dice, la policía de Aragua, es inaceptable.

«Gobernadores y alcaldes», agrega, «la democracia se ejerce con los medios. Desde las 6:00 p.m. mandé a proteger los medios del estado. Esto me preocupa. La población debe estar más despierta. Estas cosas se resuelven en democracia, con votos y no con balas».

Aparentemente muy molesto, confirma que no hay heridos y reitera que lo que está pasando «no es casuístico. No me explico a qué responde esto. Con toda responsabilidad digo que yo no subordino mis principios a guardar un puesto como gobernador. La situación la vamos a controlar 100%».

VTV mostraba a un grupo caceroleando en La Pastora a favor del Gobierno. En La Campiña, la gente gritaba, «¡Que los cierren, que los cierren!». Quienes estaban frente a Globovisión pedían se dejara entrar al canal a cinco delegados para explicar ante la cámara que ellos no son violentos.

En Barquisimeto, Promar TV era rayada y abaleada. En Coro, otro grupo asediaba a Falconiana TV. En San Cristóbal, Televisora Regional del Táchira era víctima de destrozos. En Maracaibo, una turba entraba a la corresponsalía de Globovisión, donde destruyó buena parte de los equipos y el mobiliario, y logró sacar al aire la voz de un hombre que bramaba, repetidamente: «¡Vamos a acabar con esta verga, se acabó la huevonada!». En Mérida, otros violaron las cerraduras de la emisora 92.3 FM y practicaron el vandalismo contra el Palacio Episcopal.

Cerca de las 11:00 p.m., el canal oficial ofreció el texto del decreto según el cual el Ministerio de Energía y Minas asumía poderes especiales para enfrentar la huelga petrolera, como el tomar los bienes ajenos necesarios (como gandolas cisterna) para restablecer el servicio, previa promesa de devolverlos después. Un par de minutos después, el Secretario General de la OEA César Gaviria manifestó su más «enérgica condena» a los ataques e hizo un llamado apremiante a las autoridades. Mencionó el acoso a TVS y añadió que «de consumarse la toma o el saqueo de estos medios, serían hechos gravemente atentatorios contra la libertad de expresión».

Junto a él, Alberto Federico Ravell (director general de Globovisión) instó a la población a estar alertas en sus casas y prometió transmitir «hasta que Chávez lo permita». Marcel Granier, directivo de RCTV, acusó a José Vicente Rangel de haberle prometido, en la tarde, que nada de esto iba a pasar.

El Ejecutivo respondió de inmediato con una alocución del Ministro de Interior y Justicia, Diosdado Cabello, quien insistió en que todo era una conspiración, una segunda parte del golpe de abril, y que el gobierno tiene la firme disposición de combatir los focos insurrectos. Advirtió además que parte de la oposición quiere generar muertos en sus propias filas para culpar al gobierno y derrocar al presidente, y que la gente defenderá sus valores en la calle.

«Hay señores invitando a la rebelión militar con el apoyo mediático», dijo. «El Gobierno usará todos los medios legales para evitarlo. El presidente no tiene entre sus planes renunciar. Tenemos que estar muy atentos, porque están desesperados».

A las 11:15 p.m., el presidente de VTV, Jesús Romero Anselmi, dijo que compartían la petición de los otros canales de que las autoridades los protegieran «porque hemos sufrido lo mismo durante ocho días, por cuatro horas diarias». Chavistas llegaron a las puertas de Televen, con niños incluidos. Los que estaban frente a Globovisión aplaudieron la llegada de media docena de guardias nacionales.

La policía de Lara llegó a Promar TV e hizo un cordón entre los chavistas y el canal. VTV transmitió una versión más completa del llamado de Gaviria; Ravell decía que su personal estaba amenazado de muerte, que los reporteros no saldrían a la calle porque los estaban cazando como a conejos, y Granier opinó que se estaba entrando en el terreno del genocidio (poco antes, en Televen, el analista Alberto Garrido había dicho que ya que la oposición estaba desarmada, aquí no habría una guerra civil sino un genocidio político).

En VTV, Romero Anselmi exigió al gobernador de Miranda que los protegiera porque estaban disparando contra el canal en ese momento. Gaviria tuvo que volver a hablar. Dijo que el vicepresidente lo había llamado para informarle de un ataque al canal estatal y condenó también la acción. VTV no mostró nunca a nadie atacándolos (al día siguiente, enseñó cómo sacaban una bala de un barrote de la reja exterior). Testimonios de vecinos dicen que fueron los propios chavistas los que dispararon.

Esa madrugada, los chavistas fueron a El Nacional y El Universal, donde no causaron daños. Al día siguiente, volvieron a Globovisión y visitaron el diario La Voz, en Guarenas.

Para el momento en que se cierra esta nota (viernes 13 de diciembre), los medios fueron amenazados una vez más. De hecho, ayer, algunos presidentes de canales de televisión y periódicos denunciaron públicamente que sus empresas y sus empleados se encontraban en situación de riesgo y algunos decidieron desalojar los medios y dejar tan sólo al personal mínimo requerido para continuar con las operaciones.

Durante la tarde del jueves, tuvo lugar la «marcha de los periodistas». Más de 1.500 personas marcharon desde Chuao, en Caracas, hasta Las Mercedes, donde algunos periodistas, encabezados por Levy Benschimol, presidente del Colegio Nacional de Periodistas, entregaron en la sede de la OEA un documento donde exigen a la comunidad internacional que contribuya con el resguardo de quienes trabajan en los medios venezolanos.

Entretanto, la verdad sigue al trasluz de visiones e intereses y la reflexión es la oferta a futuro para quienes fueron los blancos móviles de grupos de choques, de ideales y de posturas políticas.

(*): Vicglamar Torres León, coordinadora editorial de la revista Primicia del diario El Nacional de Caracas, es frecuente colaboradora de www.libertad-prensa.org.

(**): Publicado originalmente en (%=Link(«http://www.libertad-prensa.org»,»www.libertad-prensa.org»)%)

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