Opinión Nacional

Los cien mil hijos de San Luis

Así lo reseña la Enciclopedia: “El pronunciamiento de Riego y la restauración liberal habían influido en Portugal, Nápoles y Piamonte, sorprendiendo a las potencias absolutistas. Por ello, viéndose «agredido», el zar de Rusia solicitó a las restantes potencias que estudiaran los medios de combatir la revolución española. Por ello, en octubre de 1820, en Troppau, las potencias absolutistas habían afirmado su derecho a intervenir en aquellos Estados en los que se hubiera alterado el considerado régimen legítimo. En octubre de 1822 se reúne el Congreso de Verona, en el que los soberanos de la Santa Alianza deciden la intervención francesa en España; un ejército francés de ciento treinta y dos mil hombres (los cien mil hijos de San Luis), mandados por el duque de Angulema, atravesó la frontera, el 7 de abril de 1823, siendo precedido por partidas absolutistas (el ejército de la Fe). Estas tropas contaron con el apoyo del clero y de los realistas, su marcha supuso un paseo militar desde los Pirineos hasta Andalucía, ya que fue un fracaso el intento del gobierno liberal de provocar un nuevo levantamiento nacional contra los franceses. Las Cortes, llevando consigo al rey, se retiraron primero a Sevilla y, posteriormente a Cádiz, con la esperanza de resistir frente al invasor. La huida comenzó el 20 de marzo; el 23 de abril reanudaban las Cortes sus sesiones en Sevilla, pero el país se perdía, traicionado por los militares y los políticos. El 11 de junio las Cortes quieren seguir huyendo a Cádiz. Ante la resistencia del monarca a acompañarles, le declaran en situación de delirio momentáneo y proceden al nombramiento de una Regencia, reanudando sus sesiones en Cádiz el 15 de junio, con muchos diputados ausentes. En la noche del 30 al 31 de agosto las tropas francesas asaltaron y tomaron el fuerte del Trocadero. Las Cortes tuvieron que negociar con su prisionero, devolviendo la soberanía a Fernando VII, quien dio un decreto generoso de perdón y olvido, «un olvido general, completo y absoluto de todo lo pasado, sin excepción alguna»; sin embargo, al día siguiente, 1 de octubre de 1823, ya en libertad, dio otro decreto de signo contrario, con el que se inicia una vuelta a la represión política y a la restauración del absolutismo, significando de facto un retorno a la situación existente en marzo de 1820. Riego, representante máximo del revolucionarismo, será ahorcado el 7 de noviembre de 1823 en la Plaza de la Cebada de Madrid.”

Estos ciento treinta mil soldados eran tan igualmente franceses como los que, luego de Bayona, habían ocupado España al mando del general Joaquín Murat. La única diferencia era que entonces, en 1808, traían en sus mochilas el pensamiento liberal, mientras que ahora defendían al absolutismo. El pueblo y muy especialmente, el pueblo llano, es conservador. El liberalismo burgués antepone la libertad en todos los órdenes y, muy especialmente, la de empresa a la seguridad. El pueblo llano, inculto, busca seguridad tanto ahora como en el más allá. Por eso es presa fácil del clérigo fundamentalista, como ocurre hoy entre los musulmanes. En cambio, en el occidente subdesarrollado, el clero católico, ortodoxo o protestante ha dejado atrás el primitivismo y cedido el espacio de la política al seglar. El clero sólo se ocupa del más allá, de la conciencia, de las virtudes y ha dejado abierto el espacio a los políticos para su relación cotidiana con el pueblo. Fue una lucha de siglos comenzada en los albores del Sacro Imperio Romano Germánico y finalmente terminada durante las cruentas guerras de religión. Pero mientras en los países avanzados, el político se dedicó a lograr la seguridad que beneficiara a todos dentro de la concepción burguesa del desarrollo, en los más atrasados, el político sólo sustituyó al clero primitivo en su afán de prometer una vida de bienestar que asegurara su fidelidad. Así nació el populismo.

Cien mil AK-47

Hugo Chávez no tiene nada de bruto. El gran error de sus opositores es creerlo. El presidente ha concebido un plan, pero también conoce los límites que la realidad internacional le impone. Andan muy equivocados quienes creen que los cien mil fusiles rusos que ha adquirido Venezuela van a ir a parar a manos de los distintos movimientos guerrilleros del continente. Donald Rumsfeld está errado. Chávez sabe que la expulsión de Cuba de la Organización de Estado Americanos ocurrió por su afán en exportar su revolución armada, lo cual se consideró una agresión dentro del concepto puesto en boga por la Organización de las Naciones Unidas. Lo cual no es lo mismo que la retórica o el apoyo financiero a movimientos de izquierda.

¿Qué busca Chávez entonces con la compra de los cien mil AK-47? Primero, demostrar en una forma práctica su independencia de Occidente y, muy en especial, de Estados Unidos. Resulta, además, poco costoso. Cien mil Kalachnikof del modelo viejo no pueden costar más de 30 millones de dólares. Sin embargo, esta nueva declaración de autonomía no es lo que verdaderamente le importa.

No lo es tampoco, como lo han expresado varios portavoces de la oposición, que con las reservas de la Fuerza Armada intente formar una especie de milicia revolucionaria. El ejemplo de los batallones de asalto del partido nazi es muestra patente de la inconveniencia de las milicias revolucionarias, que tienden a creerse dueñas del poder y a intentar actuar por cuenta propia. La noche de los cuchillos largos puso fin al devaneo. Como lo han puesto de manifiesto Lenin, Stalin, Mao o Fidel, si las revoluciones han de tener cuerpos armados, éstos mejor se disciplinan bajo la persona del ministro del Interior. Así fue en la Unión Soviética, en la Alemania nazi, en la Italia fascista y aún en la España de Francisco Franco.

La América latina se siente más cercana en sus concepciones a Europa que a los Estados anglosajones. Por eso le cuesta tanto aceptar el liberalismo capitalista. Esa similitud la lleva en muchos ámbitos por el mismo camino trillado por la Europa continental. De ahí que en Venezuela se desee separar la labor policial de la función militar, alejando a la Guardia Nacional de la función para la que la creo Eleazar López Contreras y convertirla en las Fuerzas Armadas de Cooperación que ideó Marcos Pérez Jiménez.

Una idea de lo que podría ser en nuestro país la Policía Nacional nos la puede dar un paseo por la página de Internet de la Policía Nacional francesa. Pues en Francia cohabitan una Policía Nacional dirigida por el Ministerio del Interior y una Gendarmería Nacional a las órdenes del Ministerio de la Defensa.

El orden público

Si bien ningún gobierno revolucionario no ha ofrecido jamás seguridad jurídica, por cuanto la ley siempre queda sujeta a las necesidades de la Revolución, todo gobierno y más uno revolucionario, sabe que su influencia política se mantiene solamente mientras asegure la paz interior y el bienestar social. Las grandes concentraciones urbanas de hoy hacen necesario contar con una fuerte presencia policial que asegure la tranquilidad ciudadana e impida la proliferación del crimen, pero ante todo que los habitantes de las barriadas populares asocien con la Revolución.

“Orden, paz y trabajo” fue el lema fundamental del general Juan Vicente Gómez. Aunque la paz la hizo posible realmente la riqueza petrolera, las dictaduras siempre gozaron del favor popular debido a su asociación con la tranquilidad interior. Esto, Chávez lo sabe. Por tanto, si desea continuar en el poder, resulta perentorio reducir los índices de criminalidad, demasiado altos para la continuada paz de la República. Para el proceso, una Policía Nacional es imprescindible.

(*): Santiago Ochoa Antich es diplomático de carrera, historiador, politólogo y periodista. Fue Embajador de Venezuela en Austria, Canadá, Jamaica, Paraguay, San Vicente y las Granadinas, El Salvador y Barbados.

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