Opinión Nacional

Los cambios en la Universidad Nacional Abierta de Venezuela

…las escaleras sirven para subir…
también para bajar…
¡lo importante es mantenerse en los escalones!

Hace razón de unos días, la Universidad Nacional Abierta libró su proceso de elecciones para seleccionar a las nuevas autoridades que regirán los destinos de una de las casas de Estudios Superiores que está atravesando una honda crisis de identidad y valores institucionales.

La UNA fue creada el 27 de septiembre de 1977, mediante decreto presidencial Nº 2398, de acuerdo con la Constitución de 1961 y el artículo 10 de la Ley de Universidades, que respalda el proyecto presentado ante el Consejo Nacional de Universidades por una Comisión especial seleccionada a “dedo” e inspirada en un academicismo de corte “imperialista” por excelencia. Su razón de ser en ese momento histórico fue emular los estudios a distancia de los gringos para formar profesionalmente a la militancia política de los partidos ostentadores de poder para finales de la década del 70.

El tiempo fue dándole otro sentido a sus objetivos institucionales. Asumió el “autoaprendizaje” como proceso de orientación adecuado para formar un profesional competitivo e idóneo, así mismo fortalece su condición de institución sin muros para proyectarse por todo el territorio nacional y crear las condiciones para la diversificación de los tipos y modalidades de formación en la búsqueda de modelar un recurso humano involucrado con los planes y proyectos de desarrollo del país.

En la UNA, desde la rectoría de Carrera Damas, se dieron situaciones de impulso y de consolidación en el marco de los programas de formación superior a distancia. La experiencia llevó a implementar nuevos planes de acción que proyectara los estudios a distancia hacia un cierto plano de formación presencial, dado que así lo fue requiriendo el colectivo ante la imposibilidad de recursos físicos que permitieran la inclusión de nueva tecnología en apartados lugares del país. Con las últimas gestiones rectorales esta estrategia educativa se ha vista mermada y la UNA ha caído en un letargo institucional inmenso: retraso en los procesos administrativos y académicos; selección de personal no calificado para la dirección de los Centros Locales (estructura organizativa de la UNA en las regiones de Venezuela que tienen autonomía operativa limitada y centralizada); improvisación en la utilización de las nuevas tecnologías educativas; corrupción en el manejo de pruebas de conocimiento; entre otros. En menos de diez años la UNA ha pasado de ser una institución modelo en los Estudios a Distancia, a ser un armazón de desaciertos, tráfico de influencia, pillería y “vagabundería académica” en toda la extensión de la palabra.

Esta realidad no implica que dentro de la institución UNA no prevalezca personal calificado que contra viento y marea, haya mantenido, y mantenga, espacios aún no viciados. Es probable que buena parte de ese contingente honorable de personalidades que entendieron la UNA como una institución de rigor académico con proyección competitiva a nivel nacional e internacional, hoy puedan devolverle el optimismo y la confianza perdidos en el paso de los años, bajo la dirección desorientada de “seudos-académicos”.

En un trabajo descriptivo de la realidad universitaria venezolana (“Del fraude a la estafa, La Educación en Venezuela, 1994-1999”), el profesor Orlando Albornoz, de la Universidad Central de Venezuela, expresa: “… ¿se justifica la existencia de la Universidad Nacional Abierta? Es decir, ¿se justifica que la Nación y el país sigan invirtiendo fondos públicos con una rentabilidad menor a la deseable y que sería más apropiado colocar esos fondos en otras instituciones de mayor rentabilidad institucional o puede la Nación seguir subsidiando esta discreta elegía a la mediocridad que parece ser esta institución, destinada en algún momento a desempeñar un papel fundamental en la sociedad venezolana…?”.

Estas incógnitas, respetables del profesor Albornoz, son un ejemplo de la notoria involución de la UNA como institución a finales de la década de los noventa. Proceso degenerativo que no ha cambiado, sólo que en algunos Centros Locales se ha paralizado su incidencia. La UNA, desde el punto de vista sistémico, tiene múltiples focos de “infección” y de deterioro, pero aún subsisten espacios en los cuales se ha cuidado mantener el rigor académico y el respeto a los estudiantes, ofertando calidad y confiabilidad al proceso docente y administrativo. Pero de plano la UNA está herida.

El nuevo proceso de selección de las autoridades rectorales, sin distinción a si son de un bando político o de otro, viene a inyectar en la comunidad educativa de la UNA la dosis de esperanza que anhelaba. Y es que las “camarillas” que han venido perpetuándose en la dirección de los Centros Locales a nivel nacional, no sólo han convalidado hechos nada cónsonos con la moral y ética universitaria, sino que se han encargado de promover una campaña de descrédito a la institución, no importándole caer con ella, puesto que eso sería lo mejor ante la imposibilidad de salir airosos de una Auditoría Institucional.

Las nuevas autoridades tienen que meterle la lupa a los Centros Locales; son espacios contaminados de corrupción y tráfico de influencia en el manejo del conocimiento científico. Es menester auditar académica y administrativamente la UNA, no puede seguir siendo una instancia improductiva, viciada y desdibujada del ámbito competitivo universitario. Y se tiene que hacer esto por los egresados y por el inmenso personal calificado que sigilosamente ha visto sucumbir a la UNA, dado el eterno estado de amenaza en que se han manejado las relaciones de trabajo.

Igualmente, a esas nuevas autoridades, se les invita a profundizar la propuesta de revisión curricular y actualización de los programas académicos que en su debida oportunidad el autor de estas líneas presentara ante el rectorado de la UNA; así mismo, que se revise los expedientes procesados indebidamente por parte de autoridades locales que abusando del poder conferido, manipularon y generaron matrices de opinión en contra de profesionales universitario de primera línea.

A diferencia del profesor Albornoz, pensamos en la posibilidad real de revivir las condiciones éticas y morales de una institución que ha sido vejada, traicionada, manipulada y deteriorada, por personas sin ninguna vocación académica y que, a pesar de que sus jubilaciones le den la tranquilidad de ir a sus hogares a disfrutar el advenimiento de sus actos, es necesario investigar y llegar hasta las últimas consecuencias, a efecto de reivindicar los valores sociales, culturales y educativos que le dieron vida a un sistema de estudios avanzados con elevado sentido de la competitividad y la eficiencia, a través del uso de la tecnología al servicio de la enseñanza.

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